miércoles, diciembre 23, 2009

El grabado, el dibujo, el modelado de la arcilla, la escultura, el mosaico -ver lo que hicieron los antiguos, con ésta técnica, es quedarse sin habla-, el pastel -Degás y sus increíbles bailarinas-, el oleo...


Entre todas las técnicas artísticas, tengo mi preferida.


El fresco.


El fresco es una técnica trabajosa, difícil, complicada y no admite retoques. Una vez que el pigmento se ha aplicado es absorbido, por completo, por la base. Si se comente un error, no queda otra que romper todo y volver a comenzar. Cuando se conoce algo de esa técnica, se puede tener una idea de lo grande que fue el trabajo de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, como también de muchos antes y después de él. Pueden hacerse ciertas correcciones, pero con posterioridad, sólo cuando el fresco ya se ha secado. Generalmente se hace con la técnica del temple. El problema cuando se mezclan dos técnicas -fresco y temple- es que ésta última, el temple, al pasar el tiempo, se deteriora, se oxida y peor es el remedio que la enfermedad. Leonardo intentó hacerlo y su Ultima Cena se volvió garabato en pocos años. Leonardo era un genio, pero hasta el sol tiene manchas.


Siempre he pensado que la vida, nuestra vida, es una pintura al fresco. Cada día, cada instante, cada momento es una suave capa de yeso a la cual le vamos aplicando cal apagada y, cuando ésta última capa está húmeda, pintamos sobre ella. La vida en definitiva es un fresco que terminaremos sólo con nuestro último suspiro y que se perderá, generalmente, entre las hojas del inmenso libro de los tiempos.


Por ello, cada día, cada instante le doy gracias a la vida por permitirme descubrirme, conocerme, entenderme mientras descubro, conozco, entiendo a tanta gente que me da el maravilloso regalo de tenerlos en mi vida.


Hoy les doy las gracias por ser, por estar. Todo ustedes hacen que el fresco de mi vida se enriquezca día a día. Todos, desde aquellos que no me quieren -y hasta me odian- hasta aquellos que me regalan su sonrisa, sus miradas. Todos..., desde aquellas doñas coquetas que decidieron salir de mi vida sin dejar ni el recuerdo, de aquellas princesas de risa fácil y completamente teatral, mis maravillosas Ñas, mis gentiles Ños. Desde aquella flor que decidió morir dejando en el aire suspiro de perfume. Es saber de mis divinas “Señoras Mayores” están a un palmo de mí, perderme en la mirada impoluta de mi amada Emperatriz China y tener la presencia de mi Ave Migratoria.


Amigos, en la vida se tiene que ser agradecido. Gracias a los nuevos horizontes, gracias a los que siempre han estado, por los que están, por los que estarán…, gracia por permitirme estar en sus vidas.


Para los que no les ha llegado mi tarjeta navideña allí le va un personal mensaje:


“Los días llegan sin hacer mucho ruido. Llegan lentos, a veces rápidos, intensos, raros, largos, cortos, sublimes, a veces distintos y hasta difíciles. Los días llegan con todas sus hojas limpias, con un montón de sueños por realizar, con sus senderos por descubrir, con maravillosos horizontes por conquistar, con dulces melodías por disfrutas y músicas por danzar.

Los días llegan con maravillosas miradas que mirar, con sonrisas por sonreír y compartir. Los días llegan con todo un cargamento para ti. Descúbrelos, disfrútalos.

Qué todos tus días sean unos maravillosos días!

Siempre escribo lo de “Todo lo mejor para Ustedes”, hoy te lo vuelvo a desear desde lo más profundo de mis mejores deseos.

Levanto mi copa, brindo por ello, brindo por ti.”



Cerca de ti



A Ustedes…, por todo y por nada, por nada y por todo. Muchas gracias.