martes, julio 18, 2006



Ella, Leda…, la inexistente.

Complicada


La conocimos en los pasillos de la universidad…, bueno, en el cafetín de la universidad, en nuestro particular "who is who". Allí estaba ella, bellisísima, inteligentísima y todos los superlativos posibles a sus escasos 20 años. La conocimos en su momento más cómico, estaba haciendo la cola, para comprar su batido de fresas de las 10 de la mañana, y frente a ella, nada más y nada menos, Silvia Martínez, la misma que fue Miss Venezuela 1985. Una cosa es que sepas, que la tal Silvia Martínez tiene unos 185 cm. de estatura sin tacones y otra, tenerla en vivo y directo, frente a ti, cuando a penas llegas rayando a unos 171 cm., con tacones y un copete ochentoso. El efecto fue digno de verse.

Se nos acercó a la mesa y dijo con todo el desparpajo posible: “Viste esa vaina?” Así era ella, cualquier cosa, menos discreta.

Nos hicimos amigos, era inevitable, íbamos al cine, al teatro, a los conciertos, a los museos. Discutíamos de lo humano y lo divino hasta que apareció Él. Él incapaz de tocar el suelo de tan etéreo…, no nos adelantemos y volvamos al principio de los tiempos.


La conocí en la universidad. Ella estudiaba con mi amada "Emperatriz China" y todo el mundo se preguntaba cómo tenía tanto tiempo para hacer tantas cosas a la vez. Cursaba el 2do año de derecho, iba al conservatorio, con su viola da gamba a cuesta, además de componer alguna que otra sonata, bailaba, tomaba clases con las mismísimas hermanas Urdanetas -creadoras de Danzahoy- y pertenecía al grupo de acólitos de Virginia Ponte en el teatro. Y de paso, era buena estudiante. Más de una vez pensamos que tenía una hermana gemela, nuestra oveja Dolly venezolana mucho antes de la Dolly existiera.

Pero no..., ella era original e irrepetible.

Se me olvidaba, también subía el Ávila todos los fines de semana, no bebía ni se drogaba ni fumaba. Es decir toda una hada perdida en este mundo de Dios.

Todo eso se volvió parabrisa roto al llegar Él. Sucedió en una fiesta, una romería, un engendro que en la universidad se hacia entre los últimos días de noviembre o los primeros días de diciembre. Un rally absurdo que recorría media ciudad con su listado de preguntas también completamente absurdas. Allí estaba Él, largote y arrastrando los pies, en su pose de John Wayne. Ella no se percató de su presencia hasta que fue demasiado tarde.

Por raro azar del destino, se lo encontraba por todos los lugares menos indicados. Por los pasillos, en la cafetería, en un viaje a Mérida, en el Ávila y hasta en el Aula Magna de la UCV, que por extraño que parezca, Él salía de un recital de Rostopovich. La mecánica celeste no le daba chance alguno y se jugo todas sus cartas, que aunque marcadas, mas ella perdió hasta el cepillo de dientes.

Un 28 de abril su vida se volvió cuadrito, voló por los aires. Era patético verla desde entonces. De la noche a la mañana le cambiamos su nombre y la transformamos en “La 3 en 1”, nombre prestado de un aceite multiuso muy de moda por los años 60 en Venezuela. Dicho aceite se usaba desde para lubricar una maquina de cocer hasta sacar el óxido de los candados. Pero en su caso, ese nombre, tenía otra connotación. La llamábamos así, por tres damas de diferente origen, pero con el mismo fin. Ana Bolena (1507 - 1536, esposa de Enrique VIII) y María Estuardo (1542 - 1587), María Antonieta (1755 - 1793). Además de ser las tres reinas, como nuestra amiga, también eran compositoras, todas ellas habían perdido, por diferentes razones, la cabeza. Ana Bolena y María Estuardo con un hacha, María Antonieta en la guillotina y la nuestra por Él.

Ver a “La 3 en 1” con su bolso en la mano derecha y en la mano izquierda su cabeza, arrastrándola por los cabellos, a todo sitio, era doloroso, patético. Llegaba al cafetín, y sin piedad te colocaba la cabeza sobre la mesa, y uno hacia esfuerzos sobre humanos para seguirle la charla. Uno dudaba entre verla allí sentada o verle su cabeza entre los platos, las servilletas y los ceniceros. Eso sin nombrar el poco estético reguero de sangre que dejada tras de sí.

Todos nos dimos cuenta, desde el principio, que Él era su perdición. Dejo la música, SU música, pues a Él le molestaba su música ladilla. El teatro paso a mejor vida…, "llevar una vida de bohemios no era algo digno para una dama como ella", según Él. Dejo nuestro grupo, poco a poco. Ya no nos veíamos en el Teatro Nacional, ni en la cinemateca, ni en los museos. Pocas veces, se dejaba ver, en el Ateneo. Ella siempre con su cabeza por los suelos y nosotros viendo tan terrible espectáculo.


Y así hasta el infinito.


Tuvo problemas con su familia y, cuando menos lo esperamos, se fue a vivir con Él. El hombre de sus sueños -y de todas sus pesadillas, pensábamos nosotros-.

Un día, cuando vimos que las nubes del horizonte anunciaban un rosario de huracanes y cualquier tipo de calamidades bíblicas, no aguantamos, decidimos hablar con ella. Ponerle las cosas en claro, en su sitio. No era nada fácil hablarle mal de su "Amadís de Gaula", el hacerle ver que su caballero no llegaba ni a espolique, ni a las polvorientas alpargatas o los callos, en los talones y en las manos, de Sancho Panza. Le hicimos ver que el cariño que le daba su maravilloso maravilloso no llegaba a ladrillito de lodo secado al sol. Es más, no era ni un adoquín barato.

Ella nos escuchó atentamente y nos justificó que nada de ladrillo, ya ella estaba terminando, de puro cariño, la Alhambra con jardín y las fuentes.

“Pero amiga, reacciona, abre los ojos…”

Y ella nos hizo, seguidamente, una guía turística terriblemente documentada -así era ella- por las Jardines colgantes de Babilonia recién inaugurados y un inusitado viaje al propio MachuPichu con todo y neblina.

“Ese tipo no te llega ni a los…”
Y eso que no les he contado, seguía ella, lo bonito que me ha quedado los nuevos colores de las pirámides, que hasta La Esfinge le coloqué una nariz nuevecita que ni Michael Jackson.

No acepto ni que la lleváramos a un oftalmólogo o la psiquiatra -que generalmente era lo más indicado en estos casos-, nada de nada. Todo nuestro trabajo fue en vano.

Nunca más he visto a mi “Emperatriz China” tan furiosa por la estupidez, vulgar y supina, de nuestra mutua amiga. Bizca de tanta indignación estaba mi “Emperatriz China” tomándose su té haciendo sus profecías. Y todos nuestros vaticinios se quedaron cortos. Nuestro rol de “Profetas del desastre” no encontró oídos ni algún sano juicio. Nuestra frustración era apocalíptica.

Con la pequeña fortuna, que le había dejado su padre, se compraron un apartamento y todos los enseres. Todo entre los dos, la verdad sea dicha.

Igor, "El guerrero incrédulo", casi se muere al ir a buscarla a su “nidito de amor”, para una práctica a los tribunales, y ver parte de los pentagramas de “La 3 en 1” que formaba un extraño mosaico en las paredes, la viola da gamba llenita de polvo y el atril cubierto de olvido. Su caso ya no tenía retorno, esa era la verdad y teníamos que aceptarlo. Nadie puede meterse en una pareja, ese es un problema de dos. Craso error de nuestra parte.

A nuestra “La 3 en 1” cada vez le iba peor en todas sus cosas, hasta su cabello perdió brillo y no volvió a la danza. Un día, cuando tratábamos estudiar, ella se pasó horas haciendo cálculos, ojos en blanco, volver a contar, escribir, meditar y volver a calcular, sacar cuentas, cómo quién no quiere la cosa, sobre las hojas de un almanaque. Descubrimos que tenía 2 meses sin su visita mensual. Y ella, era un reloj atómico en esas cosas.

Dejamos todo sobre la mesa, la agarramos por un brazo, ella con la izquierda portando su cabeza, y nos fuimos, la arrastramos, a una clínica para que se realizara los exámenes. Y Dios es Cristo, salieron negativos. No habíamos llegado al estacionamiento cuando toda la carga de dos meses corrió entre sus piernas. Y ella con pantalones claros para más INRI.

Cóctel perfecto: Problemas con su madre y toda su familia, era inevitable; problemas en la universidad, era de esperarse; problemas con Él, no era nada extraño. Resultado. Un atraso con todas sus letras.

Él, de repente, se cambió de Universidad…, a la UCV, pues el enfoque social era mejor que esa universidad de vitrina y lujo. Comenzó a vestir de otra forma…, ya sabes, los trajes a la medida son mal vistos entre los pasillos de la facultad.

Un buen día se lo dijo: “Sabes algo…, nuestra relación sexual…, se podría definir como que yo me masturbo y tú me ayudas”…, ella estaba lo suficientemente sorda, ciega y muda como para entenderle.

De repente le cambiamos el nombre, lo de “La 3 en 1” sonaba muy mal -a veces somos lentos en nuestras maldades-, además, debíamos respeto a aquellas graciosas damas que, con muchísimo mayor dignidad -pensamos- habían perdido sus respectivas cabezas, y nuestra “La 3 en 1” la rebautizamos como “La Lany Hall”…, por aquella canción de moda, años antes, “Estaré enamorada”. Todo tiene su por qué en la vida.




Un día, siempre llegan, ella con su cabeza sobre la mesa del comedor, mientras su cuerpo limpiaba su casa y regaba las plantas del balcón. De repente, la cabeza, la de ella, miró algo. Una manchita rara entre la tapicería de los muebles, allí justo en “El sillón de Paulina Bonaparte” como le llamó mi “Amada Emperatriz China” al verlo por primera vez. Un algo parecido a una salsa Bechamel seca. “Qué extraño?” -pensó-, todo era tan, pero tan obvio, que ella no prestó atención. O no quería hacerlo.

Una tarde, lunes para ser exactos, tiempo después, les encontramos casualmente, e insólito por demás, en el cine de la Torre Previsora. Fuímos a ver, un ruidoso grupo de locos, “Le Maîte de Musique”, ese bocado de Gérard Corbiau y nos quedamos sin aliento a ver que ella, con su cabeza en la mano derecha, por supuesto, y enlazada a su macho con la mano izquierda, aparecían entrando a la sala de proyección.

Se sentaron a nuestro lado, era de esperarse, la oscuridad no hizo evidente la cara de Picasso, una versión completamente libérrima de unos de los retratos de Dora Maar, que tenía Cristina, mi araña portuguesa, -que aun hoy me sigue tejiendo una bufanda, desde 1989, todo un record de duración- ni las caras de todos nosotros.

Pues, durante toda la película Él, él más dulce y sabio del planeta, le dio por preguntarle, a nuestra “La Lany Hall”, por cada una de las arias interpretadas en la película. Y ella, entre algodones, pues su hombre por fin se interesaba en su mundo, le respondía con cara de cordero degollado. Degollada en este caso. Menos mal que el cine estaba casi vacío -por la hora- si no se hubiera formado la de no da más.

Al llegar a la cavantina “Sempre Libera"-irónico título-, “La Lany Hall” le comentó a Él que ella tenía esa ópera en la casa. Una exquisita producción dirigida por Georges Prêtre con Montserrat Caballé, Carlo Bergonzi y Sherrill Milnes del año 1967 por la RCA italiana. Luego, cuando pasó lo que pasó, nos enteramos que esa noche Él escuchó “La Traviata” completita por primera vez en su vida. Ya la música ladilla, no era tan ladilla y nuestra “La Lany Hall” escuchó los sonidos de un nuevo amanecer. “Se equivocó la paloma, se equivocaba…”, verdad Alberti.

Resulta, y aunque se lea patético, que el día después Él iba con "otra" a ver la misma película en plan de galante, seductor y erudito melómano.


“Sabes..., conocí a alguien, muy interesante, en la universidad y...” Sonó como las trompetas de Jericó justo una mañana de febrero, justo en el desayuno. Ella, súbitamente, se colocó, al fin, su cabeza sobre sus hombros, luego de 4 años y vio clarito. Le hizo el amor allí mismo, entre el pan, las mermeladas y la mantequilla, cuando tuvo su orgasmo, no le importó, por primera vez, si Él lo disfrutó o no. Ella se levantó, se dio una ducha larga y se fue, estrenando sonrisa mientras Él no entendía tanto furor y taquicardia vaginal. Sencillamente se fue.



video



Llegó a mi casa, luego de perderse por dos largos días, y sin decir nada, se instaló guardando un largo silencio, para después relatarnos el día a día, la tarde a tarde, la noche a noche, las semanas, los meses, los años con todas sus horas. De repente, frente a ella vio que no tenía entre sus manos un ladrillito de lodo secado al sol, no había ningún palacio renacentista y sus jardines, ni siquiera un ranchito de lata y cartón.

Y nos volvimos piña, se convocó de urgencia a un plan de emergencia. Se llenó mi casa, esa semana, de todos los amigos-amigos. Terapia intensiva de sus mocos y rimel corridos. Él la citó, un mes después, para memoria y cuenta de lo que nunca fue, reparto de gananciales, cuentas por pagar, esto es tuyo, estoy es mío, egresos, ingresos, pasivos, activos de una cuenta inexistente y todo lo demás. Ella divina, heroína de cualquier telenovela de horario nocturno, le dejó todo. Todo todo. Toítico pues!

“Pero…”, dijo Él con cara de incrédulo.

"Amigo", respondió ella, "la mesa, las sillas, el colador…, todo lo compramos para los dos, qué quieres que haga. Tomar un serrucho y los corte por la mitad. De igual forma tengo que hacerlo con la nevera, con los cuadros, con todos y cada uno de los etcéteras. Tranquilo…, tómatelo con soda, es mi regalo para tu matrimonio. Mañana habla con mis abogados, por lo menos no pasamos por el bochorno de un divorcio, yo no tengo cabeza, me da flojera tanta cuenta, no te preocupes y qué seas feliz".

El grifo lagrimal se cerró por completo y en el acto. Se puso de un dura que ni un diamante. Respiró profundísimo. Terminó su maltrecha carrera universitaria, remendó su vida como pudo, su madre la recibió, como toda madre sólo puede hacerlo. No había tiempo para reproches y malas caras. Recoger los harapos y renacer era la consigna. Le sobraron los hombros y las sonrisas para abonar su vida.

Pasaron los años, se graduó ante la mirada estupefacta de media ciudad, y luego de algunos años en Londres, volvió. Estrenando sonrisa y luz en sus ojos.

Nos citamos, nuestro añejo grupo de La Católica, -algunos calvos, barrigones, con tintes nuevos, algunas tetas de diseño, divorciados algunos y otros vueltos a casar-, en el Teatro Teresa Carreño, gala de inauguración de un Festival de Teatro. Y allí, de repente, Ella le volvió a ver, le vio subiendo las escaleras, debajo de todos los tubitos de Soto, rodeado de un enjambre de largas corbatas y trajes de firma, que Él antes detestaba, y ahora era parte de su vida.

Él no la vio, había mucha gente y, además, estaba muy ocupado en su propia y lejana dimensión. Siempre fue así y Ella ya lo sabía. Le costó saberlo.

“Qué cosa, no? Y Él que odiaba tanto el teatro…”, fue su único comentario.

El mundo es una serpiente que se muerde la cola, sólo se tiene que esperar el momento justo. La fábrica del padre de Él se iba a pique, y Él fue a solicitarle ayuda. Ella disfrutó un mundo haciéndole hacer antesala -su pequeña venganza-, supo, después, que se había divorciado y que tenía un par de niños como soles. “Me odias”, le preguntó Él con lagrimones como galerones. “Tengo otras cosas más importantes que hacer y aprender” le respondió Ella mirándole directamente y estrenando un enorme vacío por dentro. Peor aún, sintiendo un nada tremendo, absolutamente nada.

Aunque la batalla fue ardua, ganó el juicio. La empresa no se perdió y no le cobró sus honorarios, ni siquiera una estampilla o un simple sellito, ante la cara incrédula de Él y de todos. Fue su regalo, su íntimo regalo para Ella misma. La vida no le debía nada y se sintió por fin completamente libre.

La vida sigue, Ella ya no mira atrás ni se lame las heridas o las cicatrices. Se casó con su Inglés pelo de zanahoria, que vino de rodillas, a pedirle matrimonio y estrenó barrigota caminando a la orilla del Támesis.

Sólo a veces se pierde entre las nubes del atardecer, con una copa de vino tintísimo, y le pregunto: “Cómo te sientes”, ella me ve y me responde con una sonrisota: “Divinamente amigo…, divinamente”.
Para aquellos que formábamos ese partícular grupo, en aquellos jardines. Los recuerdo.
Todo lo mejor para Ustedes.


PS: Cecilia. Podría escribir mucho sobre Ella. Su voz me persigue desde 1975 cuando le escuché, "Amor de medianoche", en el festival de la OTI. La volví a ver, en el programa “De Fiesta con Venevisión”, los últimos días de un julio de 1976. Para luego saber, una semana después, que moría en un absurdo accidente. Su disco fue lo primero que compré, al pisar por primera vez España, en la mágica Barcelona. Creo que le debo un post a sus 30 años de mi mundo sin ella.

miércoles, julio 12, 2006


Varsovia 04-05-06 de julio 2006 072


Warsaw, Varsovia…, volví a Varsovia, tan sólo fue un viaje relámpago. Dos días para volver caminar por sus calles, perderme entre su historia, perderme entre mis pensamientos, perderme entre mi historia y dejar humedecer mi mirada en un recodo de la “Tumba del Soldado Desconocido” en la plaza Pitsudskiego.


Tomé mi vuelo el 4 de julio y volví el 6 de julio. Como verán fue muy corto, pero no menos nutritivo, en todo el sentido de la palabra. Warsaw es una ciudad que merece la pena ver, degustarla con tino y descubrirla sin llevar una idea preconcebida. Cosa difícil por los últimos 100 años de su historia.


Ella es una ciudad excepcional, -bueno toda ciudad lo es, en ello no soy nada original-, mas sin embargo, Warsaw tiene un encanto particular para mí, pues a parte de Londres, la descubrí solo. La caminé solo y ella se mostró coqueta. Llena de misterio.


Mi idea fue en ir de vulgar "shopping", pero Chopin me esperaba con otro plan para mí y eso se lo agradezco. Una vez más confirmo aquello de: “Uno propone y los Dioses, para felicidad de nosotros, disponen”.


Existen tantas Warsaw como tantas personas encuentras en su calles, en sus rincones, en sus parques, en sus museos, en sus palacios, en sus siglos. Desde su “Casco Viejo”, completamente reconstruido y ahora Patrimonio Mundial por la UNESCO, ella nos muestra sus tesoros orgullosa y sin recato.


Caminar por Krakowskie Przedmiescie, llegar a Nowy Swiat y terminar en la avenida Ujazdowskie -Dios, por qué nos complicaste la vida con tantos idiomas impronunciables-, para luego maravillarme con todos los cables, luces, micrófonos y claqueta para tomar una escena de sólo 5 minutos.

Cine en Varsovia

En un recodo de algún parque, veo a una doña caminando con toda una vida a cuesta y me pregunto, y recuerdo:

Varsovia 04-05-06 de julio 2006 080

Varsovia, antes de la segunda guerra mundial, fue la segunda ciudad en Europa y cuarta en el mundo (tras New York, Moscú y Chicago) en población de judíos, vivían allí, aproximadamente, 350.000. Lo que constituía casi un 29 por ciento de la población de la ciudad.


El 15 de noviembre de 1940 en el territorio de superficie de 307 hectáreas, se encerró unos 450.000 de personas de Varsovia y sus alrededores. Se fundó un ghetto separado por un muro de 3 metros de altura del resto de la ciudad.

Varsovia 04-05-06 de julio 2006 089

El 1 de agosto de 1944 comenzó lo que se llamó la Insurrección de Varsovia. Insurrección duró 63 días. Después de su derrota, Varsovia fue condenada al exterminio, se destruyó el 84 por ciento de la ciudad. Equipos especializados incendiaron casa tras casa, calle tras calle, y especialmente edificios de mucho valor como el Castillo Real que hicieron saltar. De Varsovia no tenía que quedar piedra sobre piedra.


Y allí la veo ahora, linda, peinada de una calida brisa y la vida continúa.

Varsovia 04-05-06 de julio 2006 049

Ha sido un placer, otra vez, visitar la capital de la patria de Copernico, Chopin, la Skłodowska -La Curie-,
Sienkiewicz, y del dúo dinámico Walesa Wojtyla Inevitable.


Regresé y mi “Americana Doméstica” cumplía años. Se me ocurrió regalarle unas flores y con ellas hice una versión silmariatnística y completamente libérrima de un ikebana.

Ikebana

Luego, el fin de semana a Ámsterdam…, qué se puede escribir, comentar o describir de Ámsterdam.

Amsterdam,  sus canales y bicicletas

Personalmente cada vez que voy a Ámsterdam me molesto. Una ciudad con 173 nacionalidades, con 600.000 bicicletas, 220.000 árboles y sus 28 parques. Una ciudad con 6800 edificios construidos entre los siglos 16, 17 y 18, sus 51 museos, sus 2500 casa botes, sus 165 canales…, entre otras tantas cosas. Todo sacado de la nada, en su lucha constante contra la costa y la lucha de su pueblo.

Por qué me molesto, pues pienso en nuestros países y particularmente en el mío con tantas cosas, tantos dones y ya Ustedes saben. Viendo lo visto, lo de “Si la naturaleza se opone…” parece un chiste.

Amsterdam su puerto

Qué me impresionó ésta vez de Ámsterdam…, pues a unas cinco señoras, con cualquier cantidad de años, milenarias ellas, tomándose una bebida refrescante a eso de las once de la noche, en un boulevard, maravilladas y divertidísimas, viendo una inmensa pantalla, frente a ellas. Una película porno en plena calle, de esas XXX y medio, y ellas de lo más frescas charlando y comentando como si tal cosa. Como si tuvieran viendo la telenovela de turno, pues. Con un pequeño detalle, casi una tontería, al lado de ellas, cualquier cantidad de jóvenes, que también veían la película, y celebraban el triunfo de Italia en el mundial y admirando, como ellas, la peliculita de porno GAY. Yo con mis ojos poliformes, se me salió el pueblo, y ellas como si nada. Fin de mundo!!!


Hoy la huelga de Iberia se terminó…, esperaremos por la otra, que sin duda vendrá y dentro de poco.


Todo lo mejor para Ustedes.



Quack en Varsovia
PS: Adivinen quién nos acompaño, todo el tiempo.