domingo, enero 03, 2021

Ya de vuelta a casa.

 


El mundo ha dado unas cuantas vueltas desde el 24 de diciembre, que salimos, hasta hoy 03 de enero. Iniciamos un nuevo año y aun nos hacen faltas aquellas sonrisas, aquellas miradas que iluminaban nuestro horizonte, los abrazos no disfrutados, los besos que no dimos. El 2020, en definitiva, fue un año muy complejo, puede decirse que hasta caótico pero en lo personal fue nutritivo, me dio nuevas herramientas, nuevas experiencias y maneras distintas para verme en el espejo. Me ayudó a crecer que, a final de cuentas, es lo más importante en la vida.

 

¿Qué espero, qué deseo del 2021? En primer lugar salud para todos mis afectos, una mayor oportunidad para verme en muchas miradas -y si es con brillitos nuevos, mejor-, estrenar bonitos instantes, aprender, comprender y ser un poquito mejor.

 

Y todo ello quiero disfrutarlo con ustedes, contigo…

 

Gracias por ser, estar, existir y perfumarme la vida.

jueves, diciembre 24, 2020

Pintar la casa...

 Por nuestra cultura “occidental y cristiana” diciembre se viste de esperanza y cuando éramos niños contábamos, ansiosos, los días para la llegada de la navidad. Era ver que en la sala se vestía de arbolito, de nacimiento -pesebre o belén, según el país-, mientras nuestras madres y abuelas luchaban por elaborar la comida del 24 o pensar qué se iba a estrenar el 31 de diciembre. Eso sí, pintar la casa era un mandato tácito y ya desde meses se decidía si era pertinente colocar el mismo color o cambiarlo.

 

Pintar la casa.

 

En mi país el 24 de diciembre tiene el sabor de hallacas, pan de jamón, ensalada de gallina, pernil, dulce de lechosa y, sin duda, música. Es recordar a Richie Ray con su “Jala jala”, cuando yo tenía 4 años, Julio Jaramillo con su “Campanitas”, el inevitable Tony Camargo torturándonos para creer que “yo no olvido el año viejo”, mientras José Luis Rodríguez, con La Billo’s y antes de ser “El Puma”, nos seducía a que “Cantemos con alegría”, eso sin olvidar que Nelson Zavarse le diera por grabar, allá en 1963, año de mi nacimiento, “Faltan Cinco pa' las Doce”. ¿Y dónde ponemos a José Feliciano cantando “Feliz navidad”, sin cortarnos las venas?

 

Gaitas y aguinaldos.

 

Esto es meterse en aguas profundas y terriblemente peligrosas. Desde Lila Morillo cantando con los Cardenales del Éxito -Garagarufa- inolvidable es aquella portada “La soberana en gaita” disfrazada de Virgen de Coromoto sin el niñito en sus manos, según mi mirada infantil. Recuerdo a ver Los Tucusitos en aquel CVTV, cantar las recopilaciones del maestro Vicente Emilio Sojo -Entre otras Cantemos, cantemos”, “De contento” o “La jornada” que todo el mundo llama “Din, din, din”-. Era escuchar a Joselo y Simón en aquellas producciones de Hugo Blanco. La voz Nancy Ramos, a La Verde Clarita, El Quinteto Contrapunto, a María Teresa Chacín, a El Orfeón Universitario de la UCV con su “Toma lo que te ofrecí”, el Negrito fullero de Daniel Alvarado y, es inevitable, Guaco.

 

Para los más jóvenes seguramente tendrán otros referentes, otros sabores, otros olores, otras tradiciones y otros entrañables recuerdos. Pero esa es la navidad, el fin de año que yo recuerdo y que se me diluye como una gota de agua en el océano. Se supone que eso será vivir.

 

Y aquí, a mis 57 años sólo me queda sentarme a recordar aquellos tiempos idos donde estaban personas que ya no están, lugares que desaparecieron, sonrisas que se quedaron allá, rumores que se apagaron, pasos de bailes que se congelaron y se transformaron en un simple gesto. Sólo me queda sonreír pues me quedan todos esos momentos, muy dentro de mí, todos ellos son mi tesoro, son "las monedas de chocolate que atesoso secretamente debajo de la almohada de mi niñez". Gracias mil al increíble Aquiles Nazoa estés donde quieras estar.

 

“Termina diciembre, otra vuelta del trompo del tiempo” y hacemos promesas, y haremos promesas, y le vuelvo a robar los versos a la canción de Henry Martínez pues eso es diciembre, un constante “Haremos promesas”, la idea es, después de tanta vueltas, “lograr pintar la casa de nuestra vidas”. Me pregunto, y te pregunto: ¿De qué color pintaremos la casa de nuestras vidas?

 

Una vez Antonio Gala dijo lo de: Somos una centella que cruza el anchísimo pecho de la noche, de repente, y va de la oscuridad a otra oscuridad. ¿Por qué no brillar mientras dure el brillo y ser estrella?

 

Te deseo una hermosa navidad, llena de esperanza, de bonitos sueños, de maravillosas promesas y un nuevo año para que, como gran cuaderno de páginas blancas, lo llenes de lo que desees escribir, construir, crear para ti y para todos tus afectos.

 

Ginebra, 24 de diciembre 2020.

domingo, noviembre 22, 2020

La vida y sus cosas...

Tengo la gran suerte en tener amigos que me hacen realidad mis sueños aun no soñados. Amigos que me regalan sus mejores carcajadas, los que me dicen: “Hola Dieguito”, me subliman y me hace ver que la vida es maravillosa.

 

Hoy, 21 de noviembre, de hace un año que sin beberlo, sin buscarlo y ni soñarlo mostraba algunas de mis fotografías en una exposición de fotos bajo el manto de los 500 años de la fundación de La Habana y en la casa Simón Bolívar.

 

Todo comenzó un año antes, el 09 de febrero del 2018, donde un proyecto personal de mi amiga Linda D’Ambrosio que junto Kodiak Agüero, Renzo Pineda me diseñaron una exposición en Madrid con el nombre de “Son de La Habana”. También tuvo, en la distancia, una participación Alexis Trujillo desde Venezuela. Ellos todos junto con Fermín Valladares, y arropado por mis amigos de Madrid, me regalaron miles de brillos nuevos en mis ojos.

 

Pensé que todo quedaba allí y mi eterna gratitud.

 

Pero…

 

Un día, en La Habana, casi un año después, le comenté a Ileana Ríos sobre esa exposición y ella me dijo: “Puedo ver el material” y se lo dejé como quién muestra, pero con mucho pudor, sus medallas. Luego, y desde una distancia de unos 8000 kilómetros, ella me dice: “Éste material está buenísimo para los 500 años de La Habana, estarías interesado en mostrarlo” y con cara de asombro, sabiendo que era una quimera le respondí, casi sin pensar, un “sí, por qué no?” y un pelota para mí.

 

Al volver a La Habana, dos meses después, y con absoluto asombro de mi parte, ya tenía productora, una increíble Niurka Avilés, y una curadora de cuento, Sandra García. Mi aporte, el cual tuve claro desde el principio, era el nombre “Doña Coqueta”, así era como yo llamaba a Carmen Victoria Pérez que antes tuvo el mal gusto de irse, unos meses antes, dejándome huérfano de sus carcajadas.

 


Luego, de forma casi mágica, llegaron al proyecto aportando su sapiencia Duvier Del Dago, Gabriel Caballero y hasta una Mayra Licea que le hice recorrer, el día de la exposición, media Habana con un machete en la mano.

 

La lista de gente amiga es enorme: Ramsés, Julio, Carlos, Mario, Yani, Rey, Yasiel, todo el personal de la Casa Simón Bolívar en la presencia de su director Álvaro Verdes -su cara a la hora de cortar la cinta, fue, para mí, un regalo de la vida-, la gente de Biky que hicieron el instante como de ellos. Gracias mil a todos mis amigos músicos, actores, cantantes, productores que siempre están allí.

 

Lo dicho, tengo amigos que hacen realidad los sueños que no he soñado. Ellos los fabrican, los construyen, los preparan, los hacen realidad.

 

Aquel día leí un texto que comenzaba así: “Algo bonito. La vida, no es nada, sin algo bonito”. Y lo certifico.

 

Y concluí:

 

“Agradecimientos. Todos. Y si he de nombrar a una persona. Esa eres tu Maruja. En ti se concentra todo lo bello y hermoso que hay en La Habana. Si se hace una encuesta entre los presentes, podría asegurar que todos te conocen o conocen a alguien que te conoce. Tú eres “Mi sonrisa de La Habana” y en ti les doy las gracias a todos mis amigos. Mis locos maravillosos. Gracias por estar, ser y existir, gracias por perfumarnos la vida.”