miércoles, mayo 27, 2009

La Noche de los Valientes:

Grupo meco

Parte de mi ciclo básico común -de 1ro a 2do años- fue, sencillamente, desastroso…, ni siquiera se podría definir como malo. Fue completamente y absolutamente tétrico. Tan asqueroso fue ese ciclo que la dirección del colegio decidió, que si yo me apartara, aunque fuera una micra, de lo salesianamente era correcto, desde el punto de vista académico, cursando el 3er año, saldría del colegio para nunca más volver. Ni les cuento el efecto en mi familia, esa es otra historia y, compréndanme, no viene a cuento.


Lo cierto que todo ello tuvo su efecto.


Les cuento. Después de una hemorragia dolorosa de 01, 03, 05, 08 se escuchó, por fin, un 10 y con el consecuente suspiro largo de los contados sobrevivientes, nos mirábamos como si fuéramos bendecidos por un extraño dios menor. Luego de unos cuantos 10, de un 13 quedaban dos alumnos sin sus respectivos resultados. Juan Carlos C. y yo. Nuestras caras eran las naturales. “Del deber cumplido”, la de él y yo con la mía de “Y dónde está mi examen?”


“Juan Carlos, 16 puntos”. Silencio teatral y de repente logré -con la cara de estupor de mis compañeros- oír, en la particular voz de Heberto Arias -QEPD-, un 20 en el primer examen de química. 20 puntos. Mi primer 20. En la vida todo es posible, todo depende de la motivación y, por supuesto, de las ganas. La anécdota es parte de mis recuerdos más queridos.


En octubre, del año del señor 1977, se iniciaba un época importante en la vida de muchos de nosotros, un cuarto año “B”. Crisis total para muchos de nosotros, siempre éramos la sección “A” y de repente pasamos ser la “B”.


La siempre eterna dirección del colegio decidió unir los 2 terceros años, del periodo escolar 76-77, y hacer una larga lista de alumnos y partir la lista por la mitad confeccionando los 2 cuartos años. 4to “A” comenzando con la letra A y 4to “B” desde la letra J.


Muchas sorpresas nacieron de ese 4to año “B”. Entre las mejores, y absolutamente maravillosas, fue la presencia de José Maximiliano P. como compañero de aula. Él, y por tu titánico esfuerzo, fue quién, después de unos años de su extraña mudez, resucitó el sonido de la Banda del colegio. Volvieron a resplandecer bajo el sol de mi Valencia los metales de las trompetas, de las liras, la ronca voz de los tambores, el estruendo del bombo, la sonrisa de los redoblantes…


También ese 4to año, como profesor de Literatura y Consejero, nos regaló al padre José Luis. Él llegó con ese aire fresco que jugaba entre las columnatas verdes del Colegio y su Tormenta Tropical en medio de tanta sotana caduca. También a Padre Adrián, director desde hacía un año, como profesor de química y, sobre todo, con su fina y maravillosa ironía. También nos regaló a Oscar S. y a Javier Tobón -QEPD, cómo olvidar su sonrisa?-


Terminaba el año 1977 y, era inevitable, llegó Star Wars al cine Alfa y, con la película, la versión de grupo Meco del tema de Star Wars a nuestras vidas. También llegó el mes de marzo de 1978, y luego de unas jornadas de “Retiro espiritual” en San Antonio de los Saltos, del cual salimos vuelto locos -en el buen sentido de la palabra-, nada volvió a ser lo mismo en el colegio. Se nos sembró semillas que germinaron de forma distinta, cada quien a su aire, pero germinaron y de qué manera. Un inusitado “Pentecostés” en donde hablaban hasta las piedras y hacían florecer a los olvidados rastrojos. La primavera de la adolescencia, Barabarella -la superdisco-, la visita diaria al Colegio El Pilar, frente a la Iglesia La Pastora. El efecto de las faldas verdes en la mente de nosotros era inevitable.


Siempre me ha gustado bailar y, aunque no sea lo más humilde, no se me da nada mal. Les comentaba que era un año de cambios y entre tantos cambios se me ocurrió -qué riñones tuve yo- hacer una coreografía con la música de Star Wars. Presentar un ballet en un colegio de sólo hombres. Sisma en todo el sentido de la palabra. Era explicable. Lo cierto que se me ocurrió llevar semejante cosa como la participación de 4to año “B” en el acto cultural en honor a nuestras madres.


No fue fácil. En primer lugar fue buscar los que me acompañarían en tan inusitada tarea y soportar las críticas -las hubo y muchas- de los machistas italianos de la sección “B”. Los primeros que me secundaron en mi absurda idea, aunque reticentes, fueron Nader N. y Luis Eduardo P. Después llegaron José Orlando R, Sergio Ramón P. y Juan Nicolás Q. Todos ellos con unas dotes que ni John Travolta. Nunca en mi vida he visto tanta algarabía de pies izquierdos sordos, monumentales campanas de trapo, cinturas de cemento -casi de hormigón-, una movilidad de placas tectónicas y severos, increíbles, problemas con el ritmo…, pero con mucha buena intención, ganas. Y sabían, por lo menos, contar del uno al ocho.


Los ensayos comenzaron en abril bajo la tutela de Oscar S. y de la cara de “Dios dónde me metí” de Javier Tobón. Lo primero era escuchar las música, hacerle un guión aceptable, estructurar la coreografía, enseñarle los pasos básicos a mis maravillosos bailarines -aquel un, dos, tres y cuatro- y cuando casi estábamos por tirar la toalla apareció por la puerta Carlos Leonardo P. El único, con algún sentido de la rítmica en eso del baile.


Javier Tobón fue quién una tarde no aguantó y, curándose en salud, nos dijo que debíamos buscar una mujer entre tanto hombre para esa coreografía. Y tuvimos dos, a Dios gracias. María, la hermana del aquel escultural Sergio P., y la hermana de Carlos P. -no recuerdo su nombre, mi memoria no es muy buena-.


Luego la confección de los trajes, las mascaras de cartón, aquellas medias pantys. Era vernos con medias pantys blancas y después morir. Los arduos ensayos de la lucha con aquellas pesadas espadas de hierro -más de una vez Carlos y yo les sacábamos chispas-


Y allí estábamos. Luis Eduardo -debido a sus fantásticas dotes para la danza- sacrificado a ser un tieso robot, completamente galvanizado en un traje plata. Juan, Sergio, Nader, José formando el grupo 1001, por sus figuras -un palillo, dos globitos, un palillo-. Carlos y su hermana vestidos de negro -Carlos se presentó con su casco de moto trasfigurado en un magnífico trabajo de artesanía-, María con tu albo traje y yo con aquella pesada capa, que me prestó Padre José Luis, para evitar que yo bailara mucho.


Y triunfamos, la verdad que triunfamos.


Esa noche fue nuestra. Era un orgullo saber que el entonces Padre Lucas se volvió loco a punta de tomar cualquier cantidad de fotos. Era el ser felicitados por los miembros de 4to “A”, todos ellos Olimpicos dioses, nuestros absurdos “enemigos” de aquella noche, era ver llegar a Oscar S., con su pierna jodida, brincar de alegría, era sentir los abrazos de Javier loco de contento y hasta el Padre José Luis estrenó brillo en los ojos. Era escuchar en los recreos, días después, la música que el padre Adrian colocaba -Star Wars en su versión original y a todo volumen-. Era ver luego a Carlos Leonardo P. deslumbrar, con su patineta, aquel 24 de mayo de 1978, a medio colegio.


Era sentirme importante cuando José Maximiliano P. me consultó si yo tenía algo preparado para el día de María Auxiliadora, de ese mismo mes, para coordinarlo. Era la presentación oficial de La Banda y yo le respondí: “Para nada…, La Banda es más importante y no soy quién para quitarle protagonismo”. Ya saben la adolescencia, la fatua vanidad y las enormes ganas de protagonismo -todos hemos buscado nuestro particular momento de gloria. Si no, espero ver quién tira la primera piedra?-.


Lo cierto, amigos míos, que pasaran los años y las palabras, el olvido quizás anidará en nuestra memoria alimentándose de nuestros recuerdos. Puede ser que algunos ni se acuerdan de esos momentos. Algunos ya no tenemos cabello, otros tenemos un barrigón de película, orgullosas papadas, colecciones de arrugas, algunos divorciados y hasta viudos…


Pasaran los días, los años, y de ello hace 31 años, pero jamás lograran que yo les olvide.


Gracias por estar y por ser.



Todo lo mejor para Ustedes.




viernes, abril 24, 2009

Yo y..., mis maravillosas ideas!!!


Ryogen-in

Hace casi un mes se me ocurrió la genial idea, luego de leer la revista de El País un reportaje sobre las 100 canciones que han influenciado la vida de cien cantantes hispanoamericanos, escribirles a mis amigos un email en donde les demandaba, yo y mis cosas, una lista de las cinco canciones que, de una u otra forma, han influenciado o/y marcado sus vidas.


Presuntuoso yo con semejante email y sin saberlo la cosa se me convirtió en un Boomerang que se me ha incrustado en el cogote. Mis amigos, se han comportado a la altura de las circunstancias y me han enviado sus respectivas crónicas -entre otros, La chica de Miami, la de nombre de joya, se me explayó, para mi absoluto placer, con un brevísimo, y contundente, email de 3 páginas- de los últimos ochenta años. Canciones que van desde una Libertad Lamarque cantando con Carlos Gardel a lo último de la Beyoncé.


Claro, y con toda razón, mis amigos me demandan mis cinco canciones. Y quién me manda ponerme a pedir esas vainas. Un autogol desde la media cancha.


Hoy, ya era hora, decidí desempolvar mis dedos y ponerme en la tarea de ponerme al día con este rincón. También la excusa es válida como para hacerlo. Pero vamos por parte.


Nací en Valencia, pero mis primeros 13 años los viví en casa de mis abuelos maternos, en un pueblecito con ínfulas de Urbanización y de nombre rimbombante: José Rafael Pocaterra… Tierra era lo que abundaba y “poca terra” era un mal chiste, sus calles eran de tierra, de la roja, y en la temporada de lluvia todo se convertía en una parodia de Macondo. En 1971 llegó una baba negra, caliente y maloliente cubriendo sus calles. Después de enfriarse, y perder su pestilente olor, las calles se adornaron de brillantes líneas blancas y se hizo realidad el progreso. Cosa que no duró mucho, la maravillosa planificación del MOP -Ministerio de Obras Públicas de entonces- recordó, cómo quién no quiere la cosa, que las cloacas no estaban colocadas -me siguen?-, y un buen día abrieron las tripas de las calles. Al terminar con las cloacas…, y llenar las calles de cicatrices, la CANTV le dio por colocar las redes telefónicas y, adivinen, volvieron abrir las ya cicatrizadas calles de mi pueblo. De ello han pasado unos cuantos diluvios de hojas amarillas y las cosas nunca cambian. Macondo..., pue!


Mi infancia fue bucólica, de lo más sesentona y setentona. Idas al colegio en la mañana, el ma-me-mi-mo-mu respectivo. Despertándome, todos los días, con Radio Rumbos. Llenando mis tardes con batallas eternas, entre las matas del patio, enorme, de mis abuelos -indios y vaqueros-, soportar el espantoso olor de la guanábana por todos los lugares y esperando, salivando al límite, los primeros mangos. Asistir a las fiestas, de todos los sábados, en la casa de los Meleán -todo unos personajes en la cuadra-, las piñatas, bautizos, cumpleaños, matrimonios y mi primer muerto en cuerpo presente, Toñito, un bebe de quince años que se fue víctima de una diabetes…, aún recuerdo la cara de la Señora Ricarda -la madre- desolada, con los ojos perdidos en sus pensamientos. A Nilda, llegar del liceo, y enterarse de la muerte de su hermano. Al señor Antonio, el padre, completamente triste y murmurando la pregunta sin respuesta: Por qué?.


En ese momento entendí cómo la cuadra era una familia, una familia extraña…, como todas las familias. En ese momento el silencio se hizo presente, casi palpable, pesado y duro. La radio se quedó muda y la televisión también. Cuando llegó la normalidad a la cuadra, después del luto respectivo, volvió a ser el reino de la radio. Cada casa tenía su radio encendido, todo el día. En la noche era el imperio de la televisión…, pero esa es otra historia.


En fin, regresemos.


La radio estaba también en la Barbería de Michelle, un italiano que trasquiló a media urbanización, también estaba en la bodega de la Señora Fátima, una portuguesa con cara de porcelana, y era atendida por turnos con su hermano Faustino. La música tomaba cuerpo, y qué cuerpo, en el bar que estaba a un lado de la Bomba El Retoño -o se llamaba Bella Vista?-, bar completamente prohibido a cualquier dama decente. El bar era el característico botiquín a orillas de la carretera, carretera que se perdía por los llanos centrales, por la parte occidental del país. Carretera que llegaba más allá de los andes –cosa que supe después-.


Desde niño he recordado cualquier cantidad de canciones, piezas musicales, sonidos. Mucho antes de aquel: “Al árbol debemos…” aprendido en la escuela, mi cerebro se ha llenado de música e imágenes que complementan esos sonidos. En definitiva ese mocoso de rodillas vueltas garabato entendería lo que debía entenderse escuchando aquellas canciones


Durante años me persiguió una frase de una canción que escuché en la casa de Don Antonio Meleán, en una de sus fiestotas, en dónde él quién es quién de la cuadra se hacía patente. Como sé que la vida se encarga de darte, en su momento adecuado, lo que necesitas…, pues hace unos tres años descubrí de quién era esa canción y QUIÉN la cantaba.


Pues, era nada más y nada menos que Carmen Sevilla, la canción: Cariño Trianero. Aún la carcajada me inunda al escribir esto. “Con la pluma de una gallina y la tinta de una calamar tú me escribes por las esquinas que estás sufriendo cada vez más…”, pero, y no es por justificarme, era un niño. Era el reino de Juan Legido y Los Churumbeles de España, Lola Flores y…, Carmen Sevilla.


Me es imposible no pensar en la música y los cantantes, la música y los personajes. Me es imposible no recordar a Nilda martirizar a Elio Roca -ella se volvía como loca gritando lo de “Cómo deseo ser tu amor” día y noche-, a los Ángeles Negros, y marchitarle, a punta de desafinación constante, a Leonardo Fabio, su “Yo corté una flor…”. Era soñar mundos posibles en las voces de Blanca Rosa Gil, Carmen Delia Depini, Nelson Ned- Y a Sandro…, cómo olvidarlo y ver cómo las chicas de la cuadra se volvían frenéticas con sus caderas. Cómo no evocar las lágrimas de mi abuela “La Filósofa” por la muerte prematura de Cherry Navarro.


A Bertha, mientras planchaba, escuchar su dosis de cantantes mexicanos en oferta. Los Panchos, Pedro Vargas, Jorge Negrete, Don Pedro Infante y ponerse a bailar, entre las camisas, a punta de Pérez Prado y las orquestas latinas llenas de merengue, vallenatos, algún danzón dulzón, merecumbé, cumbia, la gaita -nada es perfecto-, un tango perdido, chachachá y salsa, mucha salsa. El arsenal nacional de la guaracha estaba también presente cuando Radio América dejaba salir “Me lo coló Billo’s” con las voces de Cheo García y Memo Morales, Los Melódicos con su irrepetible Manolo Monterrey o Víctor Piñero, Verónica Rey. Escuchar a la reina Celia Cruz, a la picante Emilita Dago, la Cuba de "La Sonora" y sus increíbles cantantes…


Los boleros. Chucho Avellanet fue quién me trajo las canciones de María Grever y un brillito extraño en la mirada de la hermana menor de mi madre. Luego, descubrí, en la casa de Helena Mendoza, el diluvio lagrimal con Lucho Gatica con los recuerdos de mi abuelo y sus primos que veían de Caracas con su arsenal de discos . Era el imperio absoluto de las canciones de Agustín Lara, de Barbarito Diez, de Rolando Laserie, de la voz profundísima de Toña La Negra, de Nelson Pinedo, de Estela Raval -con los Cinco Latinos-, de la Mona Bell, de Beny Moré y del escándalo alusinante -sí..., con S de sensacional y sublime- de La Lupe. Al mismo tiempo conocí a los cantantes italianos, cantando en castellano, con sus Nicola Di Bari, Mina, Pepino di Capri, Gabriela Ferri. El francés raspante de Aznavour, la melancolía hiriente de Piaf o la crudeza de Brel y mi madre suspirando. Y “Jala, Jala” de Ricky Ray aún me hace bailar. Éramos completamente y totalmente eclécticos.


Los hippis. La era de la NASA, y todos sus Apolos, abrió, por lo menos en aquel pueblo, un hambre de lo gringo. La hija de la Señora Virginia le dio por cantar en inglés y pasó de un Leo Dan, de un Piero, de un Marco Antonio Muñiz, de un Luisito Rey, de un César Acosta a un “anilluuu, anilluuuu, anilluuuuuuUUuu…” constante. Los Beatles llegaron al pueblo.


En las fiestas de Don Meleán se escuchaba un: “I like to be in America! O.K. by me in America! Ev'rything free in America.” Junto con un “Qué vaina es esa?” de los adoradores de Leo Marini, Daniel Santos y sus respectivos etcéteras. Cómo olvidar a Julio Iglesias, Juan Pardo, José José, La Formula Quinta, Los Terricolas, Las M nacionales -Mirla, Mirtha, Mirna, Mayra-, Los Cuñaos, Lila Morillo -infaltable en una lista así-, José Luis Rodríguez -antes y después de ser El Puma-, Ivo, Edgar Alexander, Trino Mora, Raquelita Castaños, Tania, Delia, Nancy Ramos, Los Tres Tristes Tigres, Azúcar, Cacao y Leche, Los Camilo Sesto, Nino Bravo, Cecilia, Peret. El Indio Araucano, Palito Ortega, Lola Beltrán, Rocío Durcal y Enrique Guzmán…


Mi curso ranchero y arrabalero, de esos que te abren las venas lo cursé camino al colegio Don Bosco de mi Valencia natal. Cómo no perderse con Noel Petro, Las Hermanitas Calles, los coraleros de Majagual Claudia de Colombia, Julio Jaramillo y el bolero ranchero de Javier Solís.


Comenzó mi adolescencia, para terminar en aquellos los brazos, en la calle El Bosque, mirando amaneceres y escuchando, con cara de estúpido total, a Barry Manilow desgranar “Even now”, pues ya sabes “Could it be magic”. Y en todo eso, entre sábanas “Close to you” respondía Karen Carpenter y yo le creía. Vainas de la juventud mientras afuera el Disco Music hacía de las suyas.


Ya Willy Colón y Rubén Blades eran cotidianos, la Nueva Trova me llegó de la mano de Soledad Bravo, luego un “Acuérdate de abril” de Amaury, mucho Pablo, mucho Silvio y el “Te perdono” de Noel Nicola. La Universidad de Carabobo toma forma en la voz y la contundencia de Serrat…, bueno “Cariño Trianero”, la canci­ón de la Carmen Sevilla, la escribió Augusto Algueró, esposo de la Sevilla en aquel entonces, pero también es el autor de la mítica "Penélope" de Serrat. A final mi traspié con la Sevilla me llevó a las notas de Serrat…, ya no terminaré en el infierno. Espero.


Entre los pasillos de la universidad me topé, de frente y sin anestesia, con “Así eres tú” de Aldemaro y la vida es bonita. Mortifiqué a Sonia hasta lograr que me escribiera la letra, no supe que en ese momento descubría un mundo, el de Aldemaro, que hasta hoy me abre horizontes maravillosos.


Caracas, la Ucabista, me sumergió en las aguas profundas de Mecano, de la Salsa Caliente y 440 tomó cuerpo en mi cintura!!! La revolución de los cantantes Venezolanos de los primeros ochenta: Jordano, Franco, Luz Marina, Ilan, Cecila Todd, Esperanza Márquez, La Rego, Antonieta, Kiara, Montaner…, los brasileros María Betania, Caetano Veloso, Gal Costa. y su universo de carnaval. Su Santo Señor de nombre Cazuza hacía ríos largos a mis lagrimales con su "Fas parte do meu show". Por cierto "Me deixas louca", después de 20 años, apesar del tiempo, no merecía ni un café o un vaso con agua y Elis, la pobre, se volvió a morir. El egoísmo, de algunos, es patético, terriblemente triste y grita de una soledad tan sola. En fin, me llevo de un mal con los perfectos e inmaculados.


De repente, encuentro a mi Ave Migratoria y descubro que es fanático, EL FANATICO, del Eurovisión, tiene todos los videos desde 1961, -Quieres caldo?.., Toma 80 tazas-, y me veo viendo a un Raphael, un Mocedades, un Domenico Modugno y una Gigliola Cinquetti con su "Non ho l'eta" y la rueca de mi memoria vuelve a dar una vuelta más.


Amigos. Esto ha sido mi vida musical, a vuelo de colibrí..., y eso sin tocar, casi para nada, el torbellino anglosajón o la música académica… Duraría años en escribir y no terminaría ni en mil siglos.


Ahora me pregunto: Cómo se me ocurre pedir, a mis amigos, que me nombren sólo 5 canciones?


Hoy cumplo 46 años. Ya he vivido mis primeros 45 con sus simas y cimas. Si divido mis 45 entre 5 me da 9. Entonces, si la matemática no me engaña, debo resumir nueve años en cada canción…, es la fórmula más fácil pero no más difícil.


Allí van:


Cariño Trianero…, Carmen Sevilla. Me lleva a mi niñez, a los dulces de mi abuela “La Filósofa”, a mi pueblo en una orilla del mundo, a las calles llenas de sonrisas y colores nuevos, a la inocencia, a Togolo -un maravilloso payaso creado por Toco Gómez-, a Sopotocientos.


Calor. Letra, música y arreglos de Aldemaro Romero. Con la voz, en estado de gracia, de María Teresa Chacín. Esa pieza representa tantos sueños de un país por hacer. A las largas carreteras. A descubrir Caracas desde un décimo piso, a las tardes por la avenida Urdaneta. Al primer beso completamente pecaminoso. Si escuchan la versión original, notarán cómo Aldemaro hace brillar a la Orquesta Sinfónica de Londrés. Onda nueva en estado puro. El piano, a los 57 segundos, y luego la entrada de los metales, sencillamente, me fascina. Es una pieza redonda, redonda. Bravo Aldemaro, dónde quieras que te dé la gana de estar.


Amigos. Juan Luis Guerra y su 440. Representa a mi Amada Emperatriz China. Es aquel apartamento frente al campo de golf, es saber que los amigos existen. Es ver a el enano volverme loco a preguntas, es ver la risa de Elida, escuchar a la Meneca, es la mirada de Armanda, es el silencio solidario de Ana Teresa. Es Alba, es Lucy, es Nini -y la voz divina de su bellísima hermana-, las arepas de Aurora, el caracter de Hilda, el cabello de Dolores. Mis primeros escritos, encontrarme con Rosemary en los pasillos de la Católica. Es edificar nexos sólidos que aún perduran. Saber que la amistad es y lo demás es lo demás. Es, en definitiva, encontrarme con mi Ave Migratoria, es construir posibles.


Luz de Luna. Interpretada por Rocío Durcal. Por alguna parte debe salirme el lado melodramático. De mis 27 a mis 36 años el mundo se me volvió cuadritos. Época de decisiones difíciles, de constantes cambios. De lagrimones a las tantas de la noche, de eternos por qués sin respuestas. De vacíos vacíos. De amores rotos, de sonrisas sordas..., un caos. Cambios, pue!


As If We Never Said Goodbye. Música de Andrew Lloyd Webber, letra de Don Black & Christopher Hampton cantada por Glenn Close. Y amo, absolutamente, a los musicales. Recuerdo perfectamente cuñando escuché por primera vez esa canción. Fue en la madrugada de un 24 de diciembre de 1998. Mi Ave Migratoria me regaló, esa noche, “Broadway Collection” con las top songs from musicals. Fueron 3 cds que escuché hasta no sé cuántas veces. Desde que la descubrí, esa canción, ya forma parte de mi vida. Y Ustedes no saben cuánto.



Hoy, me tomo la libertad y es regalo esas canciones, es mi íntimo presente para Ustedes.


Les deseo TODO, pero todo lo mejor ahora y siempre. Gracias por estar y por ser.






jueves, marzo 12, 2009

Cabaretero, artista y caballero.



Nació en un mundo de escalas y ejercicios musicales, canciones y sonoros rasgueos de la guitarra con que su padre, el máistro, amenizaba las últimas horas de la tarde. Escuchaban, también, los tangos de Gardel que salían en tropel del radio de Doña Petra, la vecina del frente, junto con los sonidos exteriores de la parroquia La Pastora. Así se fue formando en aquella casa, sin agua ni luz, de aquel recodo de la ciudad.


Se despertaban con el estruendo de cornetas y tambores de una desafinada banda seca que le marcaba el paso a una soldadesca en viejas alpargatas de capellada azulosa camino al campo de maniobras militares. De vez en cuando se escuchaba calle abajo el grito de Manuelito: “Van las torrijas calentiicas”, o del chichero: “Helada y fresca, refrescadora”. Desde la calle Anzoátegui n° 24 se escuchaba las campanas Cabaña de la Divina Pastora, predio del padre Torres y el canto religioso y juvenil de Juanita Rivolta. El infaltable: “Al árbol debemos solicito amor…” en la escuelita de las Sittel, aquellas hermanas venidas, sabe Dios cuando, de Curaçao, y que hacían tortura con aeiou del libro de Mantilla.


Más allá estaba la pulpería de Pumo Monasterios, la barbería del maestro Luna y los músicos de parroquiano que se reunían en El Samán, mostrando un mundo nuevo de canciones de tangos y valses. Era aprenderse, también, los aguinaldos que organizaba el máistro con los muchachos de la vecindad y perderse entre armonías o las matas de mango. Era quedarse con la boca abierta, como babieco, al escuchar a Julio Martínez, más conocido por su sobrenombre de “Machete”, tocar su flauta.


Sus predios eran Los Colorados y su chicharronera, el Cerro del Zamuro calle Escalona arriba, la calle Soublette y Caja de Agua. Las calles, sus gentes, sus sonidos fueron su primigenia escuela, de ellas obtuvo las bases para el democrático sentido eclecticismo musical que siempre le gobernó.


Era escaparse, del Colegio Páez, tiempo después, de la tutela de la vieja señorita Reneta Urraca –ganándose el regaño, el consabido jalón de orejas y el golpeante coscorrón- para ir a Teatro Municipal. Castigos que nunca lograron hacerle desistir su amor a la música. Y se iba allá, en la última fila del teatro, furtivo y a oscuras, para escuchar sin ser visto.


Allí en esa ciudad. Ese fue su patrimonio, la semilla, que con otras tantas experiencias le fue dado por los hados adquirir, enriqueciéndose, trasformándose, evolucionando con sus innumerables vivencias a través de toda su vida.


Nació un 12 de marzo, en la ciudad de Valencia Venezuela, en la casa del maestro Rafael y doña Luisa. Hoy cumpliría 81 años y un 15 de septiembre de 2007 tuvo el mal gusto de irse con su música a otra parte.


Amigos míos, le invito a escuchar, a redescubrir su música y, sobre todo, las letras de sus canciones. Les puedo asegurar que encontraran un mundo y entenderán -me entenderán- lo que significa, para mí, Aldemaro Romero.






Todo lo mejor para Ustedes.



PS: Gracias por sus e-mails…, generalmente el primer trimestre se me hace difícil escribir. “Secura” del cerebro o mis musas están en hibernación. Lo cierto que estoy vivo y pretendo dar la guerra por un tiempo más.


NOTA: Mis postales navideñas. Ellas deberían escribir un post…, ni en la Odisea de Homero tienen tantas historias de realismo mágico.


lunes, enero 12, 2009

En año pasado terminó interesante. Ginebra amaneció con una divina tormenta de nieve y el aeropuerto tuvo que cerrarse por casi cuatro horas. Supuestamente yo salía a las 11:00 de la mañana, luego de despachar mi vuelo…, pero no. Salí a las 15:00 corriendo en busca de la cena perdida.


Llegué a la estación central de Ginebra y…, el cielo de volvió agua helada que barría ya la nieve de las aceras. Entré a mi casa mojado hasta el aura, inevitable. Me cambié el uniforme vuelto cascada. Salí corriendo para terminar en una tienda por departamento en donde tribus completas acampaban entre los pasillos, cualquier cantidad de carritos de bebes, familias en perfectas formación, tipo abanico, moviéndose como amebas, a medida que se abrían, cerrando toda posibilidad de escape. Señoras, con alto copete y kilogramos de joyas, preguntando al tendero, como quién no quiere la cosa, que podían ofrecer a sus invitados esa noche. Gente -españoles- discutiendo por la calidad de las uvas. Un tsunami de gente loca por comprar en último momento y yo allí.


La cena. Charcutería, pan, champagne y en pijamas. La compra se quedó para otro día. El cansancio acumulado, de todo diciembre, nos explotó a eso de las 23:00. El nuevo año nos pilló en medio del postre y hablando -para variar- del aeropuerto.


Dos días después, el caos tomaba cuerpo. Se nos informó, a eso de las 21:00 del día anterior, que el vuelo del día siguiente…, estaba cancelado. Un vuelo con 133 pasajeros, el mismito que está lleno de todas las conexiones a Latinoamérica. Justo en ésta época en donde todos los vuelos están llenitos, llenitos, llenitos.


Razón de la cancelación. Huelga de los controladores de vuelo en la ciudad de destino. Adivinen el nombre de la línea aérea.


03JAN09 06:15 GVA


Ahora les pregunto a Ustedes. Cómo se les explica, a los pasajeros, que perdieron todas sus conexiones, que la línea aérea no les va a dar nada de nada, -hotel o/y compensaciones- pues ellos -la línea aérea- no es la responsable de la cancelación.


Para hacerles el cuento corto, un tonto estuvo sentado desde las 06:00 hasta las 17:30 -sin pausa para ir ni al baño y tomando litros de café- haciendo juegos malabares con las conexiones de todos los pasajeros -386 boletos-. Desayunamos a las 18:00 de ese día.


03JAN09 11:20 GVA


Se me olvidaba…, sólo había un sólo ordenador…, ya saben. Nuestro amigo Murphy. Él, tan buena gente, nunca nos abandona y menos en estos maravillosos momentos.


Chévere…, verdad?


Y luego preguntan: “Silma…, tienes tiempo sin escribir.”


Pero, con todo esto. Nos encanta nuestro trabajo. Será que somos masoquistas?


Antes que se me olvide…, les deseo un regio 2009. Espero, de todo corazón y brindo por ello, que este año sea lo más parecido a sus mejores sueños.



Todo lo mejor para Ustedes, siempre.



NOTA: Les debo la tercera entrega de COSAS QUE TODO PASAJERO DEBE SABER ANTES DE PISAR UN AEROPUERTO!!!”



PS: Les llegó mis tarjetas navideñas?




miércoles, diciembre 10, 2008

COSAS QUE TODO PASAJERO DEBE SABER ANTES DE PISAR UN AEROPUERTO!!!”


Segunda entrega.


Pasaporte, pasaje -ticket, boleto o sus diferentes nombres- y plata. Esas son las principales cosas que todo pasajero debe tener. Sin ellas es prácticamente imposible tomar un avión con algún itinerario internacional.


Pero vamos por partes.


Sofia Nov 2008 215


Pasaporte.


Según el diccionario de la Real Academia Española. Pasaporte es:

1.- Una licencia o despacho por escrito que se da para poder pasar libre y seguramente de un pueblo o país a otro.

2.-Licencia que se da a los militares, con itinerario para que en los lugares se les asista con alojamiento y bagajes.

3.- Licencia franca o libertad de ejecutar algo.


Para lo que nos compete, vamos con el primer significado. “Una licencia o despacho por escrito que se da para poder pasar libre y seguramente de un pueblo o país a otro.”


Todo pasajero debe tener un pasaporte. En él se señala todos los datos del titular que, supuestamente, necesita para pasar libremente por los puertos internacionales. Un pasaporte debe llevar, como mínimo, la siguiente información: Ciudadanía, permiso o autorización legal de salida y entrada al país de origen, fecha emisión y de vencimiento. El pasaporte puede ser otorgado por el país -embajada o consulado- del cual se es ciudadano el titular o, en casos muy especiales, por organismos internacionales, por ejemplo ONU.


La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI o ICAO, correspondiente a International Civil Aviation Organization en sus siglas en inglés) es un órgano de la ONU encargada de fijar los estándares para los pasaportes y otros documentos de viaje.


Hasta aquí todo va bonito y hasta ideal, pero vamos a la práctica.


El pasaporte se ha convertido en moneda de cambio en este mundo tan "bobalizado" y ya no da el poder para pasar libremente y seguramente de un pueblo o país a otro. Escurriendo el bulto y evitando complicarme la vida, me centro.


Ya, antes del fulano 11 de septiembre del 2001, sacar o tener un pasaporte se ha venido complicando. Las organizaciones delictivas han evolucionado directamente proporcionales a las tecnologías existentes, las falsificaciones son cada vez más perfectas, con el consiguiente problema para las líneas aéreas ,y todos pagamos justos por pecadores.


Por ello, y para evitar falsificaciones, ya los pasaportes tienen cualquier cantidad de artilugios e información, según la posibilidades del ente emisor, cual ciencia ficción, detallitos que no puedo, no debo, mencionar. Digamos que son secretos profesionales y así me evito algún que otro problema. En cualquier, y debido a que ya son conocidos, me limito a dos de ellos:


Biometría: Desde las huella digital pasando por la geometría de la cara y la huella del iris. Todo es valido para comprobar que el portador o la portadora del documento es el legítimo dueño del pasaporte. Toda ésta información es insertada en un Documento de Viaje de Lectura Mecánica (MRTD). Todo es posible para incrementar la seguridad y a la autenticidad del documento. Muchos países -Los Estados Juntos- han introducido mayores medidas de seguridad crucial en respuesta a la amenaza del terrorismo global. Ésta información biométrica individual también puede ser almacenada en una base de datos o en una tarjeta de identificación para autenticar un viajero exento de visa que será revisado de forma previa para el ingreso. Ya nombre la palabrita visa…, luego volveré a tocar tan maravillosa palabra.


API: Información Avanzada de Pasajeros, éste sistema permite a las líneas aéreas enviar de forma electrónica la lista de pasajeros, con los datos obtenidos de los pasaportes, a las respectivas aduanas, oficinas de inmigración y otras autoridades en el lugar de destino. Dicha información permite, supuestamente, a los funcionarios de fronteras procesar la información sobre los pasajeros antes de la llegada del vuelo. Cosa que permite, a la llegada de nuestro vuelo, encontrarnos con amables funcionarios, a la puerta del avión, con una maravillosa formación geográfica, y que confunden Ginebra con Génova, Suiza por Suecia..., por ejemplo.


Ahora y obviando todo lo anterior, un pasajero debe saber lo siguiente con respecto a EL PASAPORTE:


-Su pasaporte debe tener vigencia antes, durante y después la estadía al lugar del destino. “Mañana tengo un vuelo a “Oeufqcefqwoeu”, mi pasaporte está vencido…, Usted me puede ayudar? Qué puedo hacer?”. No es la primera vez que eso sucede en un aeropuerto, sobre todo un viernes en la tarde y en temporada alta.


-Su pasaporte debe estar, en todo lo posible, en buen estado o/y cuidado. Evite lavarlo, por ejemplo.


-Vigile que el nombre que tiene en su pasaporte sea el que Usted usa y está en todos sus documentos. Me explico. En nuestro mundo occidental, el Señor Pérez es Pérez, se escribe Pérez y se pronuncia, en la mayoría de los casos, Pérez. El problema se complica cuando se tiene un apellido como: Nkapnangnjapndoukematagnigni. Imagínese, si por casualidad, que Usted va a Los Estados Juntos y no tiene, en su pasaporte, todas sus letras. Por cierto, juro por todas las pelucas de la difunta Celia Cruz que ese apellido existe, no es invento de mi retorcida mente.


Amigo Pasajero, Amiga Pasajera…, cuide su pasaporte. NO LO BOTE y, dato muy importante, guárdelo en un lugar seguro. Los amigos de lo ajeno siempre están allí, evite, en la medida de lo posible, sus importunas visitas. Sáquele alguna que otra fotocopia y ante con ellas por las ciudades, por el país, de destino…, generalmente en los hoteles existen cajas de seguridad. Déjelo en buen respaldo. Se evitaran algunos inconvenientes.


Si su pasaporte no es legal…, hágase un favor. Bótelo, destrúyalo y busque uno legal. Evítese problemas o no viaje, la vida es hermosa y no vale la pena complicársela vida…, o sí?


Última cosa…, las fulanas visas.


LAS VISAS


Las visas son, y sin complicarnos la vida, permisos que nos da un país, distinto al nuestro, para estar en su territorio. Generalmente existe un tipo de reciprocidad entre los países que se piden visa. Claro…, en los Estados Juntos son otra cosa, ellos son EL PAÍS y los otros, sencillamente, son los otros.


Volviendo al tema. Existen algunos tipos de visa con sus consecuentes características a saber:


Visa de tránsito: Sirve para que una persona, que deba hacer escala en un país para luego ir a otro, pueda permanecer en esta escala. Por lo general en un máximo de 3 días. En los Estados Juntos, es preferible tener visa de turista. Se evitan los maravillosos tratos de los educadísimos policías de frontera. Los de New York y Miami son celestiales.


Visa de turista: Para personas que deseen visitar dicho país para el propósito de conocerlo, en calidad de turista, y no se permite que la persona, supuestamente, haga negocios dentro del país al cual se visita o trabajar en este, sólo gastar dinero. Por lo general tiene duraciones entre 1 a 6 meses.


Visa de trabajo: Sólo para propósitos de trabajar siempre y cuando una empresa del país de destino lo contrate para tales efectos. Es más extensiva en tiempo y renovable.


Visa de estudiante: Para los efectos de una persona que está matriculada en un centro educacional del país de destino. Como lo dice el nombre, es una visa para estudiar en dicho país. Algunos tienen la suerte de tener esta visa de por vida. Siempre están estudiando. Me explico..., siempre.


Visa diplomática: Para personas que ostenten un cargo diplomático puedan visitar tal país para efectos diplomáticos tales como visitas oficiales de mandatarios, o efectos de embajada. Son las que llamo: “Ahora estas, ahora ya no estas”. Los portadores de este tipo de visa, a veces, son insoportables. Casi dioses en este mundo de vulgares mortales. A veces me pregunto, al verles, al tratarles..., será que ellos son de otro material, no van al baño, no sudan? Pobres seres con un triste taburete de poder. Afortunadamente no son todos, existen algunos, de tan humildes, te dan lecciones de vida y eso, siempre, se agradece. Pero, pero, pero, pero..., existen otros.


Visa de periodista: Para aquellos que ejerzan la profesión de periodista, puedan ejercer su profesión por un tiempo esporádico de tiempo, para cubrir ciertos eventos que se estén realizando en dicho país, de naturaleza relevante o de investigación.


Visa de matrimonio: Para quienes contraigan matrimonio con una persona que posea nacionalidad del país de destino. Peter Weir dirijiendo a Gérard Depardieu y Andie MacDowell en aquella comedia ,Green Card, allá por 1990..., me es inevitable recordarla y sonreírme.


También puede diferenciarse entre visados de entrada y visados de salida:

Visado de entrada: Es una autorización para poder presentarse a una aduana migratoria del país de destino, y solicitar ahí la entrada formal (es importante señalar que la sola posesión de un visado no garantiza la entrada al país, esto sólo puede decidirlo el oficial de migración y ellos, generalmente, dicen un sutil NO!!!). Se trata de una forma que tienen los gobiernos de controlar el tránsito de extranjeros. Estos visados son de dos tipos: los de pasaporte, que permiten el acceso a un país para una visita de duración definida, y los de inmigración, que suponen una autorización para residir en el país de forma permanente. Los segundos requieren muchos más requisitos, suele ser difícil su obtención.

Visado de salida: Es el que algunos países exigen a sus ciudadanos cuando desean viajar al extranjero. Se trata de visados que se requieren para el abandono de un país que se encuentra en condiciones políticas, sociales o económicas desfavorables. Ejemplos. Muchos, ustedes me entienden, no?

Sea cual sea el tipo de visa, se debe vigilar sus fechas de vencimiento, en cualquier caso también se debe informar, previamente, los requisitos a seguir si por cualquier motivo debemos extender nuestra estadía en el país al cual viajamos. Nuestro amigo Murphy se presenta cuando menos lo esperamos.


Todo lo mejor para Ti.


Tercera entrega: COSAS QUE TODO PASAJERO DEBE SABER ANTES DE PISAR UN AEROPUERTO!!!”



jueves, noviembre 20, 2008

Maiquetía Oct 2008 010


En los cincuenta, sesenta y parte de los setenta viajar en avión era todo un rito. Era demostrar, a los “otros” mortales, el status, la posición social, económica y, por qué no, política que se poseía. Eran aquellas rocambolescas peregrinaciones al aeropuerto, las largas despedidas, el fingido agobio, algo de fastidio, era sembrar un poco de envidia y con todo lo que ello significaba. Era un absurdo who’s who con sus propias reglas, las cuales de debían cumplir, reglas escritas en ninguna parte, tácitas formas de ser que daban sus pautas, sus leyes. Eso se notaba hasta en la indumentaria a llevar.



Para ellos: su mejor traje a la medida, generalmente oscuro, los zapatos lustrosos, discretamente engominados, llevando un perfecto nudo “Windsor” -para las corbatas ligeras, para las de punto se lleva el llamado “Four in Hand”-. Completando el efecto, con una gabardina al descuido. Émulos de Cary Grant o de un rechoncho Alfred Hitchcock.


Para ellas, la cosa se complicaba: De día, un traje de dos piezas, color neutro, con un respectivo bolso y zapaticos a tono -Dior, Louis Vuitton, Hermès o Gucci?- y, para las más osadas, su respectivo sombrero de ala muy ancha, una pamela -nombre que proviene, por cierto, de la protagonista de una novela del mismo título de Samuel Richardson, quien llevaba un sombrero de ese tipo-. Para la noche, un impresionante y sobrio vestido tres cuartos de color oscuro, portando un discreto broche, generalmente sobre el corazón, que denotaba todo un “azulístico” árbol genealógico. De no haber broche, el consabido collar de perlas. Como colofón llevaban aquellos peinados imposibles, con laca hasta en el ADN o aquellos milimétricamente casual y, aún en el trópico, un pesado abrigo de piel. Remedos de Jackie Kennedy o de Doris Days según los gustos y posibilidades.


Digamos que todo ese glamour se ha perdido, y aún no sé si es para bien o para mal.


Viajar, en avión, se ha hecho, últimamente, de lo más popular, y en esto no soy nada original. Ahora se viaja casi bajándose de la cama, me explico, casi en pijamas. Los pasajeros llegan hasta descalzos, con los pelos de cualquier forma y, terror de los terrores, sin bañarse desprendiendo un olor que ya quisiera para si una mofeta.


Convivo, desde hace un tiempo, con personas que el aeropuerto, y todo lo que tenga que ver con él, significa algo más que un simple empleo, sienten verdadera pasión y uno termina contagiándose.


Basta una anécdota:


Corrían los primeros noventa, del siglo pasado, en Caracas. Asistí a una cena donde el único que no trabajaba para el medio aeronáutico era yo. Me convertí en el invitado de piedra, por extraño que parezca, casi no hablé durante toda la noche. La mesa se convirtió, para mí, en un partido de tenis. Por poco me disloco el cuello de tanto mirar de un lado a otro. Por la mesa pasaron reservaciones, conexiones, equipos, pasajeros, destinos, visas, aeropuertos, líneas aéreas, hoteles. Para hacerles el cuento corto, al final de la cena, David, un tripulante de la mejor aerolínea del mundo entonces, Swissar, -divinos tiempos aquellos!- sacó unos los chocolates para acompañar el café y el colmo de los colmos. Los chocolates tenían forma de aviones.


Les queda claro?


Uno de los temas preferidos, de todos los del los gremios, son los pasajeros. Esa clase de ser humano que trasmuta en algo con figura humana pero que no pertenece la esa raza. Dulces ancianitas que de repente te da de bastonazos, ejecutivos con mirada asesina. Madres terriblemente madres, jóvenes que quieren viajar pero no saben para dónde. Delgadísimas niñas con pequeñísimas maletas de más de ochenta kilos…


Ahora se acerca, con pasos agigantados, las navidades. Eso deriva a uno de los momentos terroríficos en los aeropuertos -el otro son las vacaciones de verano-. Miles de pasajeros inundarán los pasillos de todos los aeropuertos del mundo. Por estas latitudes, las navidades, significa también nieve. En otras palabras mis odiados skies. Si en verano, mis queridos pasajeros, viajan con sus bicicletas, en invierno vienen con sus respectivos skies. Ya me tocará pelearme con diversos engendros con pesados gorros, abrigos y bufandas.


Llevo años conociendo cualquier cantidad de historias, más de diez años entre pasillos, gates, diversos aeropuertos y vuelos me dan el aval como para hablar de ellos, de mis adorados pasajeros.


Un poco de historia:


En mi primer viaje a Europa, Cristina, una amiga que trabajaba en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía-Caracas, me hizo conocer las 3P. Cosas completamente necesarias para hacer cualquier viaje por avión. Es decir. Pasaporte, pasaje y plata. Lo demás es accesorio.


Pero, amigos míos, las cosas han cambiado desde entonces.


Segunda entrega: COSAS QUE TODO PASAJERO DEBE SABER ANTES DE PISAR UN AEROPUERTO!!!”



Todo lo mejor para Ustedes.


PS: No estaba muerto, ni estaba de parranda.


miércoles, septiembre 24, 2008

La vida de allá afuera

A veces estamos en sus manos, nos llega sin pedir permiso y se instala dentro de nosotros, nos entristece, se hace parte nuestra, nos conmueve, hace maravilla con nuestros sentimientos, con nuestros sufrimientos, nos relaja, nos estimula.


Ella actúa en nuestra psiquis, maneja nuestra ansiedad y hasta nuestro estado de ánimo puede cambiar, pues ella se transforma en un bálsamo. Tiene toda la capacidad y nos crea momentos de euforia e incluso tiene el don de aliviarnos el dolor. De producirnos placer y magnificarnos los momentos cuando ella está presente.


En buena medida el que nos despierte todas las emociones, que nos ponga la vida a cuadritos, nos dé por sentirnos grandiosos, el que sea más o menos bella, que sea abstracta, oscura depende -para variar- de las matemáticas.


Ella, amigos míos, de quién escribo es la dama que perfuma mis días desde que tengo uso de razón y cuidado si no más allá. Ella es La Señora Música.


Esas cinco rayitas, equidistantes y horizontales, que llamamos pentagrama, son como una gran formula matemática en que un ser, llamado músico, coloca los factores, que son las notas y que reparte a su antojo -supuestamente- compases, ritmos, melodías, escalas y silencios.


Uno de nuestros dolores de cabeza en la adolescencia, El Señor Pitágoras, fue el primero que estableció la relación entre la música y las matemáticas. Se dio cuenta que las melodías se podían medir por medio de razones de enteros. Descubrió que existía una relación entre tonos que sonaban armónicos y que los instrumentos de cuerda sonaban bien gracias a la distancia que separa una cuerda de la otra.


Pitágoras encontró que al dividir una cuerda a la mitad producía un sonido que era una octava más agudo que el original (Do al Do superior); que cuando la razón era 2:3 se producía una quinta (la distancia de Do a Sol) y que otras razones sencillas producían sonidos agradables. Si seguimos dividiendo en proporciones nos da la serie de armónicos. La presencia simultánea de esas frecuencias en un mismo sonido le confiere el color y lo percibimos como timbre depende de la cantidad de armónicos que tenga un sonido y de la intensidad de cada uno de ellos. Los seguidores y fans de Pitágoras de aquella época -siempre hay cerebritos-, Los pitagóricos, no sabían de ondas sonoras ni de frecuencias ni de cómo la anatomía del oído afecta la altura de un sonido. De hecho, la regla que establece que la frecuencia está relacionada con la longitud de la cuerda no fue formulada sino hasta el siglo XVII, cuando el franciscano, -y nos topamos, cuándo no, con la iglesia-, fray Marin Mersenne, definió algunas reglas sobre la frecuencia de una cuerda vibrando. Reglas para afinar, usadas todavía hoy.


Esas proporciones son las que definen la mayoría de las escalas y afinaciones que existen en las diferentes músicas del mundo. Aunque entre las diferentes culturas existe una gran diversidad de tipos de escala, lo cierto es que hay también una serie de similitudes. Lo que permite pensar que en músicas muy alejadas, geográficamente e históricamente, subyacen unos principios universales basados en conceptos matemáticos.


Conceptos como la simetría, las formas geométricas, las proporciones matemáticas rigen muchas creaciones artísticas del ser humano y le confieren su belleza. La danza, por ejemplo, conlleva una visión más dinámica del mundo de las proporciones. En ella las matemáticas se manifiestan en forma de procesos, desarrollos lógicos en acción. Muchas composiciones flirtean con la geometría, con patrones y frecuencias numéricas.


A lo largo de la historia, y en todas las culturas, la matemática y el arte han estando profundamente relacionados. La belleza de una rosa, de una escultura, de una fuga de Bach no ser’ia tal sin los principios matemáticos que encierran. Inconscientemente reaccionamos a esas relaciones matemáticas aun sin entender, son un lenguaje universal del que el ser humano se ha servido, se sirve y se servirá para crear.


El pasado 15 de septiembre, se cumplió un año desde que alguien tuvo el mal gusto de marcharse de ésta vida. Ese alguien no es otro que Aldemaro Romero Zerpa. A Aldemaro no se le puede catalogar, como músico, de un género específico. No se le puede denominar como folklórico, aunque su Onda Nueva se basa en la sustitución de el arpa, cuatro y maracas por el trío de piano -teclados-, bajo y batería. Tampoco es estrictamente un músico popular, aún su música se escucha en la radio por distintos cantantes y versiones, como también no se le puede denominar un compositor académico en el sentido clásico del término. Él fue todo y ninguno. Aldemaro en los tres ámbitos brilló con luz propia, creció y desarrolló una carrera envidiable. Aún más, analizando el movimiento musical de pasado siglo veinte venezolano, su obra no se puede ubicar en ninguna corriente, de allí su maravilla. No se le puede denominar “Pre-Nacionalista”, pues su obra académica no se origina en el siglo XIX, tampoco pertenece a la “Escuela Nacionalista”, de donde salieron Antonio Estévez, Evencio y Gonzalo Castellanos, Inocente Carreño, y condujera el maestro Vicente Emilo Sojo. Mucho menos de la corriente musical contemporánea, en donde están Federico Ruiz, Luis Morales Bance, Juan Carlos Núñez, AlfonsoTenreiro, Alberto del Mónaco, etc…, pues Aldemaro aparece mucho antes.


Un caso insólito, en la Orquesta Sinfónica Venezuela, durante décadas, la música de Aldemaro tuvo proscrita ya que era desconcertante, para los fundadores de la misma, que el músico venezolano de mayor proyección internacional no exhibiera una formación académica. Es, por además, irónico que uno de los valses venezolanos más hermosos y, según críticos, el mejor compuesto en Venezuela es su “De Conde a Principal”. Por ello, Aldemaro es único, un músico autodidacta al cual no se le puede ubicar en ninguna corriente y, al mismo tiempo, está en todas ellas. Un músico, compositor, intérprete, arreglista y ejecutante que ha influenciado a los músicos -académicos o/y populares- de los últimos años en Venezuela.



“El Pajarillo visto y desarrollado por Aldemaro Romero”



El joropo, decir joropo ya me ocasiona un problema. Si digo que es un aire musical típicamente venezolano, me creo un insalvable problema con mis amigos colombianos ya que ellos también lo toman como suyo. En fin, y rogando para que las estrellas me guíen, el joropo es un genero musical típico de los Llanos Colombo-Venezolanos, de compleja estructura, posee un endemoniado ritmo 6/8 llegando a un mustio 3/4 y hasta un 3/2, y es uno de los ritmos que más desconcierta a aquellos que han estudiado la música académica.


Supuestamente deriva del fandango, pero aquí se me genera otro problema. En el diccionario de autoridades, publicado en seis tomos por la Real Academia de la Lengua en 1735, define al fandango como “baile introducido por los que han estado en los reinos de Indias, que se hace al son de un tañido muy alegre y festivo”. En este sentido les dejo el testigo a los académicos, lo cierto que el fandango fue tal en el siglo XVIII que compositores académicos como el Padre Antonio Soler, autor del célebre “Fandango” y Domenico Scarlatti, creador del “Fandango indiano”, nos demuestran su importancia en el ámbito social de aquella época.


Volvamos a nuestras latitudes y no perdamos el hilo. El joropo, a parte de ser también un baile muy vistoso -El valsiao, el escobillao y el zapatito…, un tema largo para otro blog, quién se atreve?-. Digamos que el joropo, desde el punto de vista musical, es tan mestizo como nosotros mismos. En las cuerdas del arpa, del cuatro y de la bandola, además de su versificación -las décimas y las coplas- vemos la presencia europea. En la melodía impetuosa y divertida, podría ser el aporte de africano y en la estampa de las maracas, los capachos indígenas.


El joropo, en Venezuela, es un género increíblemente amplio. Para complicar un poco más la cosa, también se deriva en diferentes formas según la región del país. Joropo llanero, Joropo Central -y su Golpe Tuyero-, Joropo Oriental, Joropo Guayanés.


Sin complicarme mucho como joropo tenemos en Venezuela: Seis por Derecho, Zumba que Zumba, Periquera, Carnaval, Gabán, Chipola, Quirpa, Guacharaca, Corrido, San Rafael, Revuelta Tuyera, Seis con Yaguazo, Guabina, Los Cantiles, Fila de la Volvona, Velo Matrimonial, Cubanera, Gato Enmochilao, Llavajero, Seis Guayanés, Josa, Marisela, Seis numerao, Pasaje, Catira…, el más depurado sería El Pajarillo.


El Pajarillo…, aquí les dejo a Aldemaro, sólo él y su obra puede explicar muchísimo mejor que mis palabras.


En primer lugar, "Pajarillo". La versión que hizo Aldemaro, directamente del folklor, en el primer disco de "Onda Nueva". Voces: María Elena Peña, Zenaida Riera, José Ramón Angarita y Alí Agüero.


En segundo lugar. "Pajarillo" con la hermosísima voz de María Teresa Chacín , la letra de Manuel Graterol Santander, arreglos y dirección de Aldemaro Romero con la Filarmónica de Londres.


En tercer lugar. “Fuga con Pajarillo ” de Suite para Cuerdas. English Chamber Orchestra. Dirige Aldemaro Romero. El Joropo vestido de gala.


En cuarto lugar. “Fuga con Pajarillo”. Versión de Camerata Criolla y revisada por el mismo Aldemaro. Grabación en vivo desde el Teatro Teresa Carreño, junio 2002. Fusión de música académica y lo más genuino del folklore venezolano. El trabajo de las cuerdas es imperdible y según Alí Agüero excelente.


En quinto lugar, “Toccata Bachiana y Pajarillo Aldemaroso”, Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho, director Rodolfo Saglimbeni. Grabación en vivo, gracias JuanPa. Es de todos los pajarillos de Aldemaro mi preferido. Las cuerdas son celestiales y los metales son como para quedar sin aliento por un mes. En algunos pasajes de la Toccata me recuerda la orquestación, que hizo Leopold Stokowsky a la Toccata y Fuga en Re menor BWV 565 de Johann Sebastián Bach para la película Fantasía de Walt Disney. Colaboración que le trajo más de un dolor de cabeza al director de la Orquesta de Philadelphia. Los puristas atacaron de nuevo y no le perdonaron a Stokowsky orquestar la partitura de Bach -original para Órgano tubular- a orquesta filarmónica. El tiempo le ha dado la razón ya que toda orquesta que se aprecie interpreta dicho arreglo.


Este post no es sólo para recordar que hay un genial músico venezolano llamado Aldemaro, es una excusa para regalarles a todos los venezolanos, que viven en el exterior, un trocito de lo nuestro.

Es también mi íntimo regalo a mis “4 gatos” y, sobre todo, a mi Amada Emperatriz China, que cumplió años y me espera fumando -espero no sea opio- en Shanghai.


Todo lo mejor para Ustedes.



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lunes, julio 28, 2008

El hijo del padre.

Julio 2008 Paris, Cracovia, Varsovia y Berlín 199


“Todos somos iguales, pero unos somos mas iguales que los otros”, decía mi abuela “La Filósofa”…, claro, por aquél entonces, yo no la entendía.

Sucede y acontece que muy cerca de mi casa, en uno de los modestísimos hoteles que rodean el Lago Leman, de esos que coleccionan galaxias de estrellas en su frontón, se presentó una inusitada escena. Unos gritos desentonaban completamente entre tanto mármol, drapeado, relojitos Lange & Söhne, gargantillas de brillantes, que parecen collares anatómicos, y kilómetros de sutilísimas seda.

La dirección del Hotel President Wilson, por lo inusual, llamó a la policía, pues de una de sus exquisitas suites provenían tal desatino.

Y la policía llegó. Al entrar a la suite encontró a una mujer tunecina, a un marroquí, completamente golpeados, agredidos. Luego de la aclaración de que “no hay guantes de seda” para los personajes famosos, las autoridades helvéticas procedieron a la detención, nada más y nada menos, de Hanibal Gaddafil.

Hanibal Gaddafi

Hanibal Gaddafil, hijo menor del líder de la revolución libia, había agredido a dos de sus sirvientes. Junto a Hanibal estaba su esposa, Aline, embarazada de nueve meses. Ellos estaban en Ginebra esperando, humildemente, el nacimiento de su niño.*

Luego de dos noches en prisión, y después de cancelar unos 300.000 euros de fianza, Hanibal Gaddafil volaba de vuelta a Libia, el jueves 17 de julio. Su hermana Asisha, abogada, se presentó en Ginebra para advertir bíblicamente: "Aplicaremos la política del ojo por ojo y diente por diente"

Para cerrar el chisme, los empleados domésticos, desde ese día, se encuentran en paradero desconocido, bajo protección -con todo lo que ello conlleva- de las autoridades suizas.

Toda esta historia sería digna de Hola o de una vulgar crónica de sucesos, pero ha devenido a todo un problema diplomático, involucrando al Quai d’Orsay, el Ministerio de Asuntos Exteriores del gobierno Francés. La semana pasada, el gobierno suizo reconoció la existencia de “una crisis”. La razón de dicha crisis hay que buscarla del lado de Trípoli, donde a lo largo de la semana una escalada de represalias derivadas del arresto del joven Gaddafi no ha cesado de acrecentar frente a la sede diplomática helvética.

Un par de ciudadanos suizos, se encuentran detenidos en Libia acusados de “inmigración ilegal”. A ambos se le ha negado el acceso a la protección consular. Se han cancelado dos terceras partes de los vuelos entre Libia y Suiza. De repente se exige visado a los ciudadanos suizos y también es probable la suspensión de los envíos de petróleo y gas. Se corre el rumor de la cancelación de las cuentas libias en los bancos suizos, la prohibición de barcos de bandera suiza -por ilógico que pueda ser, los hay- de atracar en puertos libios y unos cuantos etcéteras pertinentes.

LIBYA SWITZERLAND

Claro, todo esto volvería a la normalidad, si el gobierno suizo presenta “excusas formales”.

Para Erci Chevalier, portavoz del Ministerio de Exteriores francés, hizo saber que París “observa esta situación con suma atención”, y advirtió a las autoridades libias de “las consecuencias negativas que esta escalada podrían tener para todo el mundo”. El gobierno suizo, “suizamente”, confía salir de este sin sentido. El presidente de la Confederación Helvética, Pascal Couchepin, anunció, el 28 de julio, su intención de encontrarse con su homólogo libio. “No es momento de condenar, sino de encontrar una salida a esta situación”.

Por aquí, en verano es casi pornográfico. Ginebra se prepara para celebrar, del 31 de julio a 10 de agosto, su anual “Fêtes de Genève”, lo que yo he llamado “La fiesta del trapito”. Me explico. Ginebra se ha inundado con cualquier cantidad de mujeres, -con sabanas negras, la mayoría-, cubriendo todo lo pecaminoso, miles de metros de tela caminan como manchas, como sombras por la ciudad. Ellos, sus dueños, van con vestimenta acorde con el calor y el verano. Ellas con sus increíbles ojazos y labios rojos, con ese pesado trapero e inverosímiles aretes, eso sin contar con cualquier cantidad de niños y sus respectivos cochecitos.

Todas mis amigas feministas morían, cual peces fuera del agua, si vieran semejante espectáculo.

Mucho dinero corre, vulgarmente e impúdicamente, por el mundo. La doble moral se paga con euros, dollares, diamantes, petróleo -a 100 dollares el barril ofreció Chávez a España. Todo olvidado, sonrisita y franelita, la que mostró en AlóPresidente de ayer. Por cierto fue dada al Rey por, nada más y nada menos, Bush padre. Qué cosa, no?-, vidrio de colores, oro, francos suizos y favores de piel.

Visto lo visto, creo que alguna de ellas disfrutan su papel…, la realidad me supera o aún -a mi edad- no tengo las herramientas como aceptar algunas cosas. Para qué quejarme, vivo en la ciudad de la tolerancia. Samuel P. Huntington ya lo dijo. El choque de las civilizaciones ataca de nuevo, y yo vivo en el medio de ella.


Todo lo mejor para Ustedes.



*Alojarse en la suite imperial del hotel President Wilson en Ginebra, Suiza, cuesta la friolera de 33.000 dólares. La habitación más cara del mundo, según el libro de los récords Guinness, cuenta con un ascensor propio, cuatro habitaciones con vistas al lago de Ginebra, una sala de estudio, un vestidor, un comedor, un salón con mesa de billar, una biblioteca y una sala para tomarse una copa, entre otros lujos principescos. Viva la revolución.

domingo, julio 06, 2008

Te regalo en horizonte

No es fácil escribir sobre Él, es más, tengo más de tres meses tratando, pensado qué escribir. No hay remedio las musas, los recuerdos, las anécdotas no sé ponen de acuerdo. Son tantos los momentos, tantos los instantes y es descubrir otro matiz de la palabra amor.

Es verle, y disfrutar, cómo se le pone la cara roja manzana. Su tímida sonrisa nerviosa y su pícara mirada. Su mirada, su mirada que me fascina, que no deja de fascinarme, desde hace más de 30 años.

Y aquí me veo, mientras escribo, sonriendo recordándole en diferentes facetas de su vida, de su piel, que brilla y parece de mentira. Del como su voz fue cambiando y su sonrisa adquirió sabiduría de los años.

Una vez le maquillé como payaso, disfraz que todos alguna vez vestimos o soñamos usar. Le recuerdo sentado, sobre un aparador, mientras esperábamos, aburridísimos, que me entregaran aquellos trajes de libérrimos gaiteros gallegos -lo que uno hace por una madre-.

_Disculpe, pero en dónde compró ese muñeco?

Preguntó una señora y el local se quedó en silencio. Como si el tiempo decidiera ponernos una pausa.

_Cuál muñeco? Respondió la dueña del local, con suma curiosidad y hasta atónita por lo absurdo de la pregunta.

_Ese…

De pronto, se escuchó el grito de la preguntona señora, cuando se percató, que tal payaso, era sólo un niño, en absoluto estado catatónico.

Así ha sido Él desde su más tierna infancia.

Como toda relación humana, hemos tenido nuestros más y nuestros muchísimos menos, no fue nada fácil, por ejemplo, tenerlo sentado sobre una mesa, para terminar viendo como la sopa chorreaba por toda su ropa. Lo he matado, como mínimo, unas cuatro millones de veces y adorarlo unos chorrocientos millones más.

Es verlo salir, por tonto y confiado, de aquel terrible lugar en Caracas y abrazarlo, sin decirnos nada y decirnos todo.

Es saber que está allí, con su filosofía variopinta y su mirada.

Es saber que tenía un ojo juguetón y que tiene una letra horrible, horrorosa. Llegando a patética.

Es saber que tiene su nalga hinchá, que su caminar es tan particular como su humor, que si pisa una hormiga la tapiza contra el suelo, que su sonrisa es irónica y que aprendí –ja, ja, ja- a cortar cabello trasquilando los de Él.

Es saber que su timidez es directamente proporcional a su enorme corazón, que no comía pasados los 6 años y era insufrible como adolescente.

Es saber tantas cosas…

Es recordar que nació de 6 meses, pesando más de dos kilos, que duró un mes en incubadora, es sufrí noches sin dormir, es tener a mi madre, por 2 semanas en cama, con una rubéola, y Él con sólo un mes y días de nacido, parecía una rana deshidratada, con mucho pellejo, a la cual se podía hacerse el estudio completo de vasos sanguíneos y articulaciones sin disecarla.

Es lavar pañales. Es odiar, por los siglos de los siglos, el año 1976…, los pañales desechables llegaron a Venezuela a principios del 77. Y ahora me dicen, mis amigos primerizos, que bañar y ponerle los pañales a un bebé es ultra difícil…, me viene a mí con cuentos de camino. Por cierto no pienso repetir la experiencia en mi vida. También sé que es puro bla-bla-blá de mí parte.

Volvamos a la historia.

Me vomitó, me orinó, le preparé la NAN, la S26, la nenerina, escuché maravilloso conciertos con sus erutos, le enseñé a caminar y el a-e-i-o-u, le llevé al colegio, le llevé al cine, le dormí, le di de comer, peleamos -y cómo-, no me habló, no le hablé, lo mandé a la mierda, me mandó a la mierda, nos abrazamos, lloramos, reímos, volvimos a pelear y todas esas maravillosas cosas que hacen un hermano mayor, con su hermano menor.

_Ustedes son hermanos?

Nos preguntó una señora a quema ropa.

Qué pregunta más estúpida, pensé. Si no nos parecemos, físicamente, en nada. Él rubicundo, altote, imponente y yo lo más parecido a turco -con perdón de los turcos-.

_Sí…, por qué? Respondí, más por cortesía que por otra cosa.

_Tiene, increíblemente, los mismos ojos y la misma mirada.

Ese ha sido uno de los regalos bonitos de la vida, saber que tengo su mirada, sus ojos.

Ahora estoy jodido de por vida. Cada vez que escuche la Marcha Triunfal de Aída, El Aleluya del El Mesías. Por asociación libertina de ideas, me acordaré de Él. Como aquella canción que le enseñe cuando niño y que la vida se encargó de ser olvidada.

Fui su orgulloso padrino de bodas. Disculpen lo personal de este post…, es que mi niño se puso toga y birrete. Es abogado.

Te amo Juan Carlos.

Ya saben cómo se pone uno, de tonto, de cursi, con los hijos, que te regala la vida, cuando celebramos sus triunfos.



Todo lo mejor para Ustedes.

PS: Tengo tres hermanos. Galleguísimos ellos. Cada vez, que me veo al espejo, veo a Juan Carlos, en mis ojos. Veo también, a mi hermano Roberto Luis Antonio -sí…, lleva los tres-, en mi sonrisa y llevo, a hermano Manuel Arturo, en mi voz. Mis tres hijos -a los tres les cambié los pañales…, de tela- son más que mis hermanos.

sábado, junio 14, 2008

Lago de Ginebra 080505 003

A veces existen situaciones que como una mancha de aceite sobre el agua clara corrompe y daña.

Lo siento amada Emperatriz China, te juré no tocar el tema…, pero las cosas ya se están pasando y, aunque no se me ha pedido, debo dar mi versión de las cosas, sin distorsionar, eso se lo dejo a otros más duchos en la materia.

Vamos a un poco de historia.

Capítulo 1.

A final del año pasado tuve la maravillosa idea de hacer unas tarjetas navideñas, las hice, las diseñé –gracias Yadi- y las envié a todas aquellas personas que para mí son importantes. Era mi forma de darles las gracias por tanta presencia, por tantas hermosas cosas que me han dado. Todo ello no ha cambiado, al contrario, cada día me enorgullezco más por conocer a tantas personas tan distintas que al final me hacen enriquecer mi vida.

Pero volvamos.

A una de esas personas, a la que llamaré mi Princesa de las Olas, le pedí un favor. Le pedí que si podía entregarle la tarjeta a otra tercera persona. Ella me dijo que sí y hasta nos reímos de la posible reacción de esa tercera persona.

Tonto yo, si hubiera conocido lo que vendría después.

Lo cierto que les envié sus respectivas 2 tarjetas y un presente para ambos. Me explico, a mediados de año compartí, con ellos, un viaje a Pisa y Florencia. Gracias a Alitalia, y dos interminables horas en el aeropuerto de Roma, mis maletas no llegaron a Pisa y, con ellas, mis presentes para ellos. Pues, aprovechando el envío de las tarjetas, se me ocurrió enviarles un voucher, en un sobre plateado. Una cena para cuatro personas en la ciudad de los canales. Una cena para ellos, mis dos amigos, y a sus respectivas parejas. Era mi presente de navidad para ellos.

Cuál sería mi sorpresa que un día después, de llevar el sobre al correo, me llama Mi Princesa de las Olas y me dice: “Me parece, decidí, que es mejor no entregarle tu sobre a…, cuándo me llegue tu carta tomo mi tarjeta y la otra te envío de vuelta.”

No comenté lo del voucher. Me molesté, no lo puedo negar, pero no dije nada. Las cuatro cenas se perdieron, me trague mi enfado, la vida sigue y santas pascuas. Pero no. La historia no.

Yo, de sin vergüenza, seguí visitando sus respectivos blog dejando mis comentarios, notando que ellos respondían a todos menos a mí. Un mes después le escribí un mensaje por móvil, a Mi Princesa de las Olas, “tiempo sin saber de ti” y obtuve como respuesta un: “Esto es considerado como acoso y la verdad es que espero no se repita nunca, es más, sólo pido respeto y distancia. Usted me irrespetó e insultó y normalmente los que considero mis amigos no lo hacen.”

Yo le irrespeté? Yo la insulté? En qué momento?

Aun no salgo de mi asombro y al mostrarle el mensaje a Mi Ave Migratoria me dijo: “Tú…, acosando?, definitivamente la gente no sabe lo que es acosar”

Era la primera vez que leí, dirigido a mí, la palabra acoso. Confieso que a veces soy tonto y no mido las consecuencias. El párrafo de su mensaje venía, como anillo al dedo, a una historia que había escrito dos años antes. Así que lo usé y la historia la publiqué en mi blog. Más leña al fuego.

Por mi parte pensé que el capítulo estaba cerrado, pero no. Luego descubrí no uno, ni dos, ni tres…, cuatro fueron los escritos, que el destinatario de la tarjeta no entregada, me dedicó. No voy a mencionar el texto de tan maravilloso escritos. Me respeto y, sobre todo, le respeto. Sólo puedo agregar que su página me parece muy buena. Ya no puedo verla ni disfrutarla, él se encargó de cerrarme la entrada, no sin antes averiguar que tipo de Windows uso y no sé qué otras cosas más. El acosador, en ésta historia soy yo.

Capítulo 2.

A principios del año pasado viajé a Madrid con unos compañeros de la oficina. En Madrid tengo algunos amigos y dejé de verlos para conocer a Ña Coqueta. Nos citamos frente al café Gijón, la nota era la literatura, y la tarde sonreía. Mi Hijo, unos de mis compañeros de la oficina, luego me preguntó que “cuántos años tiene Ustedes conociéndose”, su cara era un poema cuando se enteró que estábamos viéndonos por primera vez.

Lo cierto que terminamos, Ña Coqueta y yo, cantando y recordando nuestra niñez, Sopotocientos por media Castellana. Mientras su hijo y mi hijo guardaban silencio, atónitos, en los asientos traseros de su auto.

Volví a Ginebra y era una delicia nuestras charlas telefónicas. Ella me contaba sus proyectos, de sus escritos, de su próxima novela y yo de los míos. Es más, en esas charlas nacieron tres post, tres post que le prometí, que les dediqué y ya publiqué. “Cuándo vuelves a Madrid. Una botella de vino tinto te espera” era la promesa cada vez que charlábamos. Los meses pasaban y mi viaje no se daba.

Por fin pude organizar mi viaje a Madrid a principio de este año. Fuegos artificiales por teléfono. Dos días antes me escribe y me dice: “Discúlpame, pero estoy ocupadísima…, y no te puedo atender”.

Bueno, lo bueno se hace esperar, pensé…, pero no.

Volví a Madrid y la llamé: “Mi hijo tiene un cumpleaños…”

Le llamé, meses después, una vez y la frialdad aun me hiela el alma.

Le escribí, palabra que no entendía, no entiendo y su única respuesta fue: “No hay nada que entender. Es un decisión personal”.

Fin de la historia:

Cada vez que le comento a Ña Coqueta mi comentario desaparece -tampoco son miles-, hoy fui y le coloqué lo siguiente:

“Cuánta ausencia…

Cuánto silencio

Cuánto nudo en la garganta

Cuánta intolerancia

Cuánta sentencia

Cuánto martirio

No existe cosa más triste que el silencio de un amigo, un pájaro sin alas, una campana nuda en la noche, un sin horizonte, un sin por qué…

El silencio entre dos almas, es un río de cartas por escribirse, sin tinta ni destinatario

Yo?

Aún espero,

Espero que las nubes dejen salir el sol

Escuchar una voz

Tanto silencio me aturde

Se pueden romper fotos, silenciar los sonidos

Se puede: cortar brazos, incendiar conciencias, bajar el telón, cerrar un libro, encadenar miradas…

Pero jamás con mi conciencia y la verdad de mis palabras…

Cuánta ausencia…

Cuánto silencio

Cuánto nudo en la garganta

Cuánta intolerancia

Cuánta sentencia

Cuánto martirio

Y por siempre, y que nunca se te olvide.

Todo lo mejor para ti.

PS: Espero que el mensaje llegue y no se borre.”

Y lo borró, y escribió, como respuesta, que soy un acosador.

Lo que más me duele y me pone triste es ser acusado, juzgado y condenado de gratis. Tuve durante un tiempo debatiéndome entre el callar o escribir. Si callaba daba la razón, si protestaba también.

No guardo rencor, el rencor agria y envejece. Pero de algo pueden estar seguros, les deseo a ellos, ahora y siempre, todo lo mejor de lo mejor.

Por mi parte cierro el libro, aprendí y eso se agradece.

Saquen sus propias conclusiones.

Se me olvidaba. Todo lo mejor para Ustedes.

sábado, junio 07, 2008

Hace algún tiempo, tuve unas de las exquisitas charlas con mi Amada Emperatriz China que, entre te e incienso, solemos pasar tocando multitud de temas. Con ella se debe ejercitar el intelecto, la rapidez mental, el juego de palabras y, sobre todo, el humor con diferentes tipos de Ph. Una de las cosas que le estoy agradecido a la vida, y de las cuales me honro, es el contar con ella, con su amistad, su sabiduría y su palabra.

A mi Amada Emperatriz China

Recordaba, estos días, una conversación en particular. Últimamente mis días han sido de un torbellino de cosas y situaciones. Circunstancias de vida en las que se tiene que tener el bote bien amarrado y con el ancla completamente asegurada. También con la vela sujeta firmemente, mirar estudiando cada una de las olas del mar abierto, con una brújula a mano y las cartas de navegación a punto. Peligroso tiempo el que vivimos, tiempos de dobles caras, sonrisas como muecas y amistades verdaderas. Campos minados, sonrisas en sordina y un etcétera de vértigo. Es dudar del sol y no creer en la luna. Yo me entiendo.

Recordé, una vez más, el día en que me le revelé como un total y completo intolerante.

"Intolerante? Tú?" Me dijo ella, tejiendo una sutil sonrisa en el aire y jugando, casi coquetamente, con su abanico de jade y sedas pintadas.

Hubo un silencio confuciano entre nosotros, mientras ella se perdía entre las nubes de un día sin nubes, dejó pasar cincuenta estaciones en un segundo y taladrándome con los ojos, volvió a decirme:

"Intolerante…, tú?" Respiró profundo, para terminar con un certero: "Arguméntamelo." Manteniendo, sin un asomo de expresión, su cara de porcelana fina. Momento que temo, la verdad.

La tolerancia se me ha desvirtuado. Debe ser la globalización -bobalización- me la convertido en trapito sucio por tanto uso y abuso. Se me ha puesto pré ta porte, en comida lista para llevar, en sombrero quita y pon.

Diariamente veo que lo de ser tolerante está de moda, distorsionamos la realidad y la maquillamos, la decoramos para que no moleste. Los disidentes son callados, las voces silenciadas y el mundo sigue.

La tolerancia es un camino espinoso y es mandada, al demonio o al altísimo, en el primer momento. Es un constante “no hagas lo que yo hago, pues si tú lo haces es pecado” constante y mirada que ni Torquemada.

Un pequeño ejemplo. Si una mujer occidental va a un país islámico, DEBE ponerse el velo. Por respeto o pues sencillamente la pueden matar. Nosotros los de los países occidentales debemos y tenemos que ser tolerantes con su religión y cultura. Pero si una mujer con su velo islámico viene a un país occidental y se le pide no portarlo, por lo de sociedad laica o por la nota feminista. La cosa se complica, pues Ellos -sobre todo los hombres de religión islámica- exigen que se les respete su religión y cultura.

Tolerancia con ellas

Y me pregunto. No se supone que lo que es igual no es trampa?

Somos tolerantes pero no aceptamos compartir la mesa con alguien de otro color, somos tolerantes pero “ese” -importante cara de asco- ser es vegetariano, latino, gay, gocho, comunista, pijo, mujer, tico, chavista, gringo, friki, moro, concheto, sifrino, marginal y no sé cuántas etiquetas más.

Tolerancia en Sudáfrica

También existe lo de: “Tú eres un nada, pero como yo soy inteligente, te acepto. Yo soy tolerante”. Papelito que juegan muy bien los países industrializados con los que no son tanto.

Tolerancia en el 3er mundo

Particularmente creo que la tolerancia va más allá de eso. Es entender, comprender, conocer, explicar, aceptar, oír, escuchar, ver, observar, estudiar, sentir, apreciar, y cualquier cantidad de verbos, al otro. Es nutrirme de otra realidad, de otra forma de ver mi realidad, es saber y entender que todo tiene, por lo menos, dos puntos de vista. Es, en definitiva, respetar al otro, es saber que no somos depositarios de la verdad absoluta. Es saber que no somos perfectos.

Mi significado de tolerancia es de igual a igual, es algo horizontal…, pues todos vamos al baño aunque sea una vez a la semana.

Por ello soy Intolerante, no comulgo con el uso de la tolerancia en los tiempos que corren.

La Emperatriz volvió a sonreír y me dijo:

“La tolerancia de arriba hacia abajo es arrogancia. La tolerancia de abajo hacia arriba es sumisión. La tolerancia de igual a igual es vivir y dejar vivir.”

Luego, mientras observaba el horizonte y veía el crepúsculo “…por cierto, apreciado Hechicero, distorsionar la realidad es sencillamente locura”

Ella en su infinita sabiduría es, sencillamente, divina.



Todo lo mejor para ti.


jueves, mayo 22, 2008

2…, por 1.


Nenúfar

2…,

La vida pasa, lo sé y en ello no soy nada, pero nada, original. Cada día tenemos la oportunidad en escribir algo en el gran libro de los libros. Podemos hacer lo que queramos en esa página, en esa página única del hoy. Desde un triste o humilde garabato a la novela nunca antes escrita. Podemos poner una mancha del color que más rabia nos dé o pintar el cuadro más hermoso creado por el hombre. Allí también está el pentagrama, de nosotros depende poner las suficientes notas equilibristas, el tempo, las ligaduras, trinos, los acordes y crear el sonido nunca escuchado, el sublime momento de un si bemol perdido en la inmensidad del cosmos o dejar "Ad líbitum" que el sonido crezca. Sentir el trémulo brillo de nuestra existencia y hacerlo eterno. En ello somos libres, tan sólo somos nosotros lo que decidimos que poner, colocar, quitar.

También tenemos la potestad de arrancar esa página, hacer un montoncito de papel y olvidarnos de “ese” día.

Desde hace un tiempo he querido escribir este post. Tengo tiempo dándole larga, pues no sabía cómo poner en palabras lo que la vida me regala, las experiencias que vivo. Lo maravilloso que ha sido compartir con tanta gente maravillosa. Todo lo aprendido, todo lo hermoso que es mirarse en otros ojos y aprender de ellos -Gracias sean dadas, por toda la eternidad, a mi amada y querida Emperatriz China-. Debe ser la edad que me hace ver las cosas desde otro punto de vista, también debe ser que lo cursi se me hace pastoso y presente. Hoy, por ejemplo, le comenté a un amigo que, a nuestra edad, la vida es de sibaritas. Debemos tomarla toda pero no hay que atragantarse, ser como los sibaritas que comen de todo pero con…, mesura. Templanza le llaman los antiguos.

También la vida nos golpea, cuando menos lo esperamos, y hasta en ello debemos estar preparados.

A mis cuatro gatos -Ña Tongolele, creame, yo si tengo SÓLO cuatro gatos- les comenté, durante mi viaje a Venezuela, que me estoy preparando, a éstas alturas de mi vida, a las despedidas. Ya es hora de que objetivamente, y sin pasiones tontas, aceptar que existen personas que se irán de mi fiesta cuando menos me lo espero. Personas que tendrán el mal gusto de marcharse antes que yo.

A Ella la conocí allá por el año 1979. Era la hermana del esposo de una profesora de bachillerato. Una matrona de las de antes. Era todo un personaje y escrutaba todo desde su atalaya medieval. Era la reina de su reino, sus fieles vasallos eran Brito y el Chino. Su dictamen era inapelable en su mundo de papel, reglas, tipos, la temible guillotina del fondo y olor a tinta fresca. Luego, tiempo después, lo fue en su mundo de vidrio, marcos "Maria Luisa", espejos, montones de estampas, cuadros, óleos y cristal. Entré a su casa, a su galería privada de autores valencianos y las envidiables marinas de Cañas. Entré a su casa y me anidé en ella. Descubrí que se encuentra un hogar azul y brillante de la mano de su hija. La hermana que nunca tuve. Hubo Castillos de Hielo, "Toquionesas" que nació un 21 de junio de 1979, bailes en Barbarella, mucho "Amor verdadero" del Colón y su tombón, muchas playas, carnavales, días largos, días cortos, algunos llantos y sonrisas. Siempre sonrisas.

La vida nos entrega, sin preguntarnos ni consultarnos, esas cosas que debes aceptar sin protesta posible. Llegamos y allí están. Un idioma, una patria y hasta una familia. Nosotros, de puro osados, construimos otra familia mientras vivimos, nos llenamos de otras madres, de otros padres, de otros hermanos, tíos, primos, sobrinos. Para redondear la familia que ya de por sí tenemos.

Ella se convirtió en otra madre para mí, esa madre putativa que uno debe conseguir por la vida y te jala las orejas, mejor y/o peor, que nuestra verdadera.

Ella era temible, una virgo por los cuatro costados. Doña Columba y Don Rafael -sus padres, es decir, mis abuelos putativos- temblaban al verla llegar. Era toda una Doña Querre-querre, pero con un corazón más blandito que mantequilla sobre una cachapa recién cocida.

Por Ella -movió cielo y tierra para que yo lo lograra- me encaramé en un escenario y construí un efímero sueño entre luces de colores.

Ella fue el “intléplido voladol” con un par de bolsas de CADA, con sus lentes a lo Jacqueline Kennedy, y su sobrina y su hija y yo muertos de la risa.

Ella y nuestra indigestión de queso fresco. Ella peleando con todo mundo pero al final riéndose con todo el mundo. Ella y el “bienmesabe” más rico del mundo. Ella y sus fotos con el cabello con obeliscos sesentosos y vestidos de bacterias a gogó.

Ella enseñándome a compaginar talonarios de facturas y hacer circulitos con el índice, sobre inmaculadas resmas de papel, para hacerlas, como por encanto, manuables.

Ella y sus montones de historias. Ella y su mirada de águila imperial. Ella y sus tantos tantos. Ella que casi me parió, su hijo es mayor que yo sólo por 7 horas…

Últimamente, cada vez que viajo a Valencia Venezuela, me quedo corto en mi “conferencia de prensa” -así llaman mis amigos a mis viajes, pues yo no voy de vacaciones si no de gira según otros- y me era imposible verla. Mi familia verdadera me toma todo el tiempo y de vaina tengo tiempo en ver a mis amigos.

El jueves pasado fui secuestrado por una amiga común y me llevó a verla. Hacía 5 años que no le veía los ojos ni le escuchaba la voz “in situ” y surtió el milagro. Es increíble cuando el amor verdadero nace entre los iguales.

“Los amores que se tienen en la vida nunca se olvidan…” decía Ilan en aquella canción de los primeros 80’s con toda razón. Allí estábamos, ella y yo, en nuestro particular “memoria y cuenta”, volvimos a reír, a abrazarnos, a recordar momentos, mientras Nini -nuestra mutua amiga, una hija más de ella y una hermana más para mí- y Dolores -su hermana, es decir mi tía- eran casi mudas testigos.

Nos despedimos con la promesa del vernos el próximo mes.

No hubo chance, no va a poder ser. Ella se fue. Ella, Doña Querre-querre se fue de mi fiesta dos días después. Se me fue sin despedirse. Ella genio y figura. Lloré el domingo pasado, no pude ir a rendirle mi cariño…, no me fue posible. Lloré mirando el mar, a la multitud de gaviotas escuchando guarachas y hasta un mambo. Puse música mientras lloraba y me quedé sin voz.

“…volvamos a entender que el amor es el derecho y el deber” a veces somos tan lentos en entender.

Hilda…, qué vaina contigo. Y ahora cómo le vamos hacer? Cuándo volvemos a compartir sonrisas?

Tan sólo se me ocurre volverte a darte gracias. Y pensar que de ello hablamos, de lo inmensamente agradecido que estoy del haber compartido un instante del maravilloso instante que es todos los instantes de una sonrisa. De tu sonrisa.

Gracias por las sonrisas aunque mis ojos aún estén llenitos de húmedos brillitos por tu despedida.

por 1.

Hoy tengo los sentimientos encontrados. La vida, para variar, te da simas y cimas. Ayer se le concedió el Premio Príncipe de Asturias a mi orquesta. Esa que José Antonio soñó allá un día de 1975 y pienso, me es inevitable, en Elida, Florentino, Antonio, Cheo, Matilde, Verónica, Juan Pablo, Izcaray -mi director-, Micaela y su violoncello, Martha, Andrés, Joaquín, Mary Schwarzenberg -esa señora tiene un pacto con el diablo, fue maestra de 4to grado de mi madre, allá en el colegio Peñalver, y está igualita-, mis clases de teoría y solfeo, el do-sol-re-la de mi violoncello –por qué no inventamos un violoncello con trastes…, te acuerdas Elida?-, aquellos endiablados “armónicos falsos”, Micaela con sus dedos sangrando a punta de pizzicatos. Mauricio con sus timbales…, a la maravillosa Morella Muñoz.

Espero que el primo, Dudamel, nos deleite tocando el violín. Será que Pablo Canela aún vive o los guaros son geniales, por algo Barquisimeto es la capital musical de Venezuela.

Si quieren vibrar –aunque, para mi gusto, está un poquitin acelerada- busquen en youtube Danzón Nro 2 de Arturo Márquez interpretada por mi orquesta y sonrían.


Todo lo mejor para Ustedes.


PS: Éste no era el post que tenía preparado, una vez más la vida decide. El próximo es, pretendo, sobre mi intolerancia.

jueves, mayo 08, 2008

Aquella música lejana… (Serie de 3, última entrega)

Puerto de Santander

De repente allí estamos, con los sentimientos espejos rotos y, vanamente, tratando mantener el tipo. Nos dibujamos, lo mejor posible, una sonrisa, respiramos profundo y la vida continúa. Cuántas veces nos ha sucedido. Lo peor es cuando se tiene algunos años y ya tenemos suficiente kilometraje como para saber algunas verdades de todas las verdades.

“Vivimos en un melodrama en el mejor tipo de Libertad Lamarque o de cualquier heroína cuarentona escapada del cine mexicano.” Me decía Migdalia, estrenando rol, divorciándose de su “amor para toda la vida”, fumándose un cigarrillo, cual María Felix, tragándose las lágrimas y ellas, las lágrimas, haciendo garabato en su maquillaje. “La vida se nos convierte en un bolero, desafinado y mal cantado”.

Y allí estamos, completando los discos que nos faltan en nuestra particular rocola. Llenando de nuestras vivencias las letras cantadas por otros, suspirando suspiros prestados.

La primera vez que tuve conciencia de algo llamado bolero, fue escuchando a Chucho Avellanet cantando canciones de María Grever, “Así…, siempre así…, siempre te amaré…, así…” apuñalando, a mansalva, cuanta adolescente, y no tan adolescente, se le atravesara por el camino. Corrían veloces los últimos sesentas –lo de antiguo no es metáfora- y yo escuchaba a Nilda, hija la vecina de mi abuela "La Filósofa" , aniquilar todas las notas musicales. Ella era la asesina de las canciones de Felipe Pirela, Leo Dan, Roberto Carlos, Piero, Leonardo Favio, Marco Antonio Muñiz, Enrique Guzmán, Los Cinco latinos, Palito Ortega, Cesar Acosta, Rocío Durcal -antes Juan Gabriel-, Armando Manzanero, Sandro, Elio Rocca, Nicola Di Bari y hasta mi abuelo, la paciencia tiene un límite, casi le quitaba la copa, cuando cantaba “Frente a una copa de vino” de Luisito Rey.

Bueno, algo debo agradecerle a Nilda "la desafinada", el saber que cuando no se tiene algunos dones, es preferible no cantar…

Y así siguieron, por mi vida, apareciendo cantantes, canciones, baladas que llegar en el momento que menos lo esperamos. Canciones que son boletos directos a la nostalgia. Nos llevan a aquella sonrisa, aquella mirada y nos quedamos viendo lejos, sin palabras.

La cosa empeoró con las canciones gringas, italianas y, los más osados, francesas -el mayo francés del 68 también trajo lo suyo, Charles Aznavour cantando en español no fue de gratis-. Era ver a mis tías, y a sus amigas, como peces fuera del agua, por los rincones decorando los primeros años de mi niñez.

A veces, cuándo menos lo esperamos, una canción nos trae un largo pasado, él cual, ya pensábamos era olvidado, completamente muerto y eternamente sepultado. Pero no, allí está, sacándonos la lengua, mofándose de nosotros y la vida continúa.

O peor aún. De repente nos regalan una canción y nos dicen sin anestesia: “Escuché algo y pensé en ti”.

Hace un tiempo, un pasado volvió y me regaló no una, si no dos canciones –quieres chocolate, pues allí te van dos tazas, recaliente y superespeso- y los futuribles, nunca cumplidos, se hicieron presentes.

Y, allí estaba yo, pensando que si hubiera pasado aquello, hubiera, hubiese sido lo otro. Los hubiere son tantos, pero no fueron, no son y jamás serán. Este post lo tenía pensado desde hace un año, su verdadero título era: “Canciones que te joden la vida”, pero luego de madurar la idea, nada en el mundo puede joderte la vida si tú no le das el poder. Además, la música siempre me ha acompañado -y espero siga- regalándome instantes maravillosos, momentos intensos, sencillamente instantes míos, instantes que regalo, instantes que disfruto.

Por ejemplo: Hace una semana me levanté recordando a Nilda y terminé, sabrá Dios por qué, cantando una canción de Claudia de Colombia mientras me cepillaba los dientes y reía, por Dios que Ustedes no saben cuánto me reí, por lo inusitado de la situación. La pasta dental y “Tú me haces falta” no pega, sencillamente no va ni con cola. Mi adorada Emperatriz China, cuando se lo comente, muerta de la risa, me dijo: “No será que tienes una conexión directa con radio Caracol”

En definitiva soy musical. Asquerosamente musical, pero tranquilos no pienso agobiarles con la lista de mis canciones, mis cantantes, mis temas…

Tan sólo les regalo una de las canciones que me regalaron y saquen sus propias conclusiones.


Todo lo mejor para ti.

PS: Regálame una canción y dime el por qué. Por cierto, estaré en CCS el 17 de mayo.

Nota: Gracias Leda por ese instante, la Caracas nocturna se veía perfecta entre la lluvia, allá en los ochenta, mientras Jordano cantaba su manantial, Montaner se presentaba en el Teresa, nosotros jugábamos a vivir y soñábamos en tantos futuribles. Eres parte de mi historia, gracias por tus dos tazas.

miércoles, abril 23, 2008

A quién corresponda: “No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras.”

Juan Luis Vives

Desde la Ópera. (Serie de 3, segunda entrega)

Carmen


La Ópera. No es fácil, no es nada sencillo, escribir sobre tamaño tema en pocas palabras, en pocas líneas. La Ópera, menudo problema. Cerremos los ojos e imaginemos un escenario vacío, un rayo de luz cae sobre él dibujando, retratando a alguien. Un ser que canta, que canta como muy pocos seres pueden cantar. También a un lado se desdibuja, por lo menos, un instrumento para acompañarlo, generalmente un piano y a su ejecutante.

Él o Ella canta. Un Aria crece entre esa voz y nosotros, nos subyuga, nos estremece, nos hace reír, nos hace llegar hasta las lágrimas. Pero eso es sólo el principio, La Ópera necesita una orquesta, vestuario, escenografía, efectos especiales de luz, sastres, peluqueros, maquilladores, zapateros, un director de escena, un director musical, otras tantas cosas y, sobre todo, los cantantes

“Un hombre desnudo que cruza el espacio y otro mira” definía Peter Brook al teatro, esa definición se le queda corta a La Ópera. La Ópera nació grandilocuente, nació híbrida para crearse y recrearse constantemente, La Ópera es complicada, extravagante, absurda y burguesa. Fue hija de los nobles, de los burgueses, de los ricos y de los nuevos ricos.

La Ópera es grandilocuente, sólo es necesario mirar los grandes teatros, enormes cofres de orfebrería exquisitas que la resguardan como joyeros inmensos. La Fenice, La Scala, Ópera de Roma, Covent Garden, El Metropolitan, El Colón, El Real, l'Opéra Bastille, El Liceo, La Sydney Opera House, Opernhaus Zürich…

La Ópera es híbrida, es el arte total, él más complejo y la unión armónica de todas las ciencias. Acústica, matemática pura, arquitectura, física, química, la astronomía -son tantos los astros y estrellas de diversos pesos-, la mecánica cuántica –si todo es desplazamiento ondulatorio, mi amigo Planck me daría la razón-, biología y un abultado etcétera. Todo. Todo está allí para hacernos un instante inolvidable, un instante memorable mientras vemos a ese ser, a esos seres llamados cantantes, que como médiums, nos traen, o nos llevan, a otros lugares, a otras circunstancias, a otras vidas.

A La Ópera vamos a llorar, a reír. Necesitamos despegar del suelo, y lo hacemos gracias a esa mezcla de música y poesía que nos proporciona emoción.

Es en ellos, en esos seres, los cantantes, donde La Opera encuentra esa fuerza que la hace indestructible desde hace más de 400 años. Artistas que salen al escenario sin red, con el principal activo de su voz y el único propósito de trasformar el aire en puro líquido lagrimal. Ellos se exponen, quienes dan la medida del riesgo, quienes hacen que la ópera sobreviva por los siglos de los siglos, amén. Ellos han fundado y representado estilos, resurgir cerdas, han resucitado roles y maneras de entender el canto.

Vamos a la historia, cosa nada fácil y terriblemente pretenciosa de mi parte, es como resumir la historia en un par de paginas. Pero soy osado y allí me lanzo:

La Ópera nació italiana y tuvo su siglo, y fue el XVIII, el reinado de los castrati. Ellos fueron las estrellas primarias de un arte que luego iba a evolucionar hacia soluciones más humanas, sin necesidad de salvajadas quirúrgicas previas. A ellos se le debe la expansión de la ópera por toda Europa, se convirtieron en los primeros divos de un arte floreciente que necesitaba ídolos.

Era los tiempos de Farinelli, sus duelos con las trompetas hacían gritar de júbilo media Bolonia, de Cafarelli y de sus desmanes en Roma, de Senesino, el favorito de Haendel. Ellos marcaban los gustos de Venecia, Nápoles, Viena, Londres de la época.

Alessandro Scarlatti, Antonio Caldara, Georg Friedrich Haendel y sus respectivas Óperas sólo interpretadas por hombres…, ya saben, la Iglesia Católica y Apostólica –y todos los ólicas posibles-ataca de nuevo. Perdón…, para mayor gloria de Dios.

Después llegaron Gluck, Haydn y, sobretodo, Mozart. Nace la ópera alemana y los cantantes pasaron a segundo plano. Aparece el compositor, eclipsando con su figura desatando la locura en Hamburg, Viena, Salzburgo, Praga, reinando en lo quedaba del siglo XVIII.

Llega el XIX. Su majestad lleva el nombre de Gioacchino Rossini. Con él La Ópera se convierte en algo parecido a la gula y la lujuria, no importa en qué orden. Con Rossini no queda más remedio que cantar bien, con expresividad, gracia y sentimiento. Basta un ejemplo: El sádico de Pesaro escribió “Cessa di pui resistere” para El Barbero de Sevilla, todo un riesgo para la cuerda del tenor. Nadie la cantaba, desde hacer décadas, sobre un escenario, hasta que llegó, gracias a los dioses, un maravilloso Juan Diego Flórez. La vida es justa y la mecánica celeste existe.

Otra cosa es Donizetti o Bellini, es la mezcla de arte y virtuosismo. Su vocalismo suave, expresivo y a menudo espectacular. El belcanto en estado puro.

Aparece Verdi, con una forma completamente distinta de entender el canto y el espectáculo. Los barítonos recuperan la fuerza y el protagonismo que una vez les dio Mozart y que el belcantismo había traspasado a un segundo plano. Si bien propone y proporciona campos de expresión, un Macbeth, hasta festivo, también crea una Violeta Valery, rol fetiche para cualquier soprano, con sus matices más dramáticos. Con Verdi aparece la psicología compleja de personajes trastornados y la intención profunda en los argumentos. Con él nace la ópera política y nacionalista. Cosa que es retomada por los rusos Glinka, Borodín, Rimski-Kórsakov y la obra maestra del género, Borís Godunov de Músorgski

En la misma época de Verdi, surge un Richard Wagner y su concepto de obra de arte total. Verdi y Wagner utilizaron su arte como arma de expansión cultural, incubada junto a una nación. Italia y Alemania. Los dos supusieron la culminación del compositor como figura estelar de todo el siglo XIX.

El final del siglo XIX y comienzos del XX, la cosa se complica. La Opereta, la Zarzuela, el Musical… y yo no terminaría nunca.

Dicen los entendidos que el siglo XIX fue el de los compositores, el XX de los cantantes y el siglo XXI será de los directores de escena. Yo diría que el siglo XX fue también de los grandes directores, Herbert von Karajan, Georg Solti, Claudio Abbado, Nikolaus Harnoncourt, Sir Colin Davis, Seiji Ozawa, Daniel Barenboim, Riccardo Muti entre otros. Arturo Toscanini, director nada complaciente, clasificaba las inteligencias menos agraciadas en tres grados: “Tonto, muy tonto y tenor”…, sobran los comentarios.

Mención aparte merecen los Directores de Escena: Calixto Bieito, Peter Brook, Roberto De Simona, Giancarlo del Monaco, Eduardo Diago, Achim Freyer, Denis Krief, John Pascoe, Luchino Visconti, Carlos Wagner, Petr Weigl, Robert Wilson, Jonathan Millar, Francesca Zambello, Michal Znaniecki y me quedo corto.

Una amiga, Migdalia, me comentó: “Yo tendría unos ocho años cuando escuché la Habanera de Carmen y no sé por qué, pero esa voz me cambió la vida.”

Y de quién era esa voz?

Maria Callas

Si algo tenía asegurado en vida Maria Anna Cecilia Sophia Kalogeropoulos, para los íntimos María Callas o sencillamente “La Callas”, después de haber sufrido todas las calamidades y de fracasar en las aspiración de cualquier ser humano, ser feliz, era su carácter de leyenda. Nació en New York, en 1923. En los tempranos cuarenta, sufrió la humillación al ser rechazada y no poder interpretar el rol de Cio-Cio-San por gorda. Pesaba unos 100 kilos. Entonces, guaramo tenía la doñita, en un año adelgazó 37 kilos para cantar La Vestale de Gaspare Spontini, en Milán, y como director de escena a Visconti. Murió sola, en Paris, a los 53 años, después de sufrir la perdida de un hijo, el abandono de Onassis. Toda una campana de Gauss fue su vida. Una vida que valdría el libreto de una buena opera

.Roberto Alagna

Anécdotas en La Ópera, miles, miles de miles. Para muestra, preguntenselo al tenor Roberto Alagna, que no soportó los gritos del publico, dejando a la mezzosoprano Ildiko Komlosi “Povera donna, sola, abbandonata in questo, populoso deserto”, en pleno segundo acto, en la italianísima versión de Aída, en La Scala, con un discretísimo Franco Zeffirelli como director de escena en diciembre del 2006

Mis Óperas: La Bohème –te acuerdas Emperatriz?-, La Cenerentola -con la sonrisa del gato de Cheshire a mi lado-, Rigoletto, Don Giovanni, Las Bodas de Fígaro, La Traviata, Carmen, Boris Godunov, El elixir de amor, El Barbero de Sevilla -terrible Madrid-, Lucia de Lammermoor, Turandot, El Caballero de la Rosa, Diálogo de Carmelitas, Aída, Madame Butterfly, Norma, Tosca, La Flauta Mágica,…

El tiempo cambia, ahora ya no es necesario ir al teatro, a la ópera a disfrutar de ese raro sortilegio. El video, los CD y hasta internet nos trae a nuestra sala toda la magnificencia de lo hermoso…, pero yo prefiero verlos allí, frente a mí, bañados por esa luz.

Cuando el oboe rompe el aire con su la natural y la orquesta afina, sé que va a comenzar un rito que me lleva, como en sueños, al estreno de L’Orfeo de Monteverdi, allá en la Mantua de 1607, y vienen a mí mis fantasmas. Sus nombres, entre otros tantos otros: Tito Gobbi, Cesare Siepi, Luigi Alva, Juan Diego Flórez -que canta, insisto, como un Dios-, Anna Kasyan, Joan Sutherland -memorable sus fa sobreagudo como la Reina de la Noche en La Flauta Mágica-, Beverly Sills, Edita Gruberova -cantando una sublime Lucia, desde hace veinte años, con todos los dos mi bemoles sobreagudos, y la canta cada vez mejor-, Mariella Devia, Montserrat Caballe –la única Madame Butterfly que se ha casado con su Pinkerton-, Renata Tebaldi, Cecilia Bartoli, José Carreras, Nicolai Gedda, mi amada Natalie Dessay -una personalidad compleja dibujada como el desorden aparente de un cuadro impresionista-, Sumi Jo, Renata Scotto, José Cura, el bajo bajísimo Boris Christoff –nadie como su Boris Godunov- y las superamigas inseparables…, Maria Callas y Renata Tebaldi…

Estoy también claro, a veces La Ópera es un ladrillo. Por ejemplo, soportar todas las horas de la tetralogía wagneriana y luego, lo entendería completamente, el suicidio. Pero, también eso tiene su encanto.

Todo lo mejor para Ustedes.

PS: Para aquellos que esperaban de “Desde la ópera” un post lagrimoso, lo siento. Ya en el mundo existen suficientes melodramas baratos, que con un poquito de música y buenos cantantes obraría el milagro.

Nota: Próximo post. “Aquella música lejana…”

domingo, abril 13, 2008

Ella bailaba como nadie y su nombre era, es, será Laura. (Serie de 3, primera entrega)


Rabia

Y Ella llegó con su aroma cautivador a cautivarle los sentidos.

__Mi nombre es Laura Montero y voy a ser su profesora de matemáticas, de análisis I…

Ella llegó con su aroma cautivador a cautivarle los sentidos.

__…la próxima semana, vamos a tener un examen. Les agradezco que no estudien nada, pues será bueno, tanto con ustedes como para mí, saber cómo están sus conocimientos en la materia que nos compete…


Todo tiene siempre un por qué, una causa y efecto como dirían los físicos. Es necesario un poco de historia,

Para él, desde niño, las matemáticas no representaban ninguna dificultad. Su juego preferido fue el ábaco que le regaló su abuelo paterno aquel maravilloso diciembre de sus primeros cinco años. Tampoco deliraba con los 7 por 4, ni se rompía la crisma por resolver algunas multiplicaciones de fracciones o disfrutar con los algoritmos de cambio de base. De algo estaba claro, se le hacía fácil, pero no como para echar cohetes. Pensaba él.

Por ello, los primeros años educativos, pasaron causando alguna que otra envidia, entre sus compañeros de aula, cosa que él nunca entendió. No era un genio, tan sólo tenía algún talento en hacer multiplicaciones por ocho cifras o sacar las raíces cuadradas sólo para mantener la mente ágil.

El acabose llegó con las ecuaciones de segundo grado, la radicación y la trigonometría. Dar clases a pudorosas niñas e insoportables niños, hijos de los amigos de sus padres. Constatar que explicando algunas funciones, el seno, el coseno, las diagonales y las tangentes hacían funcionar algo entre su entrepierna, y de qué forma, fue todo un descubrimiento.

Mauricio -Miauricio para su particular club de fan- desplegó todo su encanto en plena adolescencia. No era un adonis, pero tampoco un adefesio. Tenía algo en su personalidad que hacia suspirar a las más bellas chicas de la ciudad y sobre todo a las del club. Añejo club de rancio abolengo y boato del cual su familia era casi fundadora, casi desde que emanó el primer chorrito de petróleo y transformó el país en otro. Ellas, las niñas, eran puro suspiro entrecortado a medida que él caminaba por los pasillos. Era igualmente odiado por todos aquellos que no comprendían como él osaba arrebatarles las mejores chicas de la sociedad. Si bien uno que otro, de sus odiadotes y en contra de todo pronóstico, se enredó en su encanto. Siempre se cae en las redes de lo que se odia, pero eso es otra historia. Historia que muchos de ellos prefieren olvidar o dejar de lado, como se hace con un mal sueño.

Pasaron los años y él se vio estudiando Relaciones Industriales en una de las mejores universidades de la capital.

Función elíptica de Jacobi

Y Ella llegó con su aroma cautivador a cautivarle los sentidos.

__Mi nombre es Laura Montero y voy a ser su profesora de matemáticas, de análisis I…

Dios y todos sus santos en su mirada , en su voz, en su sonrisa.

__…la próxima semana, vamos a tener un examen. Les agradezco que no estudien nada, pues será bueno, tanto con ustedes como para mí, saber cómo están sus conocimientos en la materia que nos compete…

Craso error, medio salón salió en búsqueda de todos los libros de matemáticas existentes en sus respectivas casas, volvieron a revisar viejos apuntes.

Mauricio ni se inmutó. No abrió un libro, ni un cuaderno o algo que le recordara una ecuación.

El examen se hizo casi bajo lluvia en la temperamental mañana caraqueña. De los 45 minutos que duraba el examen, Mauricio utilizó menos de 20…, se acercó a entregar su hoja.

__Ya terminaste? Todo bien?

__Creo que sí.

__Si quieres te puedes ir.

Y Mauricio aún no sabe el por qué volvió a su pupitre, de la primera fila, y se quedó allí.

Laura vió su examen y se sentó en un pupitre al lado de Mauricio.

__Por lo visto no está nada mal.

Y allí se quedó, charlando como si se conocieran de toda la vida y Mauricio en un terrible dilema. De vez en cuando veía, tras de él, que las hojas con los exámenes de sus compañeros de clase volaban de un lado a otro del aula. Todo se estaban copiando impunemente y él no sabía que demonios hacer. No quería que Laura pensara que él era un ardil para distraerla y al mismo tiempo sentía esa absurda fidelidad grupal de pertenecer a algo.

Su martirio culminó con la finalizacion del examen y todo volvió a la calma…, bueno, no todo.

Desde ese día se convirtió en el mejor amigo de Laura, una mezcla de admiración e idolatría, así los años pasaron. 5 años después él se graduaba y lo fue directo al cubículo de Laura para que ella le firmara el título.

Un día se le declaró a Laura. Ella entre sorprendida y jocosa le dijo:

_Mauricio…, dónde demonios voy a encontrar un amigo como tú. Además, tú sabes tanto de mí y yo tanto de ti que sería completamente imposible. Eso sin mencionar que casi puedo ser casi tu madre.

Juntos vivieron el transcurrir de los años en mutuo apoyo fraternal. Los problemas de los padres de Mauricio al divorciarse, asesorarlo en la búsqueda de un empleo para él, luego de estudiar una lluvia de solicitudes y con la invalorable ayuda del esposo de Laura, el maravilloso Víctor, gerente general de una entidad bancaria y muy unido, casi adosado, a las finanzas del país. El divorcio de Laura del maravilloso Víctor, trata de entender el mundo femenino, que a pesar de tenerlo tan a la vista, y como hombre, jamás se enteraba. Ver a Laura, completamente destrozada, cuando se enteró que la patria potestad de su hija iba a las manos de Víctor. Presenciar como Víctor compraba con regalos costosísimos el cariño de su hija y constatar como Cristina, la niña, se dejaba sorprender como toda niña de siete años. Ver como un mar de muñecas, vestidos y caramelos sepultaban la habitación de Cristina y el efecto inevitable, “Me voy con mi papá, a la casa de mi abuela” y Laura morirse por dentro. Celebrar con Laura la vuelta de la hija, un año después. El maravilloso Víctor se casaba y Cristina, su hija, no estaba en sus planes.

Ayudar a Laura en su maestría, en su trabajo de ascenso en la Universidad y hacerse con un doctorado en ciencias.

Para Mauricio su vida social era intensa, debido a su cargo, cualquier cantidad de viajes, reuniones, simposium, comités y el caos de la crisis bancaria venezolana de la era Caldera II. La sobrevivió a ella por aquella conseja del “Nunca poner todos los huevos en el mismo cesto” y se estrenó como profesor universitario, las finanzas era, por fin, su horizonte más amplio. Además, tuvo una constelación de chicas, en dónde escoger. Se convirtió en un playboy latino con mucho dinero…y tenía muchas amigas.

Pero su amiga, LA amiga, era Laura, nadie podría opacarla. Nadie como ella con su cultura, con su voz, con sus temas de conversación, hablar de opera, de ballet, de arte, del acontecer mundial, de historia, de política, de cualquier tema. Nadie con su mirada, con su sonrisa, nadie como ella para superar el problema de la edad al sentirse vieja y aceptar que nunca sería para él. Ella se lo puso muy claro, desde el principio…, solo eran y serían amigos.

La fiesta terminó y Mauricio, como de costumbre, era el último en irse de la casa de Laura. Se iba luego de ayudarla en recoger el desastre que siempre queda luego de una reunión de amigos. Los vasos sucios, los ceniceros llenos, los platos si hubo cena, las botellas variopintas y ordenar el apartamento, compartir el último cigarrillo, la última cerveza, un par de besos en las mejillas y hasta otra oportunidad.

__Está haciendo como calor.

Y él abrió las ventanas y buscó otra cerveza, la última de la noche, antes de la despedida.

__Me voy a poner algo más fresco.

Y volvió vestida de odalisca.

Y él se fumó su cigarrillo en silencio. No entendiendo, para nada, tanta cinematográfica escena.

__Mauricio, dame un beso.

Y él la besó, como siempre, en la mejilla.

__Ese no es el beso que quiero de ti. Tengo que explicártelo de otra forma

Respondió ella y él la miró, encontrándose con seis millones quinientos noventa mil setecientos ochenta y cuatro serpientes húmedas verdiazules, en cada uno de sus ojos, haciendo garabatos alrededor de sus profundísimas pupilas.

Y entendío...

Y volaron zapatos, caían ropajes, un represa de abrazos se habrían paso por cerros, montañas y valles. Jadeos que hicieron que la noche se inventara una tormenta para cubrir la cara de la luna y las nubes se convirtieron en sábanas tropicales. Uñas rojísimas se clavaban en varonil espalda. Su cuerpo fue devorado milímetro por milímetro, él descubrió pliegues desconocidos, flores ocultas. Era abrir cortinas, descorrer velos, besar hasta la sombra, beber suspiros, caminar más allá, más adentro. Sentir bailar sobre un dejo, en el borde de una mirada, ser por tantos años, sonreír profundo y degustar el punto del no retorno…

Tormentas de besos no dados, huracanes de piernas y brazos, tentáculos por disfrutarse, murmullos de tela, suspiros grandes como catedrales y robar la luz a las estrellas…

Ver erizarse la piel, trémulo brillo de estrellas, besos profundos de mareas intensas, otros jadeos, movimientos espasmódicos de ríos salvajes, sudor en las paredes, cristales que cerraban los ojos y, de repente, en ese momento, verla convertirse como se “volvía marioneta, triste”.

__Mauricio, esto no debió pasar, es mejor que te marches.

Como en sueños y justo en el momento antes del grito de la noche, cuando el placer se convierte en potro sin dueño, cuando el relámpago está a punto de aparecer, en ese momento, en ese instante del ser o no ser, Mauricio escuchó la voz fría de Laura, transformada ya un témpano en donde, un segundo antes, era el calor del sol que quemaba todo su cuerpo.

__Esto no debió suceder… y es mejor que te marches.

__Está bien.

Se escuchó decir, salió de la habitación. Se vio buscando sus cosas por la sala, vestirse, calzarse, buscó su reloj, recogiendo lo que tenía que recoger y sin entender, sin pensar. No era tiempo ni el lugar para hacerlo.

Se fue, ella no salió a despedirlo. Sólo hubo, un mes después, un duro y simple: “No hay nada que entender. Es un decisión personal” como única respuesta y por teléfono. Nunca más se han vuelto a ver. De ello hace algunos años, muchos años, demasiados...

Hoy vi a Mauricio y está con su sonrisa de siempre, con su tristeza de siempre y siempre me dice lo mismo: “No entiendo a las mujeres, definitivamente…, no las entiendo”


Todo lo mejor para Ustedes.


NOTA: El próximo post…, “Desde la Ópera…”

martes, abril 01, 2008

El primer trimestre.

Templo de Debod

Comenzando el año comenté que éste iba a ser un año estupendo y lo ha sido, lo es y será. Lo he decretado así y así debe ser.

Una vez leí una novela de Isabel Allende -confieso que la he leído-, una frase. Siempre he comentado que ella es una autora de frases. Frases demoledoras, frases que sólo encontrarlas merece la pena leerse los ladrillos que ella escribe. “Deséame una vida interesante, rica…, no me desees que sea feliz. Ser feliz debe ser tedioso, fastidiosísimo, nada agradable para ser vivido”. Y la Doña Chilena, amigos míos, tiene toda la razón.

Este año va por ese camino, estos últimos meses han sido una verdadera montaña rusa, a veces agobiante, a veces con sus momentos insólitos, descubrir, por ejemplo, que lo que era no era y que las mascaras caen mostrando sus maravillosas realidades -por horribles que puedan ser-. Descubrir secretos, conocer verdades, entender, caerse, levantarse, comprender, escuchar, oír, sonreír en definitiva vivir en mayúsculas.

Qué ha sido o ha pasado en este trimestre que termina. A vuelo de pájaro ha sido lo siguiente:

Sufrir, por segunda vez, un robo en casa.

A raíz de la muerte de mi suegro, el año pasado, yo decidí -en mala hora- traerme todas las joyas de la familia. Me traje, completito, “El loro de Moscú” a casa, joyas con algunos años -siglos algunas- y algunos secretos. Piedras preciosas con sus preciosos trabajos en platino y oro, leontinas, anillos de película, pesadas gargantillas, increíbles zarcillos, relojes espectaculares de reinos perdidos. Me las traje, quién iba a pensar que un par de pendejos tuvieran en su casa un tesoro. Pues, se perdieron. Descubrí su perdida al buscar una chaqueta, tiempo después, y no encontrarla. Me dio por revisar y descubrir que faltaban cosas, entre ellas las joyas. Eso fue el año pasado.

Este año volvieron a entrar. Yo estaba de viaje y Mi Ave Migratoria me llama: “Menos mal que no estás aquí…, volvieron a entrar y todo es un desastre”. Ésta vez se llevaron muchísimo más, mi modesta colección de relojes y algunas cosas completamente insólitas.

No lo siento por las joyas o por su valor, nunca las iba a lucir ni usar, no suelo ser ostentoso, es más, no eran mías y las llevaría falta. Lo siento por lo que representaban, por su historia, el anillo de la bisabuela, el broche de Mariannne…, y, sobretodo, por La Rosa de Jericó, eso sí me dolió. La Rosa de Jericó pertenecía a la familia de mi Ave Migratoria por más de 200 años, mi suegro la guardaba como su verdadero tesoro. Todos los fines de años hacía su rito, era ponerla en agua, verla hidratarse y, cual “Gran Gurú Helvético”, pronosticar, a la familia, el próximo año. El fin de año pasado fue nuestra primera vez, en total intimidad, y última vez, que lo hicimos sin él…, y me pregunto: Qué demonios van a ser unos vulgares rateros con La Rosa de Jericó? Se iban hacer un tesito? Se la iban a fumar? Iban hacerse una sopa? Nos devolverán la ilusión al verla ver la cara de Güsty -mi suegro- y sus ojos de niño ochentoso?

Saber que existe gente pa’tó. Como diría mi Niña de Ojos Profundos.

Constatar, asombrado, que la genética confecciones divinas criaturas mezclando, tomando un poco de aquí, un poco de allá. Un ejemplo, tomado al vuelo y juro que no es metáfora: Crúcese un Anopheles con una Glossina, póngale el toque de los ojos de la novia de Chucky en el cuerpo de Gullum, según Peter Jackson, y saldrá una Alex Forrest cualquiera. Con toda su mala uva y presencia. Ella, que vive en la calle de la amargura y pretende que le acompañemos de por vida. Son esas personas que uno les habla, las cubre de rosas, les desea lo mejor de lo mejor, les regala sonrisas y ellas no los aceptan, amargándose cada vez más.

Es terrible, amigos míos, ver como un ser maravilloso se vuelve garabato, en espejo roto. “Es un caso perdido”, dicen y yo no lo creo. Sencillamente espero que se convierta en la mariposa que sé que son, y vuelen, en divino vuelo, a la armonía, a la paz que necesitan, a la paz que les deseo. Eso espero, eso quiero para ellos.

Cuando me encuentro con ese tipo de persona me felicito. Escuchar una obra musical sin los bemoles, sostenidos y alteraciones es muy fofo. Los bemoles, sostenidos, las alteraciones enriquecen la música. Es más, se imaginan un piano sin teclas negras? A su sonido parecería que le faltara algo. Por eso ellos, al conocerles y compartir un tiempo sus vidas enriquecen la mía, me enseñar otras realidades, otros presentes y eso se agradece. Amigos, en la vida se debe ser agradecido. El que tenga ojos que lea y quizás comprenda.

Mi empleo: Descubrir, día a día, lo interesante que es. Un mundo dentro de un mundo en el mundo. Confieso que a veces me gustaría salir corriendo, buscar otra cosa, confieso que por mi trabajo dejo de ser otras cosas que me gustaría hacer, -entre otras cosas leer y comentar en sus blogs- pero también confieso, sencillamente, que me encanta hacer lo que hago, es un reto diario y la adrenalina me vuelve loco. Será que soy completo masoquista, disfruto con mis horarios de infarto y mis cenas de madrugada, casi desayunos. Quack está entrenado y mantiene la mesa preparada a la hora que lleguemos. Mi Ave Migratoria no se queda atrás compartiendo ese insólito mundo.

“Justifica tus limitaciones, y ciertamente las tendrás” escribió Richard Bach -también lo leí-, allá en su “Ilusiones” en 1979…, Dios qué viejo soy!!!

Ha sido conocer y reconocer, aunque de pasada, ciudades maravillosas -la siempre sorprendente Berlín, la fría lluvia Stuttgart, mi amada Zürich, mi “amor odio eterno” con Madrid, las gentes de Bruselas, la piadosa Sevilla, la sutil Lisboa…-

Reencontrarme con el timón, el mástil, la vela, el viento en popa que es Mi Amada Emperatriz China en mi vida. Saber que está allí y maravillarme con su rapidez mental y su contagiosa risa.

Ha sido reencontrarme con Rossini y perderme entre sus notas, en sus endemoniadas partes para tenor. El redescubrir a Joaquín Rodrigo su obra y saber que los recuerdos están en mí, reírme con Tricicle, en una fría noche ginebrina, que se volvió cálida en aplausos y en risas infantiles, en las caras de aquellos adultos banqueros suizos. Como compañía? La sutil y cálida presencia ginebrina de mis amigos y la mirada, de selva amazónica, de mi hijo putativo.

Es caminar por Aranjuez, compartiendo el camino con unos ojos de película, tarareando –tratando- el “Allegro gentile” de Rodrigo, entre los jardines Del Príncipe, y encontrarme con una guía. Sencillamente “La Guía”. Amigos, yo daría media vida por tomarme un chato con ella y escucharla por horas. Sí…, escucharla por horas, por días para aprender de otras miradas, de otros horizontes, pero con su risa y en su mirada. Amigos, qué señora, qué dama. La vida me debe volverla a ver y tomarme unos cuantos litros de su sabiduría.

Ha sido encontrarme con sorpresas, gratas y otras no tan gratas, como las de mi amiga Martha, Roberto, Antonio, María, Catherine, es enviar toda buena mi energía y lo mejor de mí a mis amigos, de algo debe servirme ser Hechicero y, sobre todo, Antiguo.

Día a día, y al pasar del tiempo, veo, entiendo y aprendo a ser lo que soy. No soy ni mejor, ni peor persona…, sencillamente soy distinto y eso, ser distinto, es sencillamente divino.

Escribo amigos, como lo hizo en su día Neruda, un “Confieso que he vivido” -también lo leí-, espero seguir haciéndolo y tener, sobretodo, a mi lado a Mi Ave Migratoria…, para aprender a volar juntos y compartir el descubrimiento con Ustedes, qué más puedo agregar o/y pedir?


Todo lo mejor para Ustedes.


PS: La foto es el Templo de Debod, la tomé a principio de año, cuando Madrid me regaló un maravilloso día primaveral en pleno invierno. Se la debía a mi Amada Emperatriz China, ella me debe pasearse conmigo y hablar entre sus piedras.

NOTA: Debo 3 post y serán los próximos que escriba. Se los debo a Laura y a otras otras, y a otros otros.

sábado, marzo 22, 2008

Volvamos al principio de los principios: Hoy Octavia me enseñó un mensaje en su teléfono, un: “Esto es considerado como acoso y la verdad es que espero no se repita nunca, es más, sólo pido respeto y distancia. Usted me irrespetó e insultó y normalmente los que considero mis amigos no lo hacen.” Palabra que no entendí, hasta que me lo explicaron, cómo se le hace a un niño, de 7 y pocos, el cómo amarrarse los zapatos.

Gabriel y Flora, Ellos.

Entre ellos

Gabriel trabaja en una multinacional, una multinacional con tentáculos en todo lo que la bolsa, siempre al alza, pueda cubrir. Hoy está en New York, mañana en Cape Town jugando golf y pasado mañana perdido tomando sake entre samuráis de las finanzas niponas, mientras vende la última producción de té verde para el mercado asiático y sin ensuciarse mucho el traje de lino. Es el menor de tres hermanos de una saga familiar de vascos que llegaron en los barcos de la Compañía Guipuzcoana, allá por 1730, a las costas venezolanas. En la sala de la casa paterna, está un árbol genealógico, en donde las mujeres, brillan por su ausencia…, le inocularon que las mujeres son parte del decorado. En él la tolerancia es sólo una bonita palabra, le enseñaron a ser niño mimado, enfermizo y completamente cruel con las otras personas que no fueran de su clase. No es racista, pero tiene severas preferencias étnicas, si son de piel y ojos claros…, mucho mejor. “Nada personal…, pero no puedo soportarlo”

Siempre juega al yo primero, debe estar siempre en primer lugar y si no está…, arde Troya con caballo y todo. Helena…, no importa, lo importante es el orgullo de mi sangre. Colecciona aparatitos caros, que usa y desecha con pasmosa facilidad, ropa de marca, tecnología siempre de punta y propiedades, por medio mundo, que no disfruta, pero las tiene.

Flora, luego de soportar las burlas de todo el vecindario, por su nombre, y por ser fea como el odio, se llenó de él. Primera hija de un matrimonio que tuvo sólo niñas, soportó el estigma de ser lo que no se esperaba de ella. Se juró comerse el mundo y vaya que lo hizo. Su madre le ayudó a preparase, era maestra, y la Flora destacó como nadie. Ella era la preferida del Espíritu Santo…, el día de Pentecostés se lo tomó para ella solita, el don de las lenguas se hizo verbo en ella, logró dominar cuanto lenguaje se le atravesaba y aprendió a usar sus escasos dones. La naturaleza le privó de belleza externa, pero le puso, a cambio, un cerebro maquiavélico en todo el sentido. De su padre, sólo puede decirse que el odio era mutuo y pasó de él.

Su meta, ser alguien y convertirse en una versión tropical de la "Condesa de Montecristi", sin el Abate Faria, ni Hada Madrina a la vista. No tenía ninguna posibilidad, entre tanto comercio de tercera y tiendas de poco pelo. Ese era su reto. Vestirse con retales era su peor castigo, pero algún día diseñarían para ella.

Ganó una beca, con las uñas, pero la ganó, y estudió Derecho…, a medida que pasaba los años, trabajó en todo lo que se le presentaba y ahorraba, ahorraba y ahorraba. Se hizo amiga, casi íntima, de una compañera que tenía como hermana una odontóloga y así fue como se arregló su equina dentadura.

Gabriel se acostumbró a ir a las compañías del emporio paterno y sin la necesidad del “abre sésamo” respectivo, todas las puertas se le abrían. Se le preparó a ser “El heredero” pues su hermano mayor tuvo el desatino de enamorarse de una nativa y el olvido paterno le cubrió por los siglos de los siglos. De su hermana…, nada se sabe, sólo que cuida a la abuela materna en perenne actitud de muchacha ciega.

El viejo le llenó de tutores, alta gerencia intravenosa y la exigencia enorme. Gabriel, que le gustaba lo bueno, no se dejó apabullar. Daba y exigía por igual. El mundo estaba predestinado sólo para él y sólo él disfrutarlo.

Flora se convirtió en amante de cuanto profesor se encontraba, nadie sabía cómo lo hacía, pero todos caían en su red, fue estrenando nariz, senos y comenzó a ahorrar en divisas de todo tipo. Botó toda imagen y foto que le recordara aquel adefesio macilento y se presentó en la casa paterna irreconocible -las novelas existen en la realidad y hasta las superan-

Entró a trabajar en una corporación, su don de garrapata era su mejor aliado…, a medida que chupaba sangre, y otras cosas, se fue esponjado, sembrando ponzoñas, llenándose de poder e influencia. De algo que nunca se podría decir de ella, es que fuera reacia a los riesgos. Allí estaba ella jugándose la vida en una carta. Eso sí…, ruega para que no te encontrara un lado flaco…, pues cuando menos lo esperabas, sentías sus perfectos dientes en tu cuello o desaparecido entre sus cuidadísimas uñas y no soltaría, a su víctima, hasta que desapareciera cualquier indicio de vida. Lo hacia con tal clase que a la fina hasta le agradecían el asesinato, el crimen. Así como llegó a la Dirección Internacional de la Corporación, en la casa matriz en Dallas, para América Latina. Paris, Roma, Londres brillarían en su pasaporte y ella tendría esos sello como garantía de su triunfo. Nada era lo suficiente en su hambre de “poder y gloria por siempre señor...”

En el camino de Gabriel se atravesó Octavia…, y con ella una dote jugosa en la rama textil Colombiano, medalla que ansiaba su padre para el pecho de su hijo. Se le revisó con lupa los 12 apellidos y la boda fue de película. Tulipanes multicolores, extrañas orquídeas dejaron a Octavia convertida en virgen a un lado del altar mayor de la Catedral y un coro hermosísimas monjas cantaban el “Ave María”.

Como la mejor amiga de la novia, Flora. Flora la amiga que Octavia ayudó tanto allá en Philadelfia. Allí estaba Flora, aguardando su momento, con estudiada mirada y cuidada figura. La ambición nunca llena se le escapaba por los ojos. “No sé por qué, pero siento que todo el mundo me envidia…, es triste vivir con eso, no?” Le escuché una vez y juro que aún no me he repuesto de semejante frase.

Gabriel tenía la fama de anular a todo el mundo, te transformaba la sombra según su estado de ánimo. Todo debía moverse bajo sus parámetros. No existía hombre o mujer que colocara sus dogmas o forma de pensar ante él. La arrogancia transformada en hombre.

La primera vez, que por teléfono, escuché la voz de Flora, hubo algo en su voz que no me gustó, pero no hice caso. Cuánto lo lamento.

Gabriel y Flora se conocieron por Octavia. “Yo te dije, que aquel dijo, que la otra había dicho…, sabías que vi…, sabías que encontré…, salgo para allá…, me encontré con…, qué casualidad voy a Italia y…”

Ya, luego de un tiempo, Octavia es historia en la historia de ellos.

Existe gente que es una supernova y otra son agujeros negros, me dijo una vez Cristina –una maravillosa niña de ojos caramelo verdoso y sonrisa irónica- y fue lo primero que recordé al ver que Octavia me inundaba la casa, a punto de lágrimas, contándome su historia. Mientras las Supernovas destruyen todo para volver a comenzar, los Agujeros Negros nunca tienen su hambre satisfecha.

Es terrible mantener la cordura y no terminar con una sonora carcajada. Me explico, mientras Octavia me contaba su tragedia egipcia. A un lado, fuma que te fuma, estaba a Mi Ave Migratoria con cara de acertijo, tanta telenovela latinoamericana lo abruma, lo supera y no entiende.

Sabes lo que me encanta de la historia de Gabriel y Flora. Ellos pueden tener todo el poder, tanto de todo y más. Mas, sin embargo, están solos. Terriblemente solos, ni siquiera se tiene pues tarde o temprano se van a devorar, destruir. Nada bueno puede salir de ellos, pues ellos no lo son. Debe ser terrible verse en el espejo y ver un ser repugnante. Ese es mi consuelo, lloro por lo estúpida que he sido, por no abrir los ojos a tiempo y por mi tiempo perdido. Ahora me queda el mundo, tomar del pasado lo que aprendí y vivir. Saber que no estoy sola…, pues me tengo a mí misma.


Me decía Octavia mientras terminaba su trago y apagaba su cigarrillo.


Todo lo mejor para Ustedes.


NOTA: Octavia, sobre el mensaje telefónico…, bórralo y olvídalo, Ellos no merece la pena.

martes, marzo 11, 2008

No es fácil volver a escribir luego de las últimas semanas. Miro en mis archivos y encuentro versos sueltos, palabras vacías, cursos de francés, textos en inglés y Goethe me saca la lengua -esa es su costumbre-.

Podría hacer una tabla estadística de millas voladas, de los kilómetros recorridos por los pasillos de los diferentes aeropuertos europeos, de las camas usadas en hoteles variopintos, de los paraísos culinarios descubiertos –que han dejado una sabrosa y costosa huella en mi cintura-, compartir la dicha de aquellas voces que llegan telefónicamente…, de lo sabroso es la amistad con mayúsculas, de esa Glenn Close, sobreactuada, que no se respeta y se inventa enfermedades, que es un asqueroso personaje de mala opereta –lo siento para los que conocen la historia, lo tenía que escribir-.

Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Érato, Polimnia, Urania y Calíope se fueron de eternas vacaciones…, las muy ingratas. En algún lugar estarán fastidiando a un mortal ofreciéndole el cáliz de la inspiración.

Y nada…, nada que me prestan un poquito de ellas.

Dentro de poco escribiré mi crónica de estos tres primeros meses del 2008 y espero colocar en su sitio los respectivos sustantivos, adjetivos y los verbos. Ya esta fermentándose en algún lugar de mi cocina, el horno se pre-calienta y espero ofrecer un buen bocado. Ya habrá tiempo para la indigestión anunciada.

Lo siento por Ustedes, pero me debo escribir algo.

El 12 de marzo, de este año, Aldemaro Romero cumpliría los 80 y él muy, muy se le antojó tener el mal gusto, hace menos de un año, del marcharse así como así. Me prometí escribir algo sobre él y su obra. Ya Él, como personaje, es un tema amplísimo, con tantas facetas como caras tiene un diamante bien tallado. Otro matiz es meterme con SU música. Allí la cosa se me complica más, si es que ello fuera posible.

Tratando de ser objetivo, pensé comenzarlo con la anécdota del cómo encontré su última producción, su increíble “Aldemaro Romero y su música”, a meses antes de volar a reunirse con Aquiles Nazoa y un gentío, del cómo la encontré en el lugar menos pensado, constatando que las cosas no son casuales y que están a la espera de ser encontradas. Pero me parecía tan realismo mágico que ni yo me lo creo.

Quizás también, podría comenzar mi escrito (?) con recordar la primera vez que tuve conciencia de su existencia, allá por los 70, del cómo fastidié, años después, a una amiga, en los pasillos de la Universidad de Carabobo, hasta que me escribió la letra de “Así eres tú” y ver como ahora, mi Ave Migratoria, se ríe al escuchar lo de “eres como un viaje a Roma en 747” y yo explicarle, completamente en vano, lo que podía significar a un mortal venezolano, con algún grado de cultura, viajar en plenos 70 en un 747 y de paso a Roma.

Imaginar a Aldemaro caminar por las ciudades que visito -Madrid, recientemente- mientras escucho a Elisa Soteldo -por favor, a quién corresponda, ENTREVISTENLA que de repente le da por tener mal gusto e irse también- cantar su “Adiós Madrid” acompañada al piano por su autor…, cual si no. Aldemaro.

Mencionar que hoy, por ejemplo, he pasado todo el día tarareando su “A song for Elizabeth”, el bellísimo 2to movimiento de su “Suite Castelfidardo para Bandoneón y orquesta de cuerdas”. Cosa que volví a repetir mientras leía una hermosísima carta de una amiga. Por cierto, la cara de papel mojado me la debes, carajita.

Recuerdos…, montones. Mi Amantísima Emperatriz China dice que yo recuerdo con sonidos, un cúmulo de sinfonías, canciones, momentos musicales –gracias Schubert-, sonatas, cantatas, las tocatas, mi vida es una eterna banda sonora, en ella Aldemaro pesa y mucho. Emperatriz tu eres…, y lo demás es cuento.

Hace años, cuando nuestro país era otro, dos maravillosas damas protagonizaron un cuento de Rómulo Gallegos. Marina Baura fue una Amelia y Doris Wells una Enriqueta en la maravillosa adaptación de "La hora menguada". Pues, en la cortina de “Ciclo de Oro de Rómulo Gallegos” era el lindo vals “De Conde a Principal” de Aldemaro, eso lo supe después. Música que me sabe a abuelo carpintero, a abuela haciendo dulces dulcísimos, a fotos color sepia, tardes de café y galletas.

Su “Vals para Clementina” de la "Suite para Cuerdas", que se me hace marea de agua tranquilas, a lluvia de hojas amarillas mientras, en sueños, me mareo dando vueltas y vueltas en un ilusorio tiovivo perdiéndome entre los violines, violas, violoncellos y contrabajos. Embadurnado de algodón de azúcar o chocolate y escuchando la sonrisa de mi madre.

JP…, te agradezco su foto, su autógrafo y sus CD con su música académica. A la vida escuchar a Germán Freites, trasfigurado en ángel, la “Canción de cuna para una niña grande” en aquel programa de Renny Ottolina, “El angelito más pequeño”.

Hace un siglo escribí lo que sigue, supuestamente es parte una novela. Me acordé de ese párrafo, al escuchar a María Teresa Chacín cantar la letra que Aldemaro le escribió a su “De Conde a Principal”, casi su testamento musical…, donde, por cierto, la acompaña al piano. La dulce "De Conde a Principal" Aldemaro la había dejado en forma instrumental por 37 años, le puso letra, gracias a su mujer Elizabeth, y se la regaló a María Teresa. Ella la estrenó, un 03 de junio de 2007 en un Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, completamente abarrotada, cuando ella celebraba sus 45 años de vida artística.


“El sol caía como plomo candente sobre las aceras, sólo el Ávila logra mantener ese mágico halo de verde misterio que siempre, como un bálsamo, hacia agradable vivir entre el ruido, el tráfico y el concreto. Ya no era nada original decir: "...Caracas sin El Ávila, no podría ser Caracas".

No hacía más de un siglo, sus caserones de patios cercados de altas columnas, soportaban el peso inclemente de sus miles de tejas rojas, cuando la ciudad no se diferenciaba de otras sino por el sólo hecho de ser la capital de un país y su gente veía diariamente hacia Petare para saber si tenían que salir o no con paraguas. El tiempo ha pasado, ahora ver hacia Petare es casi imposible sin encontrar de frente con enormes moles de cristal y concreto que ocultan todo horizonte posible.”


Aun mis ojos se ponen guaraposos y el cursi se me va de las manos. Lo dejo, pues la idea es festejar que la vida nos da hermosos regalos y lo quería compartir.


Aldemaro, gracias miles.


Todo lo mejor para Ustedes.


NOTA: El tema da como para muchísimo más…, pero no quiero agobiar más de lo que ya he agobiado con el tema.

PS: Si van a youtube y colocan Aldemaro Romero se darán banquete…, se los aseguro…, me tomo la libertad de ofrecerles su Ave María, juzguen Ustedes.

jueves, febrero 14, 2008

Corría ya medio febrero del año 1990, aún vivía en Venezuela. En aquel tiempo, yo tenía la costumbre en ver, al mediodía, “Lo que pasa en el mundo”, en él un Nelson Bocaranda narraba las noticias con su poco ortodoxa forma de hacerlo. Lo cierto que ese día comentó y enseño el periódico El País y su revista dominical.

En la portada aparecía Maya Plisetskaya, una de las Santas de mi Santoral, y un amplio reportaje de las viejas glorias del Ballet mundial. No tuve dudas, decidí que esa revista debería ser mía y salí en busca de ella. El problema era el dónde encontrarla en mi Valencia Venezuela. Caminé media ciudad hasta dar con El Majay, allí di con dicho periódico y la revista.

El cielo me colmó de bendiciones. No solo leí el artículo que me hablaba de la Plisetskaya, la Alonso, la Fonteyn, la Makarova y tantas otras. También tuve mi primer encuentro -brutal- con Maruja Torres, Rosa Montero, Manuel Vicent, Almudena Grandes y muchos que vinieron después. Encontré, además, numerosos artículos, hermosas fotografías… y sobre todo con Antonio Gala.

De Antonio Gala se ha escrito mucho. Yo, particularmente, me gusta más oírle que leerle, como orador no tiene desperdicio. Verán, tengo la mala manía en torturar a todos mis amigos, que viene a visitarme, con un video sobre la presentación de “Trece noches”, un libro que transcribe una serie de entrevistas realizadas por Jesús Quintero a Antonio Gala para la televisión. Pues, en ese video, aparte de Jesús Quintero y Antonio Gala está Fernando Sánchez Dragó. Tres maestros en eso de ejercitar el verbo, la ironía y la esgrima verbal. Debo estar loco o ser la reencarnación del Marques de Sade, pero mientras más veo ese video, más me gusta ya que adoro las tertulias que pueden nacer después de un buen programa, a de una película, o de un concierto, de un... interesante.

Ustedes se preguntarán: A qué viene todo esto? Pues, cada 14 de febrero suelo enviarles a mis amigos un artículo de Antonio Gala. Justo él que le leí, aquella primera vez, un 21 de febrero de 1990.

Hoy vuelvo, para variar y como todos los años en ésta misma fecha, a compartirlo, espero que les guste.



Todo lo mejor para Ustedes.



Día de los enamorados.

Manos


Decimos amor, y se nos llena la boca de mieles. O decimos amor y se nos llena de un amargo desdén.

Quizás malentendemos la palabra. El amor no es distinto de nosotros mismos; es una emanación nuestra, una urgente necesidad de descansar en algo o alguien. Vamos por una larga carretera y nos detenemos a pernoctar en un motel. En ocasiones pasaremos por él sólo una noche; en otras, continuaremos el camino acompañados. Pero la duración de la compañía no le transforma la esencia al sentimiento: ''Quizás hubiera descansado mejor sólo'', se dirá alguno. ''Quizás me equivoqué al elegir ese motel'', se dirá otro. Y, sin embargo, ya el descanso y la equivocación y el acompañamiento iban dentro de ellos. ¿Es cuestión de elegir, o sea, es cuestión de arriesgarse? No sé si elige el amor; pero en definitiva, lo que importa es el camino; cómo se haga es un asunto personal.

Lo que sí veo claro es que el amor más verdadero -verdaderos son todos, o ninguno, y espejismos son todos o ninguno- jamás consistirá en un foso que aísle; jamás será la reducción del universo al incomparable tamaño de unos ojos. Sería como usar unos prismáticos por el extremo inadecuado. El amor no empequeñece, amplía. Como las bolsas mágicas de los cuentos, no se consume por mucho que se saque de él. Hay que amar el mundo a través de quien se ama; hay que aspirar a mejorarlo porque quien se ama lo habita. El amor no es un tirachinas de goma que, si se estira, se dispara; es una forma de luz, en cuya sustancia está la irradiación.

Por eso me parece una risible antítesis hablar del día de los enamorados. Intentar reducir el mar a una jofaina de veinticuatro horas resulta sorprendente; como si se quisieran hacer juegos malabares con las estrellas de la Osa Mayor. Tal desacreditadora fecha se inventó por los vendedores de recuerdos. Pero el amor más verdadero no los necesita; está presente, iluminando todo igual que un faro: la noche y el motel y la intrincada carretera. Se inventó por decepcionados mercachifles para los resignados amadores; para los que están pendientes, con exclusión, uno de otro; para los que se contentan con un tonto egoísmo de mirarse recíprocamente en el espejo del otro; para los que rebajan el nosotros hasta el y yo, y el ancho mundo hasta un modesto confidente de dos asientos; para los que entienden que la atmósfera inagotable del amor es una miniatura en la que no hay lugar más que para una almohada compartida y un juego de café con dos tacitas. No me gustan los amantes que, en el banco del parque, se ensimisman, y se retraen de la primavera que los reclaman, o del otoño, y de los niños y de los militares sin graduación y del fotógrafo ambulante y de Dios Padre. No me gustan los que, por una parte, se recluyen en su blanda burbuja irrespirable, y por la otra, se apretujan en los grandes almacenes, también irrespirables, para asistir el día de los enamorados (¿es que ni ellos mismos saben cuál es su día inconfundible?) a la falsa fiesta de un amor en promoción y oferta. No me gustan los amantes cuando dejan que el entusiasmo y el rapto, con que el amor los arrebató, concluyan en comprarse dos frascos de colonia, o un brillantico y un par de gemelos, o una lamentable medalla que ni siquiera dice el grupo de sus sangres respectivas.

Yo vengo de ese amor; no creo que vaya más a él. Por eso me permito hablar así. Sé que no se puede decir de esta agua no beberé; pero tampoco puede decirse de esta agua beberé. Yo, por lo pronto, ya he bebido. No sé si suficientemente; mi consuelo es que nadie bebe más agua que la necesaria para apagar su sed. De allí que antes dijera que el amor depende de nosotros: de nuestra capacidad de ingerir y empapar y filtrar el agua sus fuentes. No creo -repito- que vaya más hacia él: si me detengo en un motel de paso no será para descansar, sino para morir, si es que morir no es sólo descansar. Y, aunque se produjese el adorable y menudo prodigio, no habrá manos, ni ojos, ni alma, ni cuerpo que me absorban, que me consuman, que me aten. Puesto a beber, mi sed sería mayor, pienso que sería insaciable. Nadie va a convertirme en celebrante del día de los enamorados. No seré para nadie un guijarrillo sobado y amaestrado con el que ejercita la puntería, o al que distraídamente se le acaricia, o que se lanza para jugar al salto de rana sobre el mar, o se abandona a la intemperie para recogerlo al día siguiente, o se arroja a la cabeza de un contrario. Eso si que ya no.

Por supuesto, no me negaría en abordar con alguien un ilusionado proyecto común. Pero común de veras, en el que entraran todos, del que ninguno se escabullese. Porque la unión amorosa es una afirmación del otro en uno; no elimina ningún pronombre personal, al revés, los exalta: el y el yo y el nosotros y el vosotros, y la perfección de tal unión es que no excluya el ellos. Un proyecto amoroso, en esta breve noche -breve e interminable-, es un irreprimible impulso que no destiñe la individualidad de ser alguno, sino que la subraya; la de los dos emprendedores del impulso, desde luego, pero también la de los que cohabitan el mundo en torno a ellos. Sólo de tal amor puede afirmarse que sea el motor del universo. Pero temo que a esa idea, en el día de mediados de febrero que se dedica a los enamorados, no se le llame amor.

¿Será una coincidencia? Soñé anoche con quien, dentro de los tacaños márgenes habituales, más he amado. En el sueño, sus manos enmarcaban mi cara y no me permitían oír los rumores del mundo; sus abultados labios envolvían los míos y no me permitían expresarme; la ardiente proximidad de su rostro, tan bello, no me permitía ver más que él; toda mi piel era una mano abierta, que acariciaba y era acariciada; todo mi olfato no habría bastado para acoger el olor de su cuerpo de ávidos rincones: En el sueño no cruzamos palabras: viajábamos en silencio por los mutuos parajes conocidos: tersas laderas, florecientes colinas, sombríos valles... Anoche soñé con alguien que murió hace doce años. Y comprendí una vez más al despertar que aquel amor -inmortal- fue sólo un descansillo de la áspera escalera. Y que, después de él, seguí subiendo: más cansado de lo que llegué a él, pero seguí. Y seguiré subiendo mientras pueda, mientras quede escalera, haya o no descansillos. Hasta el final, donde es probable que se encuentre el amor, el verdaderamente verdadero, el que, a todo lo largo de la ardua escalera, no hicimos otra cosa que ensayar.


Boda



Publicado en la revista del Diario español EL PAÍS, el domingo 18 de febrero de 1990 / Número 671 Año XV. Segunda Época. Pág. 78.


Les regalo, también, ésta versión de "All I Ask of You". Ella, la inefable Sarah “Ojos saltones” Brightman –tengo la sensación que, en algún momento, sus ojos se van a salir y saltarán por todo el escenario cual pelotitas de ping pong-. Y él, el maravilloso Michael Ball, una de las voces más hermosas en el mundo del musical londinense.

Disfrútenlo.



NOTA: Este post se lo dedico, en partícular, a Mi Niña Ojos Profundos.

martes, febrero 05, 2008

avion aterrizando

Mi vuelo de la noche llegó temprano, yo, como siempre, esperé que la puerta se abriera y entrar para dar las instrucciones. Me esperaba una pelirroja con cara de susto. “Te tenemos un regalo”, al entrar a la cabina entendí la naturaleza del regalo. Allí estaba el copiloto más blanco que de costumbre, todo ojos y labios pálidos. Era 31 de enero, día de San Juan Bosco para todos los salesianos, yo salí de la cabina con mi mejor cara de “aquí no pasa nada”. Lo cierto es que la ventana del copiloto casi se rompe, en pleno vuelo, con todo lo que ello pudo suceder.

Lo que vino después es digno de una película. Lastima que yo era parte del reparto.

Me tocaba ahora ir a la Gate y anunciar la posible cancelación del vuelo, lo cierto que después de deshojar la margarita con el “me voy-no me voy”, el piloto decidió no volar. Yo, en su lugar, hubiera tomado la misma decisión y que el mundo se caiga. Eso se traducía en reubicar el pasaje, “las maletas están en el tapiz 9”, pelearme con algunos pasajeros, escuchar por enésima vez “…es que el vuelo no sale”, siempre existe un despistado en el mundo y buscar hotel para la tripulación. Previendo lo que me venía, ya sabía que el avión había que moverlo y dejarlo en otra posición, llamé a la asistencia para hacerlo y nada de nada.

Me convertí en péndulo, entre el avión y la puerta S-77, esperando el remolque que iba a llevar el avión a la fulana posición. En uno de mis múltiples viajes, al avión, el piloto, harto de tanto esperar, decidió cerrar el avión y en ese momento apareció, en vano, el fulano remolque. El capitán se negó en redondo abrir SU avión, pues ya la tripulación estaba en vehículo que les llevaría a la Gate H y de allí a mi oficina, a buscar sus voucher para el hotel. 4 en total. El piloto, el copiloto y las dos chicas asistentes de vuelo. Conclusión, el húngaro avión dormiría en la Gate S-77.

Luego de dejar a mi tripulación rumbo al hotel me tocaba hacer mi reporte del vuelo anulado e irme -por fin- a la casa. Ya era media noche.

Confieso que es la primera vez que esto me sucede. En el medio se conoce cada historia y el consabido “eso no me va a pasar”, pero pasa. Por ello, pedí información a mis colegas, aquellos que han pasado por algo por el estilo. Nuestro gremio hay de todo y de todo, afortunadamente encontré las personas idóneas y con toda la experiencia del mundo. Adoro a mi grupo de trabajo, ellos son maravillosos.

Febrero comenzaba bien.

avión, avión

Me levanté, me tomé una elevadísima dosis de “tranquilina”. Llegué temprano a la oficina, sabía lo que me esperaba, preparé lo preparable y “...un poquito más” -como la canción-. Me quedé corto.

En ello aparecen dos de la tripulación, las asistentes, que querían regresar en el vuelo que llegaba. Una me dice: “...crees que puedo pasar esto por seguridad”. Lo que ella amablemente quería pasar era, nada más y nada menos, una botellita, de un litro, de Whisky y la otra, pestañeando más rápido que las alas de un colibrí, con una vocecita de soprano en falsete y en piano-piano-pianissimo un “Puedo ir al Duty-Free”, terminándolo con un sonoro suspiro. Existen gentes con sus prioridades. A una le ayudé pasar su botellita –no me pregunten cómo- y la otra fue a comprar sus cositas.

Con su debido atraso, -Mi amigo, el grandioso Murphy, se dedicó en convertirse en mi sombra, él siempre tan amable- llegó mi vuelo de Hungría, a eso de las 9:40 AM y con él los mecánicos, la ventana y las "DSE-anas" herramientas.

Según el protocolo aprendido, tenía que llevar a mis mecánicos a la puerta S-77 donde mi avioncito dormía el sueño de los justos, afortunadamente el DSE330 llegó en la puerta S-75 y la cosa se me hizo fácil. Ingenuo yo.

Informé, de forma más concisa posible, al personal de carga que por favor “No enviar la ventana ni la caja de herramientas a aduana”. La razón es la siguiente, al pisar, cualquier tipo de carga suelo suizo, es decir, aduana, es casi imposible sacarla, por la cantidad de papeleo y un largo etcétera –creánme-. Lo hicieron, me hicieron caso, respiré profundo -no saben cuánto- al ver el paquetito a un costadito en la puerta S-77.

Mi primer fallo y lo asumo: Se me olvidó notificar a la representante de rampa que iban 2 chicas -las tripulantes- en el vuelo. Él, mi asistente en tierra, histérico, gritando y recordándome la letanía sobre la seguridad… “...vamos a tener problemas con el “Load sheet”, no sé si tenemos comidas suficientes, eso no se debe hacer y Usted debe saberlo…” Luego de soportar mi responso, escucharme mis “sorry, sorry, sorry”, recoger mis cupones, mi Load Sheet, mi lista de pasajes electrónicos, mi lista de pasajeros, ver cerrar puertas, ver mover la escalera, ver que el vuelo DSE331 se marchaba volví a la puerta S-77 con mis mecánicos húngaros.

“Necesitamos un Hangar” fue lo primero que le entendí a uno de los mecánicos.

"DSE-airlines" no tiene un contrato de asistencia como para tener Hangar en Ginebra. Me tocó buscar un Hangar, como quién compra tomates, y tratar, sobretodo, mantener mi mascara de “aquí no hay problemas” en su sitio. Es carnaval, no?

En ello Murphy atacó de nuevo. Me llamó mi jefe: “Se deben llevar a los mecánicos a la policía del aeropuerto para buscar su permisos provisionales”.

Llevé a los mecánicos a la policía del aeropuerto, que queda a media cuadra de Saturno y nosotros en Mercurio.

Llegamos y fuímos amablemente atendidos: “Y por qué ellos están aquí?”, “Y cuánto tiempo van a durar?”, “Pero ellos no deberían estar aquí, ellos deberían pasar por el control de pasaporte, retirar sus equipajes…”, “...y es que ellos no tienen equipaje?”, “Eso es muy sospechoso!!!”, “Ellos llegaron SOLO a cambiar una ventana…”, “Pero ellos deberían pasar por el control de pasaporte…” Todo ello mientras esperábamos, estoicamente, soportando el frío halito de la brisa ginebrina y que, en el aeropuerto, te congela hasta el pensamiento.

Era ideal ver el ballet de policías que veían los pasaportes, llamaban por teléfono, discutían entre ellos, nos miraban, volvían a ver los pasaportes, llamaban, de nuevo, a no sé quién, cerraban celosías -la idea es no mostrar el bochorno y la incapacidad-, volver a hacer las mismas preguntas. Llegar nuevos integrantes de la comparsa de policías.

A la final, ellos se salieron con la suya. Tomé a mis tres cochinitos de vuelta y los llevé a “El control de pasaporte” con mis custodias policiales, ya saben, nosotros los terroristas en un país neutral.

Por fin mis mecánicos entraron en Suiza, respiraron chocolate, los llevé a la oficina a tomarse un café –qué otra cosa podía hacer por ellos- y los regresé a la misma oficina de la policía del aeropuerto, pero llegando desde suelo suizo. “Buenos días..., qué desean?” nos preguntó el mismito policía que nos envió a migración. “En qué puedo servirles?”. Esto no me está pasando, pensé, mientras el amable policía revisaba, página por página, los pasaportes de mis mecánicos. “De qué línea aérea?”, “Cuánto días van a pasar en Suiza?”, “Todo bien?”…

Por fin, y luego de 4 horas, mis mecánicos estaban de vuelta a el avión -se acuerdan, él que estaba en la S-77-. “Y..., para cuándo tenemos el Hangar”. Llamé a mi jefe: “Debes esperar. Fueron a buscarlos, pero no movieron el avión..., pues los mecánicos no estaban en él”. Chiste cruel. Me tocó esperar que por fin nos movieran al, por fin, Hangar.

Luego de irnos unos cuantos kilómetros, a paso de morrocoy, llegamos al Hangar. Se abren, lentamente, las puertas y me sentí como un enano, un hobbit, una humilde molécula de algo, frente a las puertas de Mordor. Metemos en avión y…

…a veces me pregunto de dónde salen. Al dejar el avión en el medio de semejante Hangar salieron tres ejecutivos de alguna oficina. Ocupadísimos. Deben tener tropas de estilistas, asesores de imagen, un ropero variadísimo, en sus oficinas para ellos solos. Salieron supervestidos, con el cabello perfectamente peinado, sin un cabello fuera de lugar con cualquier cantidad de gomina entre ellos, arquitectónica la cosa -cómo lo hacen-, las camisas artísticamente arrugadas, los pantalones perfectos, perfectamente rasurados, las corbatas de firma, los relojes IWC y sucedáneos, los zapatos que herían de tan brillantes, las manos que ni el David de Miguel Angel, oliendo a Hugo XY de Hugo Boss, Antidote de Víctor & Rolf, Solo de Loewe, Dior Homme, Lacoste Pour Homme, Versace Man Eau Fraîche, Burberry for Men, L’Homme de Yves Saint Laurent, Fuel For Life de Diesel, Giorgio Armani Pour Homme, Fleur Du Male de Jean Paul Gaultier, Allure Homme Sport de Chanel, Calvin Klein Man, He Word D Dsquared o a todos ellos. Con sonrisas de diseño…, como preparados para un casting de ejecutivos para ejecutivos…

Mis mecánicos y yo nos quedamos en silencio, sus presencias eran imponentes. Mucho más imponente era escucharles, esa mezcla de perfecto francés, perfecto italiano, perfecto inglés, perfecto alemán, perfecto suizo-alemán, celulares, móviles, nateles -o cómo se llamen-bailaban en sus manos, llamadas de aquí para allá y gestos que iban ya a la ira para terminar en coro con la pregunta, taladrándonos con la mirada: “Y por qué ese avión está aquí?”

Allí estaban indignadísimos, esos perfectos ejecutivos, y yo participando, sin previo aviso, en un ensayo de alguna obra de Ionesco.

Pues, ellos tenían razón, nos equivocamos de Hangar…, no ellos, ni otras personas, nos equivocamos nosotros, nosotros los que empujamos el avión por medio aeropuerto, nosotros los que abrimos las enormes puertas de Mordor, nosotros los que movimos todo el personal del Hangar, entonces, nosotros fuimos los que nos equivocamos. No nos quedaba otra, a nosotros, los equivocados, que sacar el avión y, por fin, dar con el Hangar y con dos ángeles del cielo. Andrew e István.

Yo pasé horas, y como letanía, notificando a medio aeropuerto que la ventana y la cajita de herramientas debería ir al Hangar. Medio aeropuerto me confirmó que: “No se preocupe…, allí estará”. Adivinen quién tuvo que ir de nuevo a la puerta S-77 a buscar la ventanita y las herramientas. Pues yo. Moraleja..., si quieres que algo funcione, hazlo tú mismo. No te queda otra.

Cuándo por fin llegamos al fulano Hangar, escuché a uno de mis mecánicos decir: “Tenemos hambre”. Pensar rápido, pensar rápido, pensar rápido…, “Nos conformamos con unas pizzas de jamón y hongos, un agua mineral con gas, otra sin y una coca cola”. Los adoré. A mí me tocaba buscar esos manjares, pero un colega, y sin pedirselo, se encargó de ello. Mil gracias.

Ya eran las 14:30.

Volver a la oficina. Debía pasar los horarios de mis compañeros…, sino lo hacía, sencillamente no cobraban éste mes y el tiempo jugaba en mi contra.

Nota a parte. El jefe de mi jefe decidió cambiar el sistema de los horarios, costó una fortuna y, sencillamente, no funciona, es inoperante, difícil de entender y está en un perfecto alemán. Ideal..., verdad? Él, el jefe de mi jefe, suele ponerla completita, con velas y payasos para luego lavarse las manos al mejor estilo Poncio Pilatos.

Mientras estaba sepultado en miles de papeles llegó Él, el jefe de mi jefe, él mismo que cambió el sistema, trasformado en cometa andante, a preguntarme: “Sabes dónde están mis boletos”. Él superpreocupado se va de vacaciones a no-sé-dónde. Le miré con mi mejor mirada de “Y a mí qué coño me importa” y le respondí que ni idea. “Sabes, por casualidad, cuál es mi puerta” volvió a preguntarme luego de encontrar sus boletos. Le volví a mirar con “Y a mí qué coño me importa”, ni idea, le respondí, y se fue.

En ello llegó el piloto y el copiloto del avión. Llevarlos al Hangar y encontrarme, en la Gate H, a Mi Adorada Niña de los Ojos Profundos: “Mi niño…, y a ti que te pasa”, no pude responderle…, pues no tenía palabras ni tiempo.

Ya eran casi las 19:00 y debía organizar la salida del vuelo, ya todo estaba a punto, sólo debía buscar los pasaportes de mis mecánicos, entregar sus permisos provisionales, meterles en el avión, sacar el avión del Hangar y tener el día como experiencia. Le prometí al piloto traerlos en 10 minutos. No era tan fácil y no lo fue...

avion

Llevé a mis mecánicos a la policía del aeropuerto, les entregaron sus pasaportes, los llevé a la oficina, sacándoles por el infernal trafico ginebrino de las 19:00, de vuelta al aeropuerto -ya saben, Murphy- , sacamos el plan de vuelo -se me olvidaba..., los viernes se depura de virus el sistema, por ello está lento, y cuando digo lento quiere decir que puede durar 4 minutos imprimir una hoja…, el plan de vuelo tenía 3-, el meteo y cuándo les iba a llevar a mis tres cochinitos a la puerta H –la que usan las tripulaciones- ninguno de ellos tenía el carnet de DSEAirline. “Las dejamos en el avión”.

La cara de mi jefe fue un poema, al más puro estilo Pre-Rafaelista, casi se veían los Ángeles haciendo torbellino sobre su cabeza. “Arreglártelas..., pero quiero esos mecánicos de vuelta al avión y el avión despegando a…, pero ya.”

No les puedo contar él cómo los saque, fue casi una película de cine negro y de las buenas, hubo también la lluvia indicada para el caso, cortesía del Aeropuerto Internacional de Ginebra, pero los saqué. Lo cierto que casi duré una hora en ello, el piloto casi pierde el slot -tiempo que el avión debe despegar-, me miró con odio, me botó con la mirada del avión.

Al llegar a la oficina y a pesar de prometerme, mi jefe, que yo no iba hacer el vuelo DSE336, adivinen quién lo hizo. Lo preparé lo mejor posible. El tiempo se me hizo agua -y no es metáfora- en esperar el vuelo regular, cambiar la configuración, chequear la comidas, ir corriendo a operar el vuelo regular, hacer los upgrade solicitados, despedirme del vuelo, volver a la oficina, hacer el -por fin- vuelo de la mañana –me faltaban cupones y hacer magia para solucionarlo-, hacer la estadística de los tres vuelos, hacer el informe del vuelo que estaba cancelado, preparar el vuelo para mañana, completar el vuelo regular de la noche…

Y ya era medianoche, llegar a casa, darme una ducha, hacer una cena rápida e irme a la cama, pues al día siguiente comenzaba a las 7:00 AM.

No me quejo de mi grupo…, una vez más demostró lo aglutinado que estamos. Pero ese día también tuvieron su día y, como siempre, salieron airosos. Pero.., ese es otro cuento y ya les agobié lo suficiente.

VIASA 3

Todo lo mejor para Ustedes, siempre.


Nota: Ya era hora en pagar mis deudas. Desde hace un tiempo estoy por escribir algo sobre mi trabajo, ya era hora. Ña Bárbara, va por Usted.

Nota 1: La "DSEairlines" no existe, los números de vuelo y las puertas S-77 tampoco. Tuve que editarlo todo, después del jalón de orejas. Parte del encanto. Feliz hijo?

Nota 2: La foto de Viasa no tiene nada que ver..., es un toque de nostalgia de lo que era un País.


jueves, enero 24, 2008

CENA PARA DOS.


Madrid se vistió, éste enero, de primavera en pleno invierno.

Madrid primavera en pleno invierno

Él le prometió una cena. Después de un rocambolesco viaje, por media geografía española y luego volar por el Corte Inglés de la Plaza Callao, en búsqueda de los ingredientes perdidos, allí estaban, cargaditos de bolsas, paquetes y un sin fin de historias por contarse. Él, al fin, se encerró, a cal y canto, en la cocina. Migdalia se quedó en la sala, torturada por el olor que veía detrás de la puerta, leyendo revistas y escuchando música de otros mundos.

Primer Plato:

Ingredientes:

-un diente de ajo.

-un paquete de angulas frescas, unos 200 gramos.

-vinagre balsámico blanco.

-vino de jerez.

-pimienta recién molida.

-un trozo generoso de salmón ahumado.

-eneldo fresco.

-aceite de oliva extra virgen.

-sal al gusto, muy poca por cierto.

Se corta, en finas laminas, el diente de ajo. Se toma una sartén y, a fuego medio, se colocan las laminas de ajo con 2 cucharadas generosas de aceite de oliva. Importante no dejar que se marchiten, cuando miramos que alrededor del ajo apenas tornan de color, se retiran. La idea es perfumar el aceite. Luego, y después de retirar el ajo, se colocan las angulas y se dejan cocinar por un par de minutos a fuego muy, pero muy lento. Se remueve un instante, con una cuchara de madera, se retira del fuego, se tapan pero previamente se riegan –generosamente- con un chorro de vino de jerez.

Mientras dejamos enfriarse un poco las angulas, pasamos al salmón.

Tomamos el salmón y lo cortamos en coquetos dados, lo salpimentamos al gusto, lo colocamos en una pequeña vasija y lo cubrimos en aceite de oliva, lo dejamos allí mientras disfrutamos cortando el eneldo.

Luego de cortar el eneldo…-y ensuciar media cocina…, inevitable- vamos a la lechuga. En este momento me doy cuenta que no nombré lechuga entre los ingredientes. Pero es una ensalada y, generalmente, una ensalada lleva lechuga, mucho mejor cuando son de distintas texturas. En fin, tomamos las lechugas y las cortamos groseramente y la lavamos meticulosamente. Después la escurrimos muy, pero muy bien –llegando al mucho-.

En éste momento sacamos el salmón de su ducha de aceite y lo pasamos por el eneldo. En esto no exagerar, digamos que es sólo un toque de eneldo por las distintas caras de los dados de salmón.

Tomamos un cuenco la suficientemente grande como para mezclar la lechuga con el aceite donde ahogamos al salmón, lo usamos para hacer una suave vinagreta al gusto con el vinagre balsámico blanco, poquísima pimienta y un chorrito tonto de limón -opcional-. Luego de mezclar la lechuga con la vinagreta, la separamos en dos partes.

Ahora viene lo más bonito. Una parte de la lechuga la mezclamos con las angulas y otra con el salmón.

Emplatamos, separadamente ambas preparaciones y vemos nuestra “Doble ensalada de angulas perfumadas al aglio y de salmón vestido de esquirlas sobre la verde marea”.

Segundo Plato:

Ingredientes:

-Un par de generosos trozos de atún fresco, gruesos como de una pulgada, como mínimo.

-mixtura de pimienta recién molida.

-aceite de oliva extra virgen.

-espárragos largos, delgados y tiernos.

-Sal marina en hojuelas.

Atún como para 4 personas

Se cubre, con una sutil capa de pimienta recién molida, y se pinta, con un poco de aceite de oliva extra virgen, cada trozo de atún. Luego se cocina sobre el grill sólo lo suficiente. Se voltea con sumo cuidado para evitar que se rompa.

Los espárragos, si se da el caso, se pelan, se cocinan al dente y luego se terminan de cocinar sobre el grill. A veces el microonda funciona en estos casos, la premura a veces no es buena.

Al terminar de cocinarse el atún, se emplata de la siguiente forma. Se coloca, cada uno de los trozos, en el medio de un gran plato. Se colocan los espárragos tratando de hacer rejilla sobre cada uno de los trozos de atún y se corona con una sutil lluvia de hojuelas de sal. No abusar de la sal, la idea es descubrir el sabor de cada ingrediente. "Lomo de Atún enjaulado y nadando entre sus jugos".

El Postre:

Lo describo.

En cada copa se colocó un fondo de helado de chocolate, en éste caso fue un realizado con cacao del Ecuador, con mucho cuerpo y textura. Sobre dicho helado dejamos dormir unas cuantas -muchas- frambuesas frescas y las cubrimos con un maravilloso sorbete de fresas perfumado con pétalos de rosa. Les juro que era la gloria.

Miles, miles, miles

Se me olvidaba…, durante la cena se brindó con las increíbles burbujas de la Veuve Clicquot Yellow Label…, no se puede pedir más.

La noche se tornó perfecta, no hubo velas ni media luz. Tan sólo el dulce murmullo del soundtrack de “The Bridges Of Madison County” y una maravillosa Dinah Washington. Muchas risas, suficiente miradas.

En ello, casi al final de la cena, la mirada de Migdalia bajó. Respiró lentamente, tan lentamente mientras subía la mirada y le miró directamente a los ojos, ladeando su cara un poquillo a la derecha. Subió la mano izquierda, hasta acariciar, casi jugar, un coqueto mechón de su cabello…, para dejar que su cara se posara en su mano, un segundo después, esbozó una sutil sonrisa y le preguntó, casi como un susurro:

_Tú..., cómo que me quieres seducir?

Aún, ambos, se están riendo.



Todo lo mejor para Ustedes y, creo, les debo una cena o dos.




sábado, enero 12, 2008

MALEV y los vuelos

Este año comenzó de una forma maravillosa, un amigo me informó, en los últimos instantes del 2007, que Arte.TV presentaba Réveillon à Caracas” un programa producido por las ZDF con la Orquesta Nacional Simón Bolívar y Gustavo en la batuta. Pensé grabarlo y le dije a mi Ave Migratoria que lo hiciera. Pero nada, se le olvidó y cuando se lo recordé ya era demasiado tarde. Llegó la media noche, los brindis, el abrazo, el beso y las llamadas de rigor.

Mi pareja y yo somos originales, esperamos en fin de año en piyamas, el último mes no fue muy suave que digamos y estábamos tan cansados como para salir de fiestas.

En eso lo recordé. El programa terminaba pasada la medianoche y traté ver los últimos minutos.

Y se produjo el milagro. En ese preciso momento Gustavo iniciaba “Fuga con Pajarillo” de Aldemaro Romero. La emoción aún me llega al escribir esto y lloré. Traté explicarle a mi Ave Migratoria lo que me sucedía, pero de mi garganta no salió ningún sonido, sólo una sonrisa, perderme entre sus manos y muchas lágrimas. De esas dulces, de las bonitas…, de las que riegan y dan cosecha.

El primer día del 2008 iniciaba de la mejor forma y decreté que iba a ser un año estupendo.

El segundo día, luego del trabajo –no hemos parado desde los primeros días de diciembre- por esas raras cosas de Internet y sus extraños caminos, me encontré con alguien que estaba perdido hace 20 años. Un escueto mensaje de “por casualidad eres tú” me regaló la sonrisa de un amigo. Inmediatamente me comuniqué con Mi Amada Emperatriz China y ella ordenó el estreno de nuevos amaneceres, su sonrisa coronó al sol y perfumó la vida de colores.

El tercer día tomaba mi primer vuelo, Zürich, y visité la castañuela de la mirada de Laurencia, unas copas de vino color sangre, el murmullo de Ñol, al pícaro de su hijo, el bla-bla-bla divino entre amigos, para terminar caminando, luego de la cena, con mi Ave Migratoria, camino al Hotel, por un Zürich desierto y frío.

El cuarto día…, viaje a Berlín. Hace un año conocí a Gaviota…, algún día les contaré quién es ella. Lo cierto que por ella terminé -luego de caminar por un Berlín helado a seis grados bajo cero- en un Teatro viendo a Mary Christmas . Para hacer el cuento corto, es un show unipersonal donde Mary satiriza de la vida en Alemania, la navidad y sus cosas, se cambia varias veces de vestuario, canta con una afinadísima voz de mezzosoprano, juega con el público y luego, al final de su espectáculo, a la vista de todo el auditorio, se desviste, se desmaquilla y aparece, frente a nosotros, un hombre común y corriente. En ese momento el teatro se cae en ovaciones, él se despide y vuelve al escenario varias veces, para al final, como hombre, nos regala 4 canciones con su voz de barítono de pobladísimo registro medio bajo.

La última de sus canciones, una canción por demás dulcísisma, fue un golpe a todos en el teatro.

Narraba de su vida con su pareja, fallecida hace algún tiempo por HIV. En la canción nos contaba que su pareja, casi siempre le preguntaba, “Warum sags du nie, ich liebe dich” -por qué nunca me dices, te amo?-. Él le respondía que no era necesario decirlo, pues él estar juntos, con las pequeñas cosas, es demostrar el amor. Terminó la canción y no volvió a salir.

A la salida del teatro las lágrimas regaron la fría noche berlinesa, vistió de luces media Unter der Linden y la Friedrichstrasse, dejándolas hermosas…, les debo las fotos, pero en esos momentos una cámara distorsiona.

El quinto día a Stuttgart…, en nuestro concierto Shopiniano sin piano y con rebajas, entre risas recordamos lo peligrosos que puede ser los “Kartoffel puffer” a media noche y congelados -ese es un post que DEBO escribir-. Sobre todo cuando quién los hace, se le quema el agua hervida y les juro que no es metáfora.

Enero 2008 Berlin y Stuttgart 013

Y desde el sexto hasta hoy…, trabajar.

Saber que existe gente maravillosa, de esas que con su sola presencia aligeran la pesadumbre del vivir. Que existen personas que te regalan sonrisas, que te perfuman la vida. Las que te colman de dones, de suspiros largos, miradas risueñas, te dan rocío por estrenarse, nubes verdes y orquestas sinfónicas tocando a Wagner en la madrugada.

También existe de las otras, las plomáticas y grises, esas que desafinan, que siempre ven el lado oscuro de la luna. Las que están detrás de las ventanas para acusar, juzgar y condenar. Las perfectas, las dignas e inequívocas. Las que no aceptan cenas ni regalos, están más allá del bien y del mal. Las que no dan nada y como agujeros negros te roban, te exigen hasta tu sombra. Es bueno que existan, pues hasta el sol tiene manchas y uno aprende de ellos a no llenarse de su arrogancia, de su sordera y ellas llegan al colmo de sentirse ofendidas. Algunos dioses son así, larga vida a los pequeños dioses pequeños y grises.

Uno aprende, a pesar de todo, que la palabra humildad es posible y existe. Uno aprende.

Aún me quedan las llegadas de algunas tarjetas navideñas en enero y quizás febrero. Sembrando mis días de pan de jamón, gaitas -terror de todos los terrores- y sus lustrosas letras deseándome para bienes. Saber que las mías están llegando a cuenta gotas –ya les llegó a mi Reina de las Piedras Azules en Manaos-, llamadas telefónicas con cascabeles y brillante música e inquietantes videos.

Saber que éste año es maravilloso y que sus días vienen con todas las posibilidades de ser. Señores les regalo mi año nuevo, yo por mi parte aprenderé de todos sus divinos días. Creo que salgo ganando.


Todo lo mejor para Ustedes.


NOTA: Me disculpo, el tiempo se me escapa y las postergaciones me pasan factura.

domingo, diciembre 30, 2007

Y ya estamos en las últimos días del 2007.

Quién lo diría, hace casi un año llegó con su paquete de nuevos días, y ahora sólo quedan de él pocas horas.

A los que solemos hacer balance e inventarios, revisar, analizar y empaquetar nos pasaremos algunos instantes -tres segundos, a lo sumo- mirando hacia atrás, viendo los pros y los contras de estos 12 meses vividos. Las risas, las lágrimas, los tropiezos, las miradas, los silencios, las manos, las tantas cosas.

El 2007 ha sido un año extraño, en mi caso, un agobio de días con sus noches, horas, instantes. Malas noches, días de tormentas, disgustos, lágrimas –algunas cuantas- y muchas risas.

Días de abre y cierra maleta, de pasillos fríos en aeropuertos, de las maletas que no llegan, de pasajeros que no escuchan, ni leen, ni miran, ni observan. De pasajeros que se pierden, de retrasos, de ordenadores que no ordenan y computadores que no computan.

Del encontrar viejos amores, cuando un menos lo espera –la vida es así, no?-, que te regalan canciones de pasados futuros, de futuros pasados. De hipotéticos viajes a Kenia en busca del elefante perdido llenos de mil orillas y que se esfuman entre las nubes.

Maravillosos amigos invisibles -Arturo Uslar Pietri ataca de nuevo- que me llenan de flores, de críticas y, que en definitiva, me dan otra óptica de la misma realidad, realidad completamente cambiante y constante.

Amigos que tienen el mal gusto de irse al otro mundo, sin previo aviso ni protesto. Tremenda vaina me hiciste Aldemaro, tremenda vaina. Gente que llega y va como la canción de Maria Rita “Encontros e despedidas”, con esa voz prestada de su madre, que te quita el aire y hasta te deja correr libremente tus lágrimas por media ciudad. Cosas como “pero es que hay gente que no consigues olvidar jamás, no importa el tiempo que eso dure” y te quedas sin aliento.

Amores que llegan, con esa lluvia de miradas, millones de hojas amarillas danzando a tu alrededor, miradas profundísimas al otro lado de la copa, perfumes que te tocan el alma más allá de lo pudoroso, mientras juegas a la ruleta con lo que queda de la vida. Mientras tú dejas jirones de tu alma por las calles de la ciudad –patética imagen- con una sonrisa como sombrero.

Danzas nocturnas de sombra y luces, velas en los rincones, olor a nomeolvides, sonrisas de seda y pelos de gato.

Estrenos de anillos de oro, firmas de documentos para ser legales en un mundo ilegal.

Viajes a conocer personas, que hacen un reguero con tus sentimientos o te la ponen de cuadritos, abrir libros para luego cerrarlos y olvidarlos en alguna biblioteca. Copas a medio tomar y cualquier cantidad de historias por escribirse y no tener tiempo.

Ver que parte de mi mundo se pierde. La ópera, el teatro, el cine, la danza, la música. Escuchar a Luciano rodeado de gente común y tremendamente sencilla, quedarme sin Fernán Gómez y su voz de trueno, no llegar a mi cita con Maurice Béjart, llorar por dentro saliendo sin alma del Ballet en una tarde calurosa en La Habana, Marcel Marceau con su mundo de silencio y…, Aldemaro…, qué vaina contigo,

Chotis en Madrid, hablar con Carlota en su casa, sentir que el amor amor se vuelve amor amor, el vuelo de Gaviota, mi último cigarrillo –ya tengo un año sin fumar- y aprendemos que algunas manos ocultan puñales envueltos en tecnología de punta…

Saber que la amistad existe, que no es un uso que se gasta, que sus maravillosas flores adornan mis días, saber…, como dice Aquiles Nazoa, que alguien me ama. Que “éste pedazo de mierda con incrustaciones de diamantes que es la vida”, según Maruja Torres, me ha regalado momento irrepetibles, como son los atardeceres, las sonrisas de mi gente, la voz de mi madre, la mirada de mis hermanos, la palabra de mi Amada Emperatriz China, el amor de "Ave Migratoria", todas aquellas voces al otro lado del teléfono, las líneas que se me meten por mi pupila, las notas que me sorprenden, algunas que me hacen llorar de carcajadas, otras que son un puñal directo al alma.


A medianoche de la última noche del 2007, levantaré la copa por este año que se va, del cual aprendí mucho, le despediré como lo que es, un nuevo amigo, de esos que se te quedan en tu piel, en tus arrugas, en tu memoria. A medianoche, cuando comienza el nuevo año, levantaré mi copa y le daré la bienvenida a este 2008. Me entrego a él como un salto sin red, sin miedos, sin prebendas, con la cara limpia y mirada cara.

A eso les invito, amigos, a tomar al 2008 con todos sus días, sus noches, sus tardes, sus grandes y bajos momentos. Aprender de ellos, crecer en ellos, vivir en ellos. Además, recuerden, nadie sabe quiénes somos, de dónde venimos ni a dónde vamos. Eso no importa. Estamos aquí. Somos una centella que cruza el anchísimo pecho de la noche, de repente, y va de la oscuridad a otra oscuridad. Por qué no brillar mientras dure el brillo y ser estrella?

Y me despido con mi frase habitual. Todo lo mejor para ti, pues sólo tú sabes que es bueno para ti, lo que quieres de tu vida y eso es lo que te deseo, de algo debe servir ser Hechicero.



NOTA: Tengo un amigo que envió unos documentos a Venezuela, desde Suiza y..., tardaron unos 5 meses en llegar. Pues, aún existe alguna esperanza que mis lacónicas tarjetas navideñas les lleguen antes de Carnavales o/y con suerte para Semana Santa. Se les ruega acusar recibo…, así entramos en el libro de la cervecita negra.

martes, diciembre 04, 2007


Delia de los Robles, 60 años haciendo empanadas.

Después de la resaca del domingo pasado.

Yo pienso y creo que…, ahora debería ser un período para una honesta autocrítica en todos los venezolanos, a todo nivel, un verse en el espejo con el “qué hemos hecho mal, qué hemos hecho bien”.

Debería ser un período para darle oportunidad al dialogo, a la retroalimentación, a la meditación, a la revisión interna, espero no sea un período de luchas estériles, completamente epidérmicas, arrogantes y destructivas.

Espero tantas cosas…

Creo que todo puede ser posible, que las cosas pueden mejorar, que se puede llegar a lo más excelso. Para la construcción de cualquier cosa, primero debemos escuchar a la gente que conoce el terreno, escucharlos, confrontarlos, analizarlos, estudiar sus razones para luego decidir y, sobre todo, crecer.

Todo eso pienso que puede ser.

Claro recuerda, también, que soy un absurdo hechicero, completamente antiguo e irremediablemente ingenuo.

Todo lo mejor para ti.


PS: Sobre la foto, su nombre es Delia, Delia de los Robles, trabaja en la Isla de Margarita y lleva, en ello, 60 años. Ha levantado sus dos hijas -ambas profesionales universitarias-, al quedarse viuda muy joven, a punta de empanadas, frente a su casa.

Ya es abuela, bisabuela, tatarabuela y sigue trabajando: “Mijo es mi vicio y aún no estoy tan vieja pa’dejá trabajá”. Me dijo en su cantarina voz de diosa de sal, olas y nubes. No todo está perdido mientras existan tantas Delias, Marías, Pedros, Octavios…, que se levantan, todos los días, para crear un país.

Yo brindo por ellos.

lunes, noviembre 26, 2007

19 Julio 2007, La Habana

La semana pasada, leí un artículo de Maruja Torres en El País -ella, desde 1989, es una de las santas de mi particular santoral- y pensé en nuestro país, la otrora Venezuela. Su título, “Tragar o no”

“Algunos asuntos no cambian nunca. Mudan de barba, se adornan con hallazgos tecnológicos, tratan de convencernos de que, con la aparición de nuevas apariencias, desapareció su sentido u objetivo. Pero con IPod o sin IPod, con WiMax o con Wi-Fi, con blog o con wiki, a 2 megas o a 70 megas, lo que importa sigue siendo lo mismo. A los veinte, a los cuarenta, a los sesenta años. Aceptar sin crítica. Pasar por uvas. Tragar.

Decir "sí" o decir "no".

Dejarse machacar o intentar resistir.

Es algo que tarde o temprano se presenta siempre en la vida de una persona, no importa la época por la que le haya tocado traisitar. Y que persiste en asomar de tanto en tanto. A quien acepta el pacto a la primera suele hacérsele más sencillo aceptar lo que sigue. Quien se niega tiene que arrostrar las consecuencias y prepararse para la siguiente escaramuza. Hay gente sumamente heroica que defiende sus principios en las más difíciles condiciones; y muchos que no se lo pueden permitir, pero que se las apañan para apoyar a quienes podrían conseguirlo. Los hay que señalan de antemano a quienes adivinan como rebeldes potenciales: son los ojeadores de mansos.”

“-Bienvenida al mundo real. Éste es el rostro que aparecerá ante ti en determinados momentos del futuro. El rostro de quienes te querrán someter de una manera u otra, por una razón u otra. Los mediocres que cortan el tallo de las rosas más altas, los desgastadores de codos que detestan tu forma iconoclasta de trabajar, los simples envidiosos y, por encima de todo, el Sistema, que expulsa a los diferentes y aprieta filas en torno a los mediocres.

-Eso es horrible.

-No, si lo sabes y abres en tu interior una parcela infranqueable en la que te prepares para la lucha.

Le dije que casi siempre ganan los otros, pero que son los resistentes, fracasados o no, los que mejoran el mundo.

Con pixels o sin pixels. Así de crudo.”

Fin de la cita.

Dentro de una semana nos jugamos el futuro, así de simple, así de sencillo. Mucho hemos charlado sobre la situación de nuestro país, pero a la final no vamos a votar. Es más fácil esperar viendo la tele –por cable y si de ser posible con un whisky en la mano- que hacer cola y defender nuestro derecho. Señores el futuro lo tenemos en nuestras manos, luego será muy tarde para opinar, decir y, quizás, hasta soñar.

Yo lo digo públicamente, votaré NO, un NO inmenso, un NO con toda mi oposición a tanta locura, a tanto “yo soy arrecho y quatriboleao”, a tanto hedonismo barato, a tanta ranchificación cerebral vulgar y hasta poco estético -Verdad Emperatriz-. Señores lo hago por mi familia, por mis amigos, por toda esa gente valiosa que se quedó en el camino luchando por un posible. En definitiva, lo hago por mí, por todo lo que creo y sé que puede ser una verdad inmensa.



Todo lo mejor para Ustedes y a votar, según sus conciencias.

Ello se les agradece.


PS: Si deseas leer el artículo de Maruja, allí te va el link.

http://www.lacoctelera.com/reggio/post/2007/11/18/tragar-o-no-maruja-torres-el-paaas-semanal

PS1: La foto. La tomé el 19 de julio, de este año, en Cuba. Muchas cosas pueden derivar de la imagen, pero por mí parte, sobran los comentarios.

domingo, noviembre 11, 2007


Desde que anuncié mi “sincericidio” me he dado cuenta que no existe algo peor que la misma palabra. He buscado tiempo, de dónde no tengo, para leer cualquier cantidad de noticias, libros, artículos, textos, resúmenes, anuarios… Para ver y/o escuchar un sin número de videos, fotos, archivos de radio y musicales…, redactando, releyendo lo escrito, editando, volver a redactar, borrar, desechar, volver los pasos andados, volver a las fuentes, llamar para verificar y volver a verificar. Cotejar recuerdos, constatar historias, teléfono va correo, e-mails, vienen…

Qué agobio!

Algo de historia.

Cuando estudiaba en la católica, en el siluriano superior de mi vida, mi tesis versaba sobre la evolución de Caracas, como ciudad, durante el siglo XX. Una concienzuda revisión de la capital de mi país desde el punto de vista político, económico, social y sus necesarias variaciones. El tema era, es y será ambicioso, tan ambicioso como cuando se tienen 20 años y muchos sueños por realizar. Tuve la suerte, mientras buscaba documentación, en conocer a personas maravillosas que de una u otra forma contribuyeron, para bien o para mal, a formar parte de la vida caraqueña. Al entrar a ciertas bibliotecas encontré tesoros, preguntas sin respuestas, retratos borrados, montones de cintas TDK rotas, Betamax sin aparatos, U-matic, cintas de super ocho. Largas charlas con Áureo Yépez Castillo mientras él, trasfigurado en su particular mezcla entre Descartes y Sócrates, me llenaba de preguntas, para que yo buscara las respuestas. Se lo agradezco maestro.

Existen, lamentablemente, muchas cosas en la vida las cuales uno tiene que renunciar. La tesis fue una de ellas. Y vuelve la frase de Mónica Montañés: “Uno debe arrepentirse de las cosas que no se hicieron en la vida”, toda una loza enorme y pesada.

Volviendo a mi “sincericidio”, me he sentido perdido, son tantos cabos sueltos, tanto que analizar, releer, interpretar, tantas opiniones encontradas, muchas verdades, muchas mentiras, muchas historias que cambian historias que he vivido en primera persona y nada ni nadie puede cambiar, ni deberían. Y una sola pregunta por responder: Dónde esta mí verdad?

En menos de 10 años, me han cambiado la constitución, la bandera, el escudo, dentro de poco el signo monetario, cerraron RCTV –con todo lo que ello conlleva-, la gente se ha polarizado…, todo se ha convertido en un cisma pesado y constante.

Cisma.

La primera vez, que tuve una vaga idea de lo que era un cisma, fue en la casa de mis abuelos maternos. Tiempo después comprendería lo pesado de dicha palabra. Corrían los últimos días el año 1967 y Luis Beltrán Prieto Figueroa se había separado de las filas de Acción Democrática, montando tienda aparte, El MEP, Movimiento Electoral del Pueblo, terror de todos los terrores. “Cómo se le ocurre al orejón ese semejante cosa...”, vociferaba mi abuelo, en plena cena, sin ocultar su mal humor, presidiendo la mesa. “Él tiene razón...” se escuchó de un lado de la mesa. Pausa a la película y silencio de cubiertos. Creo que una bellísima América Alonso se quedó muda en la tele, a blanco y negro, o era Amado Pernía, que sudando tinta, no encontraba su famoso bolígrafo en su Observador Creole. “Tiene razón, lo de Gonzalo Barrios no tiene nombre, no debería haber otro candidato que Luis Beltrán y yo voy a votar por él”. La que hablaba era, nada más y nada menos, mi mamá.

En un segundo el mantel desapareció sobre la mesa, llevando tras de sí platos, cubiertos, copas, medio asado que volaron dejando un reguero variopinto por medio comedor. Al final un par de profundos ojos pardos, furibundo, con la mirada fija en su hija.

“En ésta casa…, hoy no se cena”. Se escuchó lentamente la voz de trueno de mi abuelo. Su hija, la mayor, se le ocurría irse con el orejón. Ella la que fue reina del partido. Ella la ahora recién viuda de una prominente promesa del partido…, la que tiene un hijo de pocos años, Ella debería pensar en él, en su hijo. Ella la que trabajaba con Doña Menca, Ella se atreve a decirme a mí que no va a seguir la línea del partido…

No hubo más que decir ni comentar, mi abuelo se encerró en su indignación, y el silencio se instalo en la casa por más de una semana.

Cisma.

Eso es lo que he visto y sentido en mi último viaje a Venezuela.

Envuelto entre tanto recuerdo inconexo, con tanta palabra mal dicha, con cada historia prêt a porte se me ocurrió llamar a mi amadísima Emperatriz China y preguntarle sobre su opinión, sus sabias palabras. Y habló, y cómo habló. Le pedí que lo escribiera y lo escribió, y yo lo transcribo -me va a matar y asumo el riesgo-. Luz en el tunel, maná del cielo, pues luego de su escrito no tengo otra cosa que agregar ni comentar.

"¿Cómo lograr la felicidad en una mina? Con música ruidosa y asincopada, alcohol, putas, travestis, estupefacientes y el azar.

¿Cómo se demuestra el éxito en una mina? Con música ruidosa y asincopada, alcohol, putas, travestis, estupefacientes y el azar.

¿Qué normas funcionan en una mina? Las naturales. En las minas sólo funciona la Ley del más fuerte, la bravuconada, el mandonismo, el tirón en la bragueta y la puñalada artera son sus variantes.

¿Y los recuerdos? En la mina no hay memoria, todos traicionan y se traicionan y no hay cosa más difícil que perdonarse.

¿Y el amor? En las minas el verdadero amor se esconde para que no lo llamen estúpido y le pongan precio con i.v.a.

Las minas son terreno fértil para el ejercicio del dominio; de allí lo orgásmico que puede resultar la aprobación del dominante, por eso las mineras se empeñan tanto en remontar el río, en una camilla de quirófano, por un par de nuevas tetas.

En las minas se convive con la muerte ¿Será por eso que los centro comerciales el peregrinaje es infinito después de una buena arenga dominical?.

Los mineros consumen viagra porque no creen en sí mismos. En la mina, que vivo, su consumo es el mayor de América Latina.

En las minas cualquier hora es buena para el disfrute por eso es un desperdicio ser puntual.

No se puede ser ecologista en una mina por que serás tachado de subversivo o de maricón.

Los héroes son el castigo de los mineros, los mineros al no tener identidad buscan asemejarse a alguien y sus héroes, fatalmente, nunca podrán ser emulados; se vuelven irreales como los de los comics, por eso cualquier cosa que les suene a héroe nacional los hace irremisiblemente obedientes en nombre de esa heroicidad. Bendito sea el que sepa usar en su beneficio al héroe de una mina. "

Todo lo mejor para Ustedes.

NOTA: A mi grupo 11N, aquellos que hace un año iluminaron la noche, me regalaron sus sonrisas, sus besos, sus abrazos. Mi eterno agradecimiento, pues cuando se mira clarito las distancias no existen.

lunes, octubre 29, 2007

Amigos, estoy en dique seco. Las musas se diluyen entre los pasillos del aeropuerto.

Sí, ya sé…, prometí mi particular sincericidio patrio. No lo he olvidado. Allí están, sin redactarse, dando vueltas entre mis neuronas, volviéndolas a punto de manicomio -más…, si cabe y es posible- y yo sin lexotanil de 6mg o varios diazepan de 10mg. La justicia no existe y Suiza no es el paraíso. Mis sentidos están embotados, en perpetuo agobio, por tanta información. Son versos sueltos, asonantes, párrafos sin sentido, inconexos, en busca, vanamente, de algún tiempo, para ordenarlos mediocremente y presentarlos lo más aceptablemente posible.

Estoy perdido entre tantas fotos, videos, artículos, recortes de periódicos, e-mails, archivos sonoros. Tantos que me hace sentirme en plena recta final de la presentación de un informe para alguna cátedra en la Universidad. Vainas de obseso, complejo de “yo puedo hacerlo” y manía perfeccionista. Al final es un absurdo autoengaño, vulgar y silvestre…, tengo siglos en ello, pero esa es otra historia.

A lo que iba.

Entre lo encontrado, escuchado, visto y leído, me he topado con varias perlas. Entre ellas este maravilloso artículo, escrito, nada más y nada menos, por Aquiles Nazoa. Sirva de abre boca, y para mi enorme ego, como prologo para los que pretendo publicar. Y que Dios, Allāh, Buddha, Brahmā, Vishnú, Shiva, y todos los demás –Santos, Ángeles y Arcángeles todos incluidos-, sean benevolentes con este simple mortal.

Disfruten el artículo y el archivo musical.

Y todo lo mejor para Ustedes.

Los años 20 en el París de un piso

cabre 2

Aquiles Nazoa

Entre esos años finales de la primera Guerra Europea y el vuelo de Lindbergh sobre el Atlántico en 1927, nuestra Caracas es como una pequeña caja de resonancias a la que llegan con cierto retardo, pero con el encanto de una música nueva, las vibraciones de un mundo que adquiría una expresión remozada, bajo la acción rejuvenecedora de las primeras hojillas Gillette. Fue muy lento el proceso de acomodación de la ciudad a los nuevos modos de vivir que le imponía su creciente invasión por las innovaciones estéticas y tecnológicas del siglo XX. Aunque los automóviles habían venido adueñándose de sus calles desde 1907, ya en 1912 los caraqueños habían visto aterrizar en el Hipódromo de El Paraíso el aeroplano de Boland, no parecía Caracas muy presurosa por incorporarse al ritmo acelerado en que se anunciaban los nuevos tiempos. Todavía en 1922 muchas señoritas caraqueñas calzaban botines adornados con lazos, y realzado su aire de inocencia por la cinta azul pálido que les ceñía la cabeza, recogida la cabellera en peinado de piñata que se socorría con abundancia de horquillas, vestían aún las angélicas batas de la moda “princesa”, popularizada desde el 1900 por las bellezas arquetípicas de las tarjetas postales. Y en pleno 1927, cuando culminaba en su momento más frenético el gran estremecimiento mundial de los “años locos” se continuaban viendo en Caracas caballeros que asistían a las retretas de la Plaza Bolívar con pimpante bombín y ribeteados paltó-levitas, como en los buenos tiempos de doctor Rojas Paúl. La afición al cinematógrafo, que despertaba en aquellos tiempos, estimulada por la aparición de grandes estrellas como Chaplin, Mary Pickford, Douglas Fairbanks, John Gilbert o Rodolfo Valentino, no había logrado desplazar el viejo gusto de los caraqueños por las buenas temporadas de género chico en el Nacional, ni su caballeresca devoción por las coupletistas y tonadilleras españolas, que aún en plena efervescencia del charleston siguieron deleitándoles con sus anticuados repertorios de “Es mi Hombre” y el pasodoble “La Hija del Carcelero”. En 1922 se terminó la pavimentación de la carretera de La Guaira y se pusieron de moda las excursiones automovilísticas a Macuto; pero el espíritu de belle epoque dominante en la atmósfera de la ciudad, sobrevivía en la preferencia de los caraqueños parranderos por los coches de caballos para correr en las noches sus jubilosos truenos, o en el cuadro de las engalanadas familias que los domingos concurrían con sus niños a la retreta matinal de la Plaza Bolívar, para luego llevárselos en un ensoñado paseo de jardines en el tranvía de El Paraíso. Otros preferían el de El Valle que les ofrecía en el camino la emoción de un túnel, o la ruta de Sabana Grande para la que partía desde la estación Central la estampa absolutamente fantástica de un tranvía de dos pisos.


En sus gustos y en muchas de sus costumbres, estacionaria en su afrancesamiento de viejo estilo, Caracas seguía siendo el “París de un piso” con que la había comparado Eleroy Curtis en 1895. “La Glaciere” y “La India”, con sus salones para familias, adornados con grandes espejos franceses, eran como los templos de la chismografía social, donde los literatos pontificaban en torno a unos pumpás de cerveza que parecían columnas talladas en cristal de roca, y las damas fulgían como joyas antiguas en los lujosos colores de sus modas Tutankamen. Los deslumbrantes tesoros descubiertos en 1922 por Howard Carter al excavar en el valle del Nilo la tumba del romántico faraón niño, habían difundido por todo el mundo la magnificencia y decoratividad minuciosa de aquel estilo funerario de hacía tres mil años, dando lugar –en ese lustro confuso del 20 al 25- a una curiosa estética mezclada de art noveau y egiptología, que invadió desde las formas planas de los vestidos femeninos, hasta el linealismo estereométrico de los muebles y los frascos de perfume. De las lujosas jardinerías en piedras preciosas representadas en los pintapajantes y pectorales de Tutankamen, con sus hieráticos animales vaciados en alveólos de oro y polícromas pastas de vidrio, salieron los temas egipcios que decoraban las telas importadas por la Compañía Francesa en 1925 para las mujeres de Caracas. Y los colores eran –como los de las taraceadas policromías que adornaban el trono eclesiástico del faraón y sus cajas de ungüentos-, el oro rojo y el alabastro, el azul turquesa de los nemsets, el castaño y marfil de las taraceas, el ópalo misterioso de los escarabeos sagrados. Sinónimo de excelsitud del gusto, todo lo que después se significó por la sucia palabra “pepiado”, se traducía entonces para los caraqueños por la palabra Tutankamen.


En 1926 ya las mujeres de Caracas habían adoptado definitivamente la moda de la falda corta y el talle bajo, así como las medias de seda color carne, y las ceñidísimas zapatillas con tacón de cinturita que dejaban todo el pie a la vista. Cuando cruzaban las piernas podían vérseles con facilidad unas adornadísimas y rizadas ligas que se parecían vagamente a los dulces de pasta de la Panadería de Solís, y adoptando una actitud sofisticada que habían aprendido en las películas de Greta Garbo fumaban públicamente en unas finas boquillas, largas como batutas de marfil. Querían ser como el resumen de los distintos especímenes en que el cine definía la tipología de la mujer moderna: eran audaces y dinámicas como Perla White, enigmáticas y un poco sombrías como Pola Negri, simpáticas y traviesas como Mary Pickford, y le imitaban a Clara Bow su maquillaje de ojos encarbonados y boca en forma de corazón. De las manos afeminadas de los peluqueros para señoras del recién inaugurado Salón Dorsay en la esquina de Las Madrices, salían luciendo el audaz corte marimacho de pelo “a la garconne” que había tomado su nombre de la desacreditada novela de Víctor Margarite, y a la salida de las vespertinas elegantes en el Rívoli o en el Rialto, se iban a las tardes danzantes del Tea Room Avila, donde se desgonzaban bailando charleston y shimmy.


El sentido del trópico y del deporte que despertaban en esos años, se manifestaba en la preferencia de los hombres por el saco tachonado a la espalda, los zapatos de balatá y el sombrero de pajilla, todo ello armonizado con camisa rayada de cuello corto y corbata tejida y angosta al estilo “mecha de lámpara”, que se sujetaba con pisacorbata en forma de aeroplanito de raqueta de tenis. La tela masculina en boga era un paño liviano y picante cuyo nombre norteamericano de Palm Beach sincopó el habla de los caraqueños en la palabra pambiche. El peinado de los hombres –simplificación de la flor de parcha novecentista-, era de raya al medio, muy alisado con la gomina que se había puesto de moda, al estilo de Valentino en la película Cobra, responsable también de las patillas en corte de piquito que en aquellos años estuvieron igualmente en boga. Las noches en que a los empambichados novios les tocaba visitar a su prometida, le llevaban un paquete de pastas finas de la panadería de Las Gradillas o de Solís, o un cuarto de kilo de helado de los que despachaba La Francia en sus afamadas cajitas a domicilio. También se regalaban los voluminosos caramelos en palito llamados “bolas americanas”, y unos dulces de procedencia francesa conocidos como “carlotas rusas”, especie de variante comestible del Jabón de Reuter, hechos de una materia esponjosa, liviana y perfumada con textura de anime, que había que comer muy poco a poco para evitar la asfixia.


Aunque el medio favorito de transporte público siguió siendo por mucho tiempo el tranvía, ya desde 1924 habían empezado a aparecer en las calles de Caracas las primeras líneas de autobuses. A continuación de la línea para La Pastora, en 1926 se estableció la ruta de Antímano, servida por un enorme carromato de color pizarra, provisto en la parte de atrás de una plataforma en la que los pasajeros de pie viajaban como en un kiosko. A causa de su funerario aspecto fue popularmente bautizado como “La Pantera Negra”, nombre que sin el adjetivo se generalizó después para todos los autobuses ¡Ahí viene la Pantera! El elemento de competencia que empezaban a significar para los lentísimos tranvías, se expresaba en las provocativas cancioncitas con que los colectores del autobús invitaban a