martes, septiembre 15, 2009

Las Flores, las calles, la música...

Las flores...


Tendría yo menos de cuatro años cuando la sala de casa de mi abuela “La Filósofa” se convirtió en selva tropical. Un escándalo verde, naranja, azul, marrón inundó mis sentidos. El pretendiente, de la hija menor de Don Luis Alberto, enviaba un ramo de flores…, no un ramo cualquiera…, era EL ramo de flores.


El ramo no paso desapercibido por las chismosas de la cuadra y el rumor corrió como una ola por toda la urbanización…, eran el tiempo del radio bemba, a años luz de los celulares, internet y esas cosas tecnológicas.


Volvamos pues si no me pierdo. Decía que mis ojos bostezaron al ver semejante engendro en el medio de la sala. Era un algo de locos, más impresionante que los ojos de Boris Karloff o la voz de Laura Bacall, que ya es un decir. Allí estaba frente a mí los grandes 36 tallos de Aves del Paraíso (Strelitzia reginae), inmensas e innumerables hojas verdes como follaje y conchas -cortezas para los del cono sur- de coco en su base. Formando todo, en su conjunto, un impresionante abanico casi sevillano. En el medio de esa selva tropical una minúscula tarjeta con la nota, escrita a mano, con un “Me aceptas?” y firmándola una solitaria "C".


Después llegó Chucho Avellanet, una semana después, con sus “Mil violines” a puntualizar, si es que ello era posible, el amor de "C" a "M".


Y hubo boda…, y yo durmiéndome, esa interminable noche, buscando, entre un eterno bosque de piernas danzantes, las piernas de mi madre.


Las calles.


Madrid se viste de luz ésta madrugada del martes 15 de septiembre de 2009. El viento frío recorre la Gran Vía mientras yo la camino en completa soledad. Un río constante de taxis blancos va de un lado a otro. Algunos peatones entre sus aceras. Veo señoras, de cierta edad, que se esconden tras los cartones que H&M dejó en una esquina. Más allá África, vestida de ganchillo barato, hace la “puta calle”. Señores me invitan a ver “lindas chicas” mientras me regalan un trago con un pase de cortesía. "Adios Madrid...", canta Elisa en mi memoria. Verdad Kariño?


Desde la ventana de mi hotel, veo llegar al SAMUR para llevarse a un pobre borracho rumano. Otras Áfricas, en minifalda y desafiando la noche, hacen otra versión de “La puta calle”. Un guardia jurado, al otro lado de la avenida, abre la puerta y deja entrar a un hombre furtivamente…, nos minutos después le veo salir cerrándose la cremallera del pantalón y marcharse tan furtivamente como entró. Al mismo tiempo, divinos husos horarios, llamo a una amiga para ver cómo le soluciono un problemita con su boda


La música.


Volvamos a unas tres horas antes…, salí del cine. Entré a comprarme un “agua mineral natural gasocarbónica” -rica em minerais gás 100% natural- y antes de irme al hotel me fui a caminar, a ver vidrieras de tiendas cerradas, maravillarme más -si eso es posible- con las cúpulas toda rococosas de la Gran Vía madrileña, haciéndome mi propio video musical mientras escuchaba su música. Me siento un derviche mental perdiéndome entre sus fugas, sus cornos, sus cuerdas..., mientras Madrid duerme o pretende dormir.


Flores…, las flores tiene, para mí, un significado de vida. No suelo relacionar flores con cementerio o funerales. Generalmente las tumbas frías se llenan de ellas cada vez que se cumple un año más de las partidas. Las flores son vida y en la vida se regala sonrisa. Aunque a veces esa sonrisa, vestida de flores, se riegue con las mejores de nuestras lágrimas. Y me pregunto: será que llenamos de flores y homenajes tardíos lo que fuimos incapaces de dar en la vida a los que decimos querer?


Calles…, miles de pasos por caminar y caminados. Millones de latidos tras esos pasos. Latidos que como ritmo primigenio nos marca la pauta de una música eterna. Con sus garitos, con sus esquinas, con sus faroles, con sus alcantarillas, con sus burdeles, con sus canciones de risa y llanto. Con sus pianos desafinados, con su humo, con sus aceras lavadas con el vano deseo de llevarse las soledades, con su halito de alcohol barato o muy caro. Lentejuelas sin brillo y mirada triste de puta vieja. Calles que traen, calles que llevan.


Música…, se pueden imaginar la vida sin música?


Hoy hace 2 años que Aldemaro tuvo el mal gusto de dejarnos. Me imagino que algunos lo recordaran de tantas formas como amantes de la música existen. Algunos llorarán, algunos suspiraran tomando un whisquisito, fumándose un cigarrillo, mirando lejos tal vez, otros guardaran silencio, otros tomando agua mineral natural gasocarbónica…


Aldemaro…, qué vaina contigo!!!





Todo lo mejor para Ustedes.



NOTA: La música de Aldemaro tiene un no-sé-qué que se crece al ser interpretada en vivo y directo. Parece que la energía de su música irradia a los músicos