sábado, noviembre 12, 2005

UN POCO MÁS DE LAS CINCO Y TREINTA...

Un poco más de las cinco y treinta minutos de la tarde y a pesar que llueve desde unos días, el calor se hace pastoso, miles de ojos que van mirando sin mirar. Respiración, gesto que se torna común y se hace dificultosa, para terminar como un general jadeo triste de marcado cansancio.
Corre-corre de un lado a otro tratando en vano de ubicar un posible buen puesto, pero de nada sirve ya. Los abrigos, camisas, faldas, pantalones, vestidos, corbatas, chaquetas, libros, periódicos, bolsas, morrales se hacen calidoscopio alucinante de colores de rápido movimiento que te aplasta contra la paredes aturdiéndole y aturdiéndote para luego regalarnos esa sensación de nauseas.
“Entrar o no entrar” se convierte en un nuevo dilema shakesperiano, el sudor no tiene más remedio que demarcar contornos, los maquillajes se convierten en fantasmas, se chorrean haciéndose mueca perdida entre los surcos de los rostros, allí donde las arrugas se hacen más y más evidentes. La gente empuja, habla, se queja, ríe, hace mofa, hablan en todos los idiomas y dialectos terrestres para construir un murmullo sordo y fastidioso que nadie entiende y que la mayoría responde por responder...

“Je vais tard arriver…” “Tu sais celui qui s’est mariée…” “…ayer en la misión…”, “Sono speciale…”, “and when you arrived…”, “…debe estar en la oficina”, “…et celui-ci, vous le reconnaissez?”, "…habe ich mir überhaupt keine Gedanken gemacht...", "…te as trompé, est la première dérivée... “…visto ieri a Maria dentro…”,“Chaito, pues...”

Un par de ojos pestañean.

El calor crece, juega entre las manos, besa muñecas, besa cuellos, se mete entre los senos, se mezcla entre las piernas, corre a sus anchas por las espaldas, cae por los tobillos, todos son pisados por pies fantasmas e invisibles, las medias se rompen.

Se abren puertas, gente sale, gente entra para volver a comenzar la misma rutina una y otra vez. La misma escena con casi ninguna variante.

Unos labios recién afeitados se mueven.

En un algún momento comienza la afinación, sin oboe que marque la pauta o ¿sí?, de cada uno de los instrumentos, cada dedo va haciendo variaciones y escalas tomando como base la nota LA. Yo observo desde mi atril, con todo y violoncello, es sólo un ensayo, pienso, vibro mi cuerda “la” al aire, muevo mis clavijas, vuelvo a vibrar mis do, sol, re, la, rectifico la tensión de mi arco, un bailoteo sobre el mástil y dejando sonar una escala. Estoy afinado. Perfecto!!!

Mientras veo y arreglo mis partes, me concentro, una mano izquierda, sin estar en el programa que me dieron, comienza a interpretar, lentamente, como por inercia, el “Concerto pour la main gauche” de Maurice Ravel sin necesidad de ningún teclado.

...

Una mano derecha se sonroja, no sabe que hacer, emprende sudorosa huida, los ojos de la mano izquierda brillan y hasta ríen, consiguió el l.q.q.d. (lo que quería demostrar), intimidando a de la mano derecha que estaba tranquila tras su atril y sus pentagramas. Grave error. En pleno primer movimiento, cuando la izquierda domina la situación, de improviso, la de la derecha se decide por Tchaikovsky y emprende sin arco “El Concierto para violín en re mayor Op. 35”. La izquierda paró en seco y la derecha también. Derecha ríe... “Deja”, dice la derecha entornando nudillos y párpados.

Se hace silencio y todo vuelve a la normalidad, bueno, eso creí.

La discípula de Nicolás Paganini vuelve a parpadear lentamente y el discípulo de Sergej Rachmaninov le dice algo en el oído, la izquierda mueve todas y cada una de sus falanges, falangina y falangetas; Derecha sus metacarpos y sobretodo los carpos. Ambos se miran.
Luego de un tiempo y después de ambos perderse en las pupilas del otro, Derecha mueve sus dedos de forma genial dejando a Francescatti a Kreisler obsoletos y hasta Yehudi Menuhin perdería concentración, a mitad de camino, tratando de poner fin al "Concierto para violín y orquesta de cuerda en re menor, Op. 64" de Mendelssohn, Izquierda asume el reto haciendo intrincadas muestras de virtuosismo sobre el teclado, donde el pobre Chopin y Liszt sucumbirían.

Yo observo preguntándome ¿Qué hago yo metido en este des-concierto con partituras equivocadas?, me transformo en anatema viendo mis partes de Wagner, Tristán se quedó triste e Isolda, la pobre, no sabe que hacer y yo con ella. Observo a los espontáneos interpretes de la tarde más no sé qué hacer con mi enorme violoncello y su arco.

El calor se hace pastoso, miles de ojos que van mirando sin mirar, respiración, gesto que se torna común y se hace dificultosa para terminar en un general jadeo triste marcado cansancio.

...Espero los aplausos, o las pitas. No llegan y vuelvo en tiempo y espacio. Tengo que salir...

...Ya llegue a la Estación Central, mi destino, y por poco el tranvía me lleva a otra estación, para evitarlo salgo corriendo del vagón dejando mi violoncello, atril y partituras.

Derecha e Izquierda (que se bajaron en la misma estación que yo, pero se me perdieron en el bullicio y el tropel de la gente) posiblemente llegaran a concluir su concierto del día (creo que les vi levitar celestialmente sobre los peldaños de la escalera mecánica de la mano) en una Suite del algún lugar en esta ciudad, mientras yo estaré fumándome placidamente, y sin remordimientos a Wagner, tomándose un te frió, escuchando a Maria Callas y Nicolai Gedda, ella Carmen y él Don José, llenos por el polvo amarillo de alguna plaza perdida de mi amada España, a las tantas de la tarde entre abanicos, vino, claveles, rosas, mantones y sol calcinante. En aquella grabación del 64 en un Paris que ahora arde en desencuentros.

5 Comments:

Blogger Troka said...

Bravo!!

domingo, noviembre 13, 2005 2:07:00 p. m.  
Blogger protheus said...

IMe impresionas, y me estás tentando a dejarme de mariqueras y empezar a publicar en mi blog mi literatura. Me tientas de verdad, D... Y no se trata de competencia, sino de compartir. Mr. Spock empieza a removerse en mi interior, como Hulk lo hacía cuando Bruce banner se miraba en el espejo.
Yo también estoy sentado con el pasado, tomándome un vino francés, fresco, de Noviembre. ¿Sabes cuál?

martes, noviembre 15, 2005 3:45:00 p. m.  
Blogger protheus said...

Lo vuelvo a leer, y lo releo... Te felicito.

miércoles, noviembre 16, 2005 2:06:00 p. m.  
Blogger aprendiz de maga said...

mi querido
un cuento erudito, intelectual, para leerlo con la lluvia al fondo en la ventana, porque la música está en las letras.

jueves, noviembre 17, 2005 2:00:00 a. m.  
Blogger Edén del Vainero Psicosocial. said...

Excelente, con una narración ejemplar.
Al ritmo de las notas y las letras, bailan los recuerdos.
La nostalgia está ahí. Tiene sonidos y simbolos. El gran "Hechicero" ha bordado un paisajismo con ellas.
¡Bravo Hechicero", tu pluma sensible desplego sus alas para sacudirnos los sentidos con esta historia tan intimista, pero a la vez tan empática.
Besos.

lunes, noviembre 21, 2005 4:15:00 a. m.  

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