lunes, octubre 24, 2016

Y mientras el país se vuelve papilla.

 

Suiza en sus inmensos 41.000 km cuadrados, posee varias capitales. Berna, la capital federal. Basilea, la capital industrial. Zürich, la capital financiera. Lugano, la capital del retiro y Ginebra, la capital más internacional, la cosmopolita.

Y justamente ese es el problema de Ginebra que siendo, supuestamente, la capital más internacional y cosmopolita es la menos ciudad.

Me explico. Ginebra cuenta con todos los organismos internacionales que puedan imaginar, entre sus calles se puede escuchar casi la totalidad de idiomas del mundo, incluso los dialectos, todas las nacionalidades. Cualquier cantidad de personas, de todo el mundo, para trabajar en dichas organizaciones -los cuales, ellos, los trabajadores, no pagan impuestos, tema espinoso y que dejo de lado- llega, se instalan y no saben por cuánto tiempo van a quedarse y ello les impide colocar raíces fuertes con la ciudad. Pueden estar por una semana, un mes o toda la vida. Fabrican y nacen como hongos guetos naturales -idioma, grupo étnico, grupo laboral- y muy difícilmente se integran a otros grupos. De haber esa posibilidad, es una relación tangencial, como cuando compartimos un trasporte público o vamos a un cine.

Y si a todo ello le agregamos a los turistas, la cosa se complica un poquito más.

Por ello sostengo que Ginebra es cualquier cosa menos una ciudad cosmopolita con personalidad propia. New York es otra cosa, Paris, Londres, Ámsterdam. Aquí el sentido de pertenencia no existe o por lo menos no se hace sentir.

“Pueblo pequeño, infierno grande” le escuché una vez a mi abuelo materno. El señor de los zapatos de trapo. Ginebra lo es una ciudad pequeña y, también, un particular infierno.

Por mi trabajo conozco y medio conozco a mucha gente. Gente que va, ve, viene, pasa y se pierde como aquella canción de Milton Nascimento y Fernando Brant que Maria Rita nos regaló con su divina voz "Encontros e Despedidas". Trabajar en un aeropuerto es afinar, si se quiere, la observación y la intuición se atempera. Ves sin ver, escuchas sin oír y te enteras sin querer.

Uno ve lo que no debe ver, uno escucha lo que no se debe escuchar. Uno se entera, sin buscar, de cualquier tipo de informaciones que, sembrados en oídos pródigos, pueden desatar más de una guerra mundial. Y, lo más sano, es hacerse el pendejo, dejar que la vida siga su normal trascurrir y evitar convertirnos en Mesías. Teniendo en cuenta cómo terminó el Mesías, es mejor ni intentarlo.

No es un secreto la situación de mi país, el agobio patrio abre sus tentáculos y su roce te llega así estés a 8000 kilómetros de distancia. El frío rumor de la seda se escucha y ver el yelito del güisqui, de mayor edad, hace circulitos, en grandes vasos, con el deito.

Uno conoce a uno, que conoce a otro, que es escuchado por la otra, que se lo cuenta a aquel, que lo vio ella y que al final se lo comenta a uno que trabaja en el aeropuerto que, por casualidad, conoce a un venezolano, la rueda del chisme da otra vuelta. Lo curioso es que, si buscarlo, y por diversas fuentes, escucho el mismo cuento, la misma historia, el exacto rumor y si 8 personas, disimiles, te cuentan la misma película, es posible que no sea un simple invento estival. Y, si de repente, ves, frente a ti, al personaje en cuestión, que debería estar en Venezuela, atendiendo su negocio, o sus negocios, con EL ratón y cara de no haber dormido por días, das crédito a lo increíble o, por lo menos, te da qué pensar. ¡Qué vaina con la vida!

Bacanales en restaurantes carísimos, idas a conciertos en Paris, toldos para fiestas patrias alquilados a kilómetros de distancia. Cortos cursos de inglés, en Londres, en pleno verano. Compras de casas en la exclusiva Niza por pobres funcionarios públicos, peleas olímpicas por un florero de plata. Ir a teñirse la mata de pelo, en Roma, alojarse en un hotel llamado Imperio -con el secretario de la secretaria y largo anexos-, “ponme en la tarjeta unos 10.000 no me quiero quedar sin efectivo”, es como para reírse y no llorar. Llegadas de aviones privados con funcionarios de pobres países tercermundistas de rojo color y que van a humildes pensiones de miles de dólares por noche. “No podemos ir a otro sitio. Madrí, Parí, Asterdan y luego volvemos, ésta vaina es una ladilla”. Fiestas bañadas, literal, por litros de caldos escoceses, intoxicaciones varias por pastillitas azules y muchas chicas cultas especialistas en idiomas varios. Ida y vuelta a un poquito más allá de la frontera, usando el chofer oficial, visita a la amante de turno, sobrina de una funcionaria de allá y que está aquí haciendo un culsito de fransés. Honorarios diplomáticos que discutían con polacos y sostenían que Karol Józef Wojtyła no era de por allá, es italiano, es El Papa. Escuchar, por ejemplo, “Venezuela se caracteriza por carecer de personal diplomáticos de carrera. Ellos tienen sólo funcionarios a la carrera” y uno respirar profundo.

Es usar misiones diplomáticas cual hoteles, moteles, es la palabra exacta. La noche es corta y “muy largo el olvido”. El nepotismo patrio se hace vulgar entre el personal. “Se cogió esos riales y la mataron por deudas de juego, pero se corrió que se suicidó”, “…no me lo maten no, señor cazador…”, “yo llego, duro unos diítas y luego me voy a La Haya, por allá es la cosa. Y luego cobro por allá y por aquí”. Todo en cash, no se deja huella. Suplente, del suplente, de la secretaria, del vicepresidente y que es esposo de la secretaria, del primer secretario del secretario y no habla ni cuti, pero gana en dólares. Traslados, pagos en dólares, de personal que regresa al país y que desde hace años tiene otro cargo por allá.

Repetir formas de la cuarta…, cual es el peo, nadie lo recuerda. Volver a lo mismo pero distinto, firma ahí, nadie lo va a leer. Guárdame esto allí, luego paso. Campeonatos de futbol por la copa Míster Verruga. “Volver a Caracas…, ni de vaina. Toda mi familia está en Alemania”, “Salve Regina Mater”…, qué bonito se escucha esa vaina “in situ”.

¿Y no tienen ni papel de baño? ¿No hay medicinas? ¿Y cómo hacen? Bellísimos pasaportes diplomáticos en empleados de PDVSA que van a China en primerísima primera clase por dos semanas. Salir urgente a una reunión a la capital de Brasil, y llegar a Río, no es lo mismo? Lindísimas chicas de las Mercedes del Llano, en el propio medio del Estado Guárico, que van a Viena a ver cómo suena un vals.

Todo por el país. Trabajamos, nos sacrificamos, para que el país sea respetado. Es difícil no comer una arepa con diablito. Aquí ni queso blanco hay. Las lechosas son de juguete. Ya mi hijo está en Lisboa para jugar futbol, ya me llegaron los biyuyos, el ministerio me dio luz verde. ¿Qué te traigo de nuyol?

Ginebra.

Suiza, en sus inmensos 41.000 km cuadrados, posee varias capitales. Berna, la capital federal. Basilea, la capital industrial. Zürich, la capital financiera. Lugano, la capital del retiro y Ginebra, la capital más internacional y cosmopolita.

Y me pregunto: ¿Cómo será la vaina allá por New York?

Lo que uno escucha, se entera, ve, mira, observa, por Ginebra. Lo mejor es no decir nada. Tan sólo, y es divertido, el tú sabes que yo lo sé. Es un riesgo que muchos corren. “Pueblo chiquito, infierno grande”. Luis Alberto Peña Alvarado, te juro que te vuelves a morir.

martes, agosto 16, 2016

Aquel 1990

Corría, con cierta elegancia, el año 1990. En febrero de ese año se había muerto, de muerte natural, ese raro bosquejo de pareja que yo, como buen terco tauro, me inventé crear. Fue vivir “100 años de completa soledad” mal escrito, con ocho cucharadas, soperas, de todas las novelas de Isabel Allende, versionadas por una Delia Fiallo borracha, peor actuada y aquella canción, de Lani Hall, como tema central.

“He cometido un gran error
enamorarme sin contar contigo.”

Esa canción era el patético leitmotiv de esa absurda malanovela. Luego, 20 años después, no sólo confirmé, lo malazo de ese bodrio. Cada vez que mi ex me llamaba al escuchar su voz, pensaba un largo  “Pero, ¡¡¡cómo pude!!!”. Si uno no se respeta, cómo demonios puede lograr que le amen y le respeten. Sonará a un soberano pase de factura. Nada más lejos de ello. Es parte de la vida que me tocó vivir. Lo que no es, nunca fue ni será, por más que deseemos que sea. Pero esa es otra historia, y recordarla, no es la idea.

Vuelvo al cuento bonito y la hermosa razón de lo que intento escribir. 

Estábamos en el año 1990. Lo cierto es que en los primeros meses de ese año media universidad -la UCAB- estaba enganchada mirando aquella pequeña maravilla llamada Vale Tudo. Profesores y alumnos salían corriendo para estar frente a la televisión a las 9 en punto. Por supuesto, también yo.

Me fue inevitable engancharme a la trama y, sobre todo, a la música. De todos los temas, hubo uno en especial, el de la cortina sonora de la relación de Alfonso y Solange. Su título "Faz Parte do Meu Show". Un tema que tiene la magia, y la llave, para hacerme llorar a mares, es como si mi alma saliera de mí y me dejara sin aliento. Puede convertir mi mente papilla y volverme a reconstruir al mismo tiempo.

La compañía, donde por ese entonces trabajaba, me dio un bono de unos largos 1000 dólares, una fortuna para aquella época y toda una sorpresa para mí. Me sentí millonario y dueño del mundo. En eso me encontré, al vuelo, con Orlando Aguilar -una de las voces más hermosas que han escuchado los pasillos de la Universidad de Carabobo-, a eso de las 5 de la tarde, por aquella Sabana Grande, de todos nuestros recuerdos, y debido a que él trabajaba en Etcétera Group, lugar donde se dobló Vale Tudo para Latinoamérica, le pregunté dónde podía encontrar el disco de Cazuza, y él, -bendito seas estés donde estés-, me dijo. “Allí debe haber uno o dos” y se perdió de vista. Él siempre fue así, un eterno “ahora me ves, ahora no”. Si lo ven…, me lo saludan, por favor.

 Dado que estaba frente a la tienda de disco, entré. Lo encontré. Y la gloria existe. Estrenando sonrisa y mirada me metí en las tripas de la estación “Plaza Venezuela”, personas salían, otras entraban, compré mi ticket y, frente a la máquina de la entrada a los andenes, con EL colón de gente tras de mí, me quedé, como en el limbo, por unos segundos. Me dije, y creo en voz alta: “¡Jueves!, Morella está allí…” y me devolví para caminar sobre mis pasos. Entré al bar con nombre gastronómico y de dieta mediterránea.

Morella, la de la sonrisa de Sally Bowles, la amiga y la cómplice de media vida, la que presenta gente, la que es y lo demás es lo demás, estaba allí, sentada en su trono del jueves por la tarde. "Y qué haces aquí…”, me dijo al verme, al verme. “Pensé que estabas aquí y pasé a ver si, de repente, te encontraba" respondí. “Pues…, me sorprendes. Hace unos minutos decidí venir. Por cierto, -y mirándome directamente a los ojos- ¿adivina quién va a venir hoy por aquí?”

Y la historia es larga de “Subida, bajada y brinco” como dice el poema. Me vi en sus ojos, volví a estrenar sueños y juntos, desde ese día, hemos construido un mundo: bueno, malo, terrible, raro, maravilloso, bonito, mágico, cómico, inmenso, pequeño, luminoso, curioso…, pero nuestro. Muy nuestro. Hoy hace 26 años que “Mi Ave Migratoria” y yo decidimos pintar el mundo con nuestras miradas y afrontarlo, construirlo, agarrados de mano. Es bonito saber que la vida te sonríe y es hermosa. Hoy les doy las gracias a todos los que, a lo largo de estos años, han estado allí para celebrar que la vida es un día y ese día es hoy. Y ese hoy es siempre.


Gracias.


Por favor, escuchen los primeros segundos de éste tema. Puede ser que me entiendan. Amigos les dejo al divino Cazuza

"Vago na lua deserta das pedras do Arpoador
Digo 'alo' ao inimigo
Encontro um abrigo no peito do meu traidor
Faz parte do meu show,
Faz parte do meu show, meu amor
Meu amor, meu amor, meu amor..."

PS: La primera versión era un absurdo total. Me dejé llevar por lo emotivo y lo cubrí de acentos, puntos suspensivos. Gracias, de nuevo, a mis ángeles -dos-, que me jalaron las orejas. Gracias amigas.

viernes, abril 24, 2015

18922 días, 643 lunas llenas…







La vida es una cosa extraña. Al igual que te da, te quita. Un largo mar repletos de olas que vienen, olas que se van. Y ella, la vida, cual pintoresca bibliotecaria, va colocando los libros de vidas, escritos por nosotros, en su inmensa estantería. Sí…, ya sé, no soy en lo absoluto original.


Sobre el vivir, el existir, siempre he tenido una particular forma de pensar. Nada es sin que pase por algunos de nuestros sentidos y así verificar su existencia.


Un ejemplo sencillo. A mi lado izquierdo, a unos dos metros de la mesa desde donde escribo, está una ventana abierta y en borde de ella toman el sol dos plantas. Una es una albahaca. La miro y observo sus matices de verdes y en éste momento entra, por la ventana, una sutil briza y con ella el ruido de Ginebra.


Nada de esto existe para ninguno de ustedes, pero es tan vivo para mí que ya es parte de mi vida.

Por ello cada instante es único, irrepetible, rico, un espectáculo maravilloso…, esa es la razón por la cual decidí, desde hace años, vivir, disfrutar, aprender, comprender, entender esta vida que me tocó vivir. 
 
Nunca he pretendido ser feliz…, cosa que, por demás, me parece fastidiosisisisisísima. Prefiero tener una vida plena en experiencias -buenas, males, menos buenas, menos malas, regulares, pésimas, dolorosas, plenas- para llegar, en la manera posible, ser sabio de mi vida. No pretendo marcar normas ni pautas, en la vida de los demás. Sé, en carne propia, lo dañinas que pueden ser. Tan sólo intento sugerir y la decisión es de cada uno. Cada quién tiene su manual y su forma de hacer la torta o poner la torta. Es parte del aprendizaje. 


El día que yo me muera, se irá conmigo mi mundo. Mis recuerdos, mis sentimientos, mis vivencias, mi forma de bailar, mi forma de hablar. El mundo seguirá, no va a ser el mismo, no va a existir, pues yo ya no estoy en él. No es un ataque inmenso de soberbia de mi parte…, pero de qué vale que el mundo siga, que la fiesta se mantenga, sin que uno no la disfrute?


Mi mundo comenzó un 24 de abril de 1963. He disfrutado sus 18922 días, sus 643 lunas, miles de sonrisas, miles de lágrimas y, sobre todo, estás tú. Estás en mí y te agradezco las líneas que has escrito en el libro de mi vida. Gracias por el honor de dejarme escribir alguna letra en el libro de la tuya. Espero, deseo, leer tus frases, oraciones, párrafos, capítulos. De algo estoy seguro, la vida decidirá el cómo, cuándo, dónde, por qué…, ella es así y nunca se equivoca.


Lo cierto es que he sido, soy y seré afortunado en tenerte.


Gracias por estar, por ser, por existir.

Todo lo mejor, siempre, para ti y todos tus afectos.



PS: Cuando Diego Ramón y María de Las Nieves se estrenaban como padres, en Valencia Venezuela…, aquel miércoles 24 de abril de 1963, en un lugar perdido de los Estados Unidos, una chamita cantaba en el Show de Perry Como. Qué cosa, no?

viernes, enero 02, 2015

El año que nace...

Un año se inicia. Y nos llenamos de tantas promesas -verdad Henry-, de buenas intenciones que al trascurrir de un tiempo olvidamos o, sencillamente, se diluyen entre las horas de los días por estrenar.



Se nos fue el 2014 con sus maravillas y sus horrores. Nos dejó, quizás, una arruga más, media lágrima de buena cosecha, la mirada de un amigo y la sonrisa, siempre placida, de los verdaderos afectos.



Yo tuve, en mi vida, un ser especial, al cual le llamé “La Emperatriz China”, un día ella, por vainas que ella sólo sabe, decidió encerrarse en su castillo de miles de puertas de jade, perderse en sus pasillos y salones. Lo cierto que un buen día, recostada, como tal cosa, sobre una voluta de sus suspiros me dijo: “Diego…, eres uno de mis pocos amigos que se le hacen todos los sueños realidad” y luego de respirar, todo el oxígeno de cuatro eras geológicas, me miró a los ojos y me preguntó: “Y qué piensas hacer?” mientras se tomaba su te rojo.



Pasaron setenta primaveras y “Seguir soñando”…, le respondí. No encontré otra respuesta a su pregunta.



Terminé el año montado en un avión y lo recibo montado en otro. La vida, desde el 24 de diciembre, se me volvió licuadora y aún estoy con los últimos efectos del golpe a la campaña. Llego a casa sin maletas, la conexión fue muy corta y en los aeropuertos, en estas fechas, los milagros también salen de vacaciones, y no tengo otra cosa que hacer que meditar sobre el basto terreno que supone el 2015.



Además, amigos míos, se puede tener mejor manera en perder el tiempo en una tarde gris, invernal y ginebrina?



Y, casi sin querer, me la encuentro a ella, Elaine Stritch, y recuerdo a mis amigos, a mis amigas, que han sobrevivido a terremotos, a reconstruirse después del naufragio, a maquillarse una sonrisa sin tener idea del cómo hacerlo, de aquellos que suspiran profundo y hacen cielos estrellados como si tal cosa.



Llego y me pongo a revisar email, correos, facturas por pagar, ropa que lavar y tengo hambre. Retomo la rutina y pienso en mis afectos -qué vaina con los afectos!!!-…, uno intenta comprender y hasta entender pero la realidad hace que la gente piense por ellos mismos y metan la pata, completica, justo en el hueco que hace años les dijiste “Tengan cuidado”. Y de repente, se te presentan, con el lagrimón, la tragedia, la telenovela y uno estrena, otra vez, la carita de estampita de “El Santo Corazón de Jesús”. Eso viene con el paquete de lo de ser amigo, no?



Elaine Stritch se nos fue, como muchos, el año 2014 y ya es parte de mi vida. Consuelo de tontos, dirán algunos…, “I’m still here” cantó ella y yo la descubrí hace mil años.



Todo lo mejor para Ustedes y a sonreír que si no vencen las dificultades, por lo menos confunde a los que quieren vernos vueltos papillas.



En éste 2015, que se inicia, a seguir soñando o comenzar a soñar…, pues doy fe que los sueños funcionan.



Y ya saben, “I’m still here” y lo demás es lo demás.